lunes, 29 de febrero de 2016

Arranca el Drake

Mar de Brandsfield, Antártida, 29 de Enero de 2016

Anoche, mientras nos duchábamos y charlábamos con los colegas antárticos, el barco fue navegando hasta Bahía Sur, para fondear frente a la base Juan Carlos I. A primera hora del día hemos desembarcado el material del campamento Byers y embarcado a los dos científicos que quedaban en la base (uno de ellos nuestra antogua colega Cayetana). Y a mediodía hemos iniciado el viaje de regreso a España. De momento, el día de hoy ha sido el de disfrutar del mar de Brandsfield. Los glaciares de las isla Livingston, Greenwich, Nelson y Rey Jorge nos han ido despidiendo. El día soleado nos ha permitido pasar horas en la cubierta del barco, escondidos en rincones protegidos del viento, donde hemos contemplado los paisajes, sacado cientos de fotografías, y charlado con la enorme población del barco. Aventuras, anécdotas y demás conversaciones nos han permitido pasar el rato, olvidar por unas horas la ciencia que nos ha traído a este lugar, y disfrutar un poco del privilegio de trabajar en la Antártida. Así que como unos turistas cualquiera nos hemos hecho más que disfrutar de los espectaculares paisajes de naturaleza en estado puro.

Al final del día el buque a cambiado su derrota para poner rumbo hacia Ushuaia, a unos 1000 kilómetros de distancia. El comandante del buque nos ha reunido a todos para darnos la bienvenida a bordo (una vez más), hablarnos de las condiciones de seguridad y para comunicarnos que iniciábamos el cruce del llamado paso del Drake en el Mar de Hoces (en honor del navegante español que lo descubrió), que sería movidito desde mediodía del día siguiente y durante todo su noche. Así que con esta previsión, nos vamos mentalizando (y algunos tomando todo tipo de pastillas y medicamentos contra el mareo) de lo que nos espera. Son sólo tres días, pero tendremos que pagar nuestro privilegio de trabajar en la Antártida.

M.A. de Pablo

Dia cero, después de la Antártida

Alcalá de Henares, España, 29 de febrero de 2016

Llegué al aeropuerto de Madrid el viernes por la tarde en un viaje largo en avión y a la vez un tanto accidentado. Avisaron por megafonía varias veces preguntanto si había un médico abordo. Uno de los pasajeros se puso fatal al poco de cruzar la Cordillera de los Andes y yo ya me veía anterrizando de emergencia en algún sitio de Brasil. Al final, efectivamente había un médico en el avión y llegamos en hora.  
 
Hoy ha sido mi primer día de vuelta al trabajo. ¡Qué contraste!. Pero estoy contento. La Antártida ha sido toda una experiencia que espero poder repetirla algún día, pero también agradezco estar de vuelta en casa, con mi familia; y por qué no, de vuelta al trabajo. Junto con todo lo que tengo que contar, tengo todo un cuatrimestre que preparar, un proyecto espacial que terminar y poner en práctica muchas ideas que se me han ocurrido durante el viaje.

Durante el viaje de vuelta y el fin de semana, Tetyana, la médico de la BAE Juan Carlos I, me ha estado poniendo al día de la estancia de Miguel Ángel en Byers. En Byers no hay base alguna. Es una península muy protegida en Livingston en la que se monta un campamento temporal, tipo iglú. El único método de comunicación es por medio de walkies. Parece que se han encontrado poca nieve y que eso ha facilitado su trabajo. Me han dicho que hoy embarcan en el Hespérides, que les llevará a Ushuaia, en Argentina y de allí ya volará a Buenos Aire y Madrid.

Así que estad atentos. Espero  que podamos tener una entrada de Miguel Ángel en breve contándonos su experiencia en Byers. Yo ya me despido aquí. Muchas gracias a todos los que nos habéis seguido y a todas las personas que he conocido en este viaje, por hacerlo más fácil y por ese buen "espíritu antártico". Y a Miguel Ángel, como no. Muchas gracias, simplemente por todo. ¡Ánimo!. Esperamos tus noticias. Que tengas un buen viaje de vuelta, que aquí te esperamos.

M. Prieto

domingo, 28 de febrero de 2016

"Cierre" del campamento Byers.

Isla Livingston, Antártida, 28 de Febrero de 2016.

Hoy hemos acabado en Byers y la campaña. Esto implica el cierre del campamento. Bueno, en realidad no lo hemos cerrado en sentido estricto. Debido a que este año la población de Byers era mucho mayor de lo normal, sólo hemos abandonado el campamento. El buque chileno debería hacer sacado ayer al equipo de chilenos y chinos de aquí. Pero por lo visto, un problema grave de salud del piloto del helicóptero, más la niebla que ayer se cirnió sobre la península, no han hecho posible esa extracción. Y no pinta bien el asunto, porque la fecha más próxima que les dan de salida es el día 1 de Marzo.

Anoche nos confirmaron por radio que le buque Hespérides nos mandaría las embarcaciones para salir de Byers esta noche a las 8 en punto. Así que hemos dedicado el día a desmontar las tiendas de campaña, recoger el menaje, retirar comida,... aunque hemos dejado bastante comida a los colegas chilenos y chinos, porque ellos están comiendo comuda liofilizada, que es poco apetecible (aunque cumpla su función de alimentar). A las 18h ya estaba el campamento prácticamente desmantelado (para dejarlo impoluto yu que lo pudieran seguir usando los chilenos y chinos), y con la carga perfectamente preparada en la playa lista para ser embarcada.

Y el Hespérides estuvo a su hora en punto listo para la maniobra. Venía de la isla Decepción, de cerrar la base y recoger a todo el personal científico y militar y toda su carga. A las 8 menos unos minutos ya estaban dos embarcaciones varadas en la playa. Rápidamente preparamos una cadena humana para mover las cajas de material y toneletes de carga desde la playa hasta las embarcaciones. Pero no había sitio para personal, así que las embarcaciones regresaron al buque mientras nosotros nos enfundábamos los teletubies. Nos dio tiempo hasta para sentarnos en la playa a disfrutar del último atardecer por estas tierras tan especiales de la península Byers. Y también para darnos cuenta de que el viento estaba arreciando y que tendríamos un viaje movidito hasta el buque. Y no fue para menos. Con olas de casi dos metros no quedó más remedio que acabar un poco mojados. Bueno, la cara, que dentro del teletubie no entra agua. Meos mal que la embarcación estaba manejada por Santiago Muradas, un cabo histórico en las campañas Antárticas españolas. Primero a bordo del BIO Las Palmas, y ahora en el BIO Hespérides, ha ido el responsable de barquearnos hasta playas y costas de todo tipo en la Antártida. Año tras año hemos puesto nuestra seguridad en sus manos, y nunca hemos podido quejarnos de su profesionaliddad, previsión y buen manejo. Una persona peculiar, pero amable y afable que además este año ha cumplido el hito de haber cruzado ya 100 veces el famoso Drake. No creo que haya ningún otro marino del mundo que haya alcanzado esta cifra. Así que con semejante figura a la caña de la embarcación, el peligroso viaje se torna en un viaje más donde las olas y el agua que nos salpica no es más que motivo de risas y bromas, pues sabemos que en sus manos estamos a salvo.

Y fina Byers. A eso de las 9 ya estamos todo embarcados y secos. En la cubierta nos recibe nuestro amigo Cristobo, biólogo entrañable, amigo antártico, y director de la sede de Gijón del Instituto Español de Oceanografía. Con él compartimos campaña en Byers en el año 2009, y desde entonces es un placer compartir algunos ratiros y conversaciones por estas latitudes. Tras los saludos, y desenfundarnos los teletubies, bajamos a cenar pues nos están guardando un poco de cena a pesar de que el horario de cenas del buque hace ya tiempo que acabó. Luego nos repartimos por los distintos camarotes. Como el buque está haciendo su última subida a Suramérica puesto que ya acaba la campaña antártica, el barco está lleno de gente y nos toca dormir en el suelo con una esterilla y un saco de dormir. Son las incomodidades que aceptamos dado lo complicado que esto de la logística antártica. Mientras nos vamos acomodando descubrimos a los colegas científicos de los distintos proyectos que habíamos dejado en la base Gabriel de Castilla hace ya algunas semanas, así como a los miembros de la dotación que nos han estado facilitando el trabajo. Todos ellos mandan saludos a Manuel e intercambiamos anécdotas y preguntas sobre cómo han ido las últimas semanas. Es una sensación fantástica encontrarse de nuevo con todos ellos. Ahora que la campaña ya toca a sun fin y que todo parece haber salido bien o muy bien, es el momento de las risas, las bromas, las anécdotas,... Aunque cansados, con el trabajo acabado el ambiente que reina en el buque es fantástico.

Pero no podemos irnos a dormir sin una merecida ducha para recuperar la piel original, y desprendernos de la capa de mugre que ya empezaba a cubrirnos. Y es que aunque en Byers uno no se da cuenta, al calor del barco, la ropa empieza a oler un poco mal, así que nos damos la merecida ducha de agua caliente, nos ponemos ropa limpia y calzado cómodo (y no esas botas que nos estaban llenando de ampollas y magulladuras los pies) y a dormir!!!

M.A. de Pablo

sábado, 27 de febrero de 2016

Rematando las tareas

Isla Livingston, Antártida, 27 de Febrero de 2016

Hoy ha sido el día de rematar tareas. En principio mañana vienen a sacarnos de aquí, pero como los planes pueden cambiar, no queremos apurar demasiado. Así que esta mañana vamos a hacer las tareas de campo que nos quedan pendientes y esta tarde y mañana ayudaremos a recoger el campamento.
Así que hoy lo hemos dedicado a instalar la tarjeta de memoria en la cámara fotográfica, reinstalar el prototipo de la otra cámara fotográfica, sellar las estaciones, comprobar los vientos de los mástiles y dar por cerradas las operaciones en la cuenca Limnopolar.

El resto del día lo hemos dedicado a volver a caminar hasta el lago escondido. El otro día, cuando recorrimos toda la península, nos dejamos el sondeo situado junto a este lago para intentar de nuevo sacar los sensores. Hemos sacrificado el sacacorchos que había en el campamento para unirlo a una piqueta de las tiendas de campaña y ver si así podemos sacar los sensores. Hemos llegado allí al final de la mañana tras una caminata interesante en la que Ana Salomé ha vuelto a ir disfrutando de la geología de la zona. A cada pocos metros se paraba para preguntarme alguna cosa sobre las formas del relieve, o la geología, o para hacer fotos, o simplemente para contemplar y disfrutar de los paisajes. Y es que Byers es un poco como estar en Marte: lomas, colores anaranjados y rojizos,... (si no fuera por los lagos y la nieve...). Cuando hemos llegado, hemos estado intentando durante un buen rato eexraer los sensores con el nuevo artilugio que hemos improvisado, pero igual que hace un par de días, no hay manera. Así que a nuestro pesar tenemos que dar por perdido el sondeo, porque está lleno de hielo. Es inservible. Pero lo sellamos, porque siempre hay formas de intentar recuperarlo si lo organizamos con tiempo. Así que tras este chasco, volvemos al campamento a empaquetar nuestro material científico y dejarlo listo ya para la vuelta a España.

A las 5 de la tarde ya estábamos de vuelta, así que rápidamente deshacemos el macuto de trabajo, y metemos todo el material en las cajas y las sellamos. Luego hemos estado volcando los datos de todos los sensores que hemos recuperado en estos días, tanto de nuestras estaciones como las de nuestro colega Marc Oliva. Y luego hemos empezado a bajar a la playa algunos bidones con cosas que ya no se usarán en el campamento. 

Al final del día, como era la última cena de esta temporada, invitamos a todas las almas de Byers a cenar. Dos investigadores chinos no regresan a tiempo y el tercero cena pronto por sy cienta, así que al final la cena es de los investigadores españoles, chilenos, portugueses (bueno sólo una portuguesa) y búlgaros. En total 12 personas. Tenemos que improvisar sillas con algunos de los bidones de carga y usar una de las mesas del laboratorio para poder cenar juntos, pero al final es divertido. Compartimos nuestras experiencias estos pocos días en Byers, recordamos otras campañas por estas tierras y nos reimos muchos, que al final es lo que cuenta. Sobretodo para subir la temperatura del módulo, que alcanza la terrible temperatura de 18.5ºC, cuando fuera hace solo -0.5ºC (y bajando), y sin calefactor!. Al final de la velada, Antonio Quesada saca una botella de vino para brindar por esta campaña y Ana Salomé nos sorprende cantando unos cuantos fados a la mortezina luz de una linterna. Sin duda una forma muy especial de acabar esta campaña.

M.A. de Pablo

viernes, 26 de febrero de 2016

Medidas, sensores, y arenas movedizas

Isla Livingston, Antártida, 26 de Febrero de 2016

Si ayer fue un día largo, hoy no lo iva a ser menos. La pobre Ana Salomé, que ya estaba cansada, ayer reventó tras el largo día en Byers. Pero lo disfrutó mucho porque a cada paso no dejaba de decir lo bonito y fascinante que era la península. Sin duda me sirvió de recordatorio de porque creo que esta fase en Byers en la mejor de toda la campaña. Hoy no hemos tenido que recorrer mucho, pero ha sido un día de mucho trabajo en nuestra zona de estudio en la cuenca del lago Limnopolar. Anoche habíamos preparado los macutos con casi 30 kg de piquetas metálicas (por cierto, donadas por el padre de Manuel Prieto, quien con todo su cariño nos las cortó y afiló para poder instalarlas en nuestra zona de estudio), maza, 100 metros de cuerda, decenas de sensores, una cámara fotográfica automática, nuestra pica de permafrost (hecha el año pasado por Vila, el técnico motores de la BAE Juan Carlos I), los botes de pis (vacíos, claro, y es que Byers es una zona tan protegida de la Antártida que no se puede ni orinar en el campo), y algunas chocolatinas para picar.

Tras desayunar (un poco tarde, la verdad, porque se nos pegó el sacó de dormir a prácticamente todos en el campamento), hemos salido hacia nuestra zona de estudio. Lo primero de todo ha sido recuperar los sensores de la estación de medida y poner los sensores nuevos que programé hace ya unos días. Luego hemos reinstalado el mástil del prototipo asegurándolo con más vientos e instalando un nuevo prototipo que durante el año pasado desarrollé con mi padre. Esperemos que la estación no vuelva a sufir daños este año. Luego hemos cambiado la cámara fotográfica automçatica, que el año pasado dio signos de que la pila interna estaba fallando, pero no teníamos repuesto. Tambien la hemos enfocado gracias a la pantalla del drone que nos ha prestado Vila en Juan Carlos I. Tras esto hemos instalado las picas metálicas, porque las de madera que instalé en el año 2009 ya están empezando a deteriorarse. Espero que las que hemos puesto ahora aguanten muchos más años. Con todo esto acabado, nos hemos puesto a hacer la media de la capa activa, es decir, a clavar la pica en el terreno en puntos preestablecidos con el fin de medir cuanto se ha fundido el suelo este año. Esto lo hemos empezado a las 15h, y al poco rato han pasado a visitarnos Antonio, Ana y Greta, que también estaban por la zona. Hemos charlado con ellos un minuto y hemso continuado hasta casi las 5 de la tarde. Y es que la falta de nieve ha permitido hacer el trabajo relativamente rápido, aunque eso también implicaba que nos hundíamos continuamente enlas arenas movedizas que hay en nuestra malla de estudio. A veces hasta las botas se nos quedaban completamente enganchadas y nos costaba un buen rato sacar el pie sin perder la bota o acabar reboado en el barro... Menos mal que sabemos que debajo el suelo está congelado y no nos hundimos demasiado. Mientras vamos haciendo esto, recogemos los sensores que el año pasado uen imposible encontrar debido a toda la nieve que había en la zona. Este año era solo agacharse y recogerlo. Pero este año corremos el riesgo de que los sensores estén estropeados y hayamos perdido los datos. Ya veremos.

Acabado esto, revisamos de nuevo los mástiles y volvemos al campamento. Hoy tampoco hemos comido y aunque ha hecho sol y bien tiempo todo el día, el cuerpo nota rápidamente la falta de calorías. Al menos el de la pobre Ana Salomé, que por adaptarse a mi ritmo de trabajo desenfrenado, tampoco para a comer ni beber. Así que cuando hemos llegado al campamento hemos dado buena cuenta de un poco de queso y embutido y mucha agua!. PEro estamos contentos. Ana Salomé ha podido conocer nuestra zona de estudio y ver en directo nuestro forma de trabajar con el fin de coordinarnos mejor con el equipo portugués. Y yo porque hemos conseguido hacer todo el trabajo programado para hoy.

Para cenar hemos invitado a los colegas Búlgaros, que anoche cenaron a la intemperie con un pequeño quemador de gas. Ha sido interesante. Cada uno estaba a su conversación, pero de vez en cuando cruzábamos conversaciones en español, portugués, o inglés, y además hemos podido subir más la temperatura del interior del módulo, que este año no hemos traido calefactor.
Hoy ha sido un bien día en Byers.

Buenas noches.

M.A. de Pablo

jueves, 25 de febrero de 2016

Arranca el campamento ligero de Byers

Isla Livingston, Antártida, 25 de Febrero de 2016

Hoy ha sido el día de inicio del campamento Byers. Ha sido un día... larguíiiisimo y de mucho trabajo. A las 4:15 de la mañana ha sonado el despertador y corriendo a lavarse la cara, deshacer la cama, y bajar a la playa para ponerse el teletubie para embarcar en el Sarmiento de Gamboa, que ha pasado la noche fondeado frente a la base. Mientras empezábamos a cargar el equipo, los colegas búlgaros venían en moto de nieve por el glaciar. Y es que este año montaban la primera expedición de Bulgaria a la península Byers, en el otro extremo de la isla Livingston. Tres geólogos y un campamento realmente ligero con dos tienas de campaña y algo de comer. Junto a ellos ha venido Ana Salomé, secretaria del programa polar portugués, y colega nuestra en el estudio del permafrost. Lleva ya 3 campañas antárticas en su haber y ha sido la colega que va a sustituir a Manuel en la aventura en Byers. Sin duda una mano de obra muy cualificada y necesaria.

Al final el viento no bajó demasiado durante la noche, y aún había bastantes olas en la playa. Tanto que ha sido necesario que 5 personas sujetaran la embarcación mientras se iba cargando de material. Y a pesar de ello, las olas seguían metiando agua en la embarcación. Pero ya cargado todo el material, a eso de las 6:00 de la mañana, nos hemos despedido de los técnicos que estaban en la maniobra, y nos embarcado para subir al Sarmiento de Gamboa, y hemos llegado sorprendentemente secos. Y listos, directos a la península Byers. En cuestión de 3 horas ya estábamos frente a la zona de desembarco. Por el camino hemos aprovechado para desayunar (otra vez), y esta vez fuerte, porque el día se preveía bien largo. También hemos podido saludar a los colegas con quienes estaremos en el campamento este año, y viejos colegas antaárticos: Antonio Quesada, biólogo de la Universidad Autónoma de Madrid, y además el actual gestor del Programa Polar Español del Plan Nacional de I+D+I. Con él trabajará Ana Justel, experta en estadística, de la misma universidad. Hacía ya tres años que no hacían campaña y ha sido un placer volver a versol y saber que compartiremos días de trabajo en Byers.

Como a las 9 de la mañana hemos llegado frente a la costa en Byers y se han iniciado las tareas de desembarco de material y personal. La península tenía bastante nieve, aunque aparentemente menos que el año pasado, lo que es una buena señal, porque nos permitira realizar mucho trabajo. Pero al bajar nos hemos dado cuenta de que no estábamos solos. Un equipo de tres investigadores de Chile y tres de China habían "ocupado" los módulos. Según nos han contado, han llegado esa misma mañana en helicóptero desde nuestro ya conocido buque de la armada chilena Aquiles. Lo más sorprendente es que el equipo chino estaba volando un dron de grandes dimensiones haciendo fotografías de la península. En los siguientes días nos enseñarán el resultado.

La primera hora la hemos pasado subiendo algo de material desde la playa hasta el campamento. No nos hemos quitado el viking, puesto que mientras Iñaki montaba la parte más importante del campamento (comunicaciones, algunas tiendas, sistema électrico, etc.), Antonio, Ana, Hilo, Ana Salomé y yo hemos ido en embarcación hasta el otro extremo de la península para empezar a trabajar. La verdad es que con tan pocos días de campamento (el 28 nos recogen por la tarde), no se puede dejar pasar un segundo sin aprovecharlo al máximo. Así que mientras Antonio y Ana tomaban muestras de tapices algales en alguno de los lagos, Ana Salomé, Hilo y yo realizábamos el mantenimiento de unas estaciones que instaló hace dos años nuestro colega Marc Oliva, actualmente en la Universidad de Lisboa. Pero ha habido bastante mala suerte, y algunos de los sensores se habían descolgado resultando imposible sacarlos del sondeo. En otros puntos el sondeo estaba completamente lleno de hielo haciendo imposible rescatar los sensores. Donde hemos podido hemos rehecho la instalación de los sensores, para no perder datos este año. y aunque sólo eran 3 estaciones repartidas por toda la península, el retraso en el mantenimiento por los problemas que se habían producido, más la nieve que había que ir sorteando para no caer en el agua que se oculta por debajo, nos ha hecho tener que hacerlo a paso muy ligero, aumentando el cansancio. Además, no hemos parado a comer, y la falta de fueras se ha ido notando ya por la tarde. La última estación en ser visitada ha sido la nuestra, en la cuenca del lago Limnopolar. Por desgracia, el mástil donde estaba el prototipo que instalamos el año pasado estaba derribado y la electrónica completamente destruida por el óxido. La parte buena es que apenas hay nieve en nuestra zona de trabao y vamos a poder recuperar mañana muchos de los sensores que el año pasado tuvimos que dejar abandonados, y medir la descongelación del suelo tras varios años sin poder hacerlo.

Completamente agotados llegamos al campamento casi a las ocho de la tarde. El Sarmiento de Gamboa ya había desaparecido del horizonte, y con él Inaki, que había pasado el día montando el campamento. Pero el lío en el campamento es importante. Mucha gente en los módulos, unos haciendo la cena, otros calentándose agua para hacer alguna infusión para calentarse... así que los españoles nos bajamos a la playa, y aprovechando que tenemos los bidones con comida aún allí, improvisamos un aperitivo para la cena: un poco de queso, salchichón, nutela y unas galletas, todo regado con una garrafa de agua embotellada bien fresquita nos levanta el ánimo de nuevo y recuperamos fueras hasta la hora de la cena. Pero tras todo el día andando por la península que nos hemos cruzado de Este a Oeste, nos estábamos también quedando fríos ahora que el sol empezaba a ponerse. Y es que el día ha sido fantástico. Completamente despejado y un sol que no calentaba, pero alegraba el cuerpo yla vista. Para no quedarnos fríos, pero sobre todo porque el campamento aún no estaba listo, hemos empezado a subir bidos de material desde la playa: comida, agua, sacos de dormir, esterillas, y el material científico que usaremos mañana. También hemos improvisado un baño con una lata vacía y las cajas de material científico que tenemos acumuladas. No es el baño más lujoso del mundo, pero si el de las mejores vistas: el océano antártico lleno de icebergs, y la isla decepción al fondo. Y en la playa unos elefantes marinos retozando y algunos pingüinos curiosos jugando en la orilla. Con este panorama... ¿quien se acuerda del baño de su casa?

Ya bien tarde hemos preparado un poco de pasta para cenar con una salsa que nos habían preparado en la base. Mientras acabábamos de preparar la cena, el buque Hespérides ha llegado frente a las playas de Byers para dejar en la playa a otra investigadora: Greta, estudiante de doctorado de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, que participa en un proyecto de estudio de especies invasoras en esta región antártica. Ya con la nueva científica con nosotros, hemos dado buena cuenta de la cena, que nos ha sabido a gloria.

Completamente agotados, y bien pasada medianoche, vamos retirándonos a nuestras tiendas, que este año compartidos por parejas. Es tal el cansancio que en lo que tardo en quitarme las botas y extender el saco de dormir, mi compañero de tienda, el técnico de montaña Hilo, ya está completamente dormido. Y no es para menos, ya que además de acompañarnos todo el día en nuestro recorrido por Byers, ha gestionado toda la logística para acabar de montar el campamento.

En fín, un día, no largo... larguíiiiisimo que por fin acaba. El primer día en el campamento ligero de Byers. Buenas noches.

M.A. de Pablo

Rumbo Norte

Punta Arenas, Chile, 25 de febrero de 2016

Escribo estas líneas ya desde Punta Arenas. Llegué ayer por la tarde después de un largo viaje, desde que zarpara de la isla Livingston allá el pasado lunes. Como bien contó Miguel Ángel, el lunes fue la despedida de la base Juan Carlos I. Cuando llegamos al Sarmiento de Gamboa, nos quitamos los teletubbies y justo en ese instante se oyó un revuelo en cubierta. La tripulación estaba mirando justo a la zodiac. Nos acercamos a ver qué pasaba y es que había un pingüino que había saltado dentro de la zodiac y estaba mirando perplejo al patrón y al proel, que eran los únicos que ya quedaban en la zodiac. Después de pensárselo un poco, el pingüino pegó un brinco y se fue alejando de la zodiac como un torpedo.

No me voy a entretener contando de nuevo las maravillas del BIO Sarmiento de Gamboa. La única pega que le puedo poner al barco, y esta es personal, es que se mueve bastante. Menos mal que Tetyana, la médico de la BAE, me dio unas gotitas mágicas para el mareo antes de marchar. El rumbo era ir primero a Decepción, recoger a varios investigadores, y de ahí ya salir para Rey Jorge. Estaba previsto que al día siguiente cogiéramos el avión a Punta Arenas. 

Miguel Ángel tenía razón, "el que brinda a la salida de los Fuelles de Neptuno vuelve a Decepción". Y así fue, y antes de lo que pensaba. Estuve las dos/tres horas que dura el trayecto a Decepción en cubierta admirando por última vez los icebergs y el mar de Bransfield.

Entrada por los Fuelles de Neptuno

Allí estaba de nuevo la BAE Gabriel de Castilla. Parecía igual, pero me fijé que ya habían puesto un aerogenerador para el proyecto de invernada. No desembarcamos. Estuvimos unas horas en Decepción mientras observábamos el trasiego de zodiacs entre la base y el Sarmiento. En uno de estos barqueos subió a bordo el comandante Salas. Fue una sorpresa volver a verle. Emprendimos el camino a la isla Rey Jorge pasadas las 7 de la tarde. Esta vez no pude brindar con Sidra, pero brindé con lo que tenía a mano. El barco no dejaba de moverse y moverse y por el camino se podría ver la línea del continente claramente.

Pasamos esa noche en el barco y a la mañana siguiente estábamos todos pendientes del vuelo a Punta Arenas. Finalmente, no pudo ser. Pude ver dos barcos de turistas al lazo del Samiento, además del Hespérides que también estaba por allí. Nos explicaros que éramos los terceros en la cola. Ya empezó a empeorar el tiempo y el vuelo se canceló. Eso sí, los turistas sí que salieron. A nosotros nos tocó pasar otra noche en el barco. Pero nada, aprovechamos para charlar entre nosotros y contarnos las batallitas de la campaña.

Ya el miércoles (ayer), nos levantamos temprano y nos informaron que volaríamos ese día. Deprisa y corriendo nos fuimos todos a preparar el equipaje y estar preparados para ponernos los trajes. Éramos tantos (23) y había tanto equipaje, que se tuvieron que hacer tres barqueos. En el últimos hasta se estropeó la zodiac y hubo un momento de pánico. Vimos aterrizar nuestro avión y un Hércules de la Fuerza Áera de Uruguay, que levantaron un montón de barro al aterrizar. Una vez en pista, nos pesaron el equipaje y estuvimos esperando un buen rato hasta que nos autorizaron a subir al avión. Tenía los pies helados de la espera. Estaba tan mal la pista, que tenían que controlar muy bien la carga. De hecho, a los japoneses no les dejaron cargar sus cajas. Las cajas volarían al día siguiente.

A pie de pista


Salimos a las 13:40. Desde la ventanilla me despedí con tristeza de la Antártida. El vuelo duró unas dos horas y chán. De repende, en la civilización, como si todo lo pasado en este mes y medio hubiera sido tan solo un sueño, una ilusión, un espejismo. Me quedan ya unas pocas horas antes de tome el vuelo a Santiago de Chile y de ahí, otro a Madrid. Habrá sido un sueño, pero un sueño de esos que se recuerdan toda la vida.

M.Prieto
 

miércoles, 24 de febrero de 2016

Preparando Byers

Isla Livngston, Antártida, 24 de Febrero de 2016

Las noticias han sido buenas para Manuel. Hoy volaba desde la Isla Rey Jorge hasta Punta Arenas. Con este salto ya está en el buen camino de regreso a casa.

Mientras tanto, yo hoy he estado preparando todo el material para Byers. No el material científico, que ayer ya estaba completamente listo, sino hechando una mano en lo que se podía a Iñaki e Hilo, los guías de montaña que nos darán el apoyo este año. Comida, menaje, sacos de dormir y esterillas, comunicaciones... de todo para abrir un "campamento ligero" como lo han denominado este año. Tan ligero que no vamos a tener ni "cuarto de baño". Parece mentira, pero a pesar de lo ligero y corto del campamento, entre material científico, personal y del campamento, al final nos llevamos 4 sacos de rafia llenos hasta los topes. Pero nada que ver al enorme volumen que se movía en otras campañas.
Bueno, a veces más que ayudar estaba molestando, pero es que estos días de espera, cuando ya tienes todo preparado son un poco agotadores. Charlando con unos y otros, asegurándose de que todo está colocado y organizado... y es que un pequeño olvido puede ser crucial en este lugar al que vamos, y donde no hay manera de conseguir nada que no se lleve. El año pasado nos olvidamos de la cafetera, y los que necesitaban de esta sustancia para sobrevivir se las tuvieron que ingeniar para fabricar algo con lo que "destilar" un café calemtito aceptable para las mañanas.

Lo malo del día de hoy ha sido el viento. Se ha ido levantando viento a lo largo del día, y aunque no es molesto en tierra, en la playa está produciendo olas que complican los embarques. El plan inicial era embarcar en el Sarmiento de Gamboa a primera hora de la noche tras su llegada a Bahía Falsa. Ya aburrido por la espera, acompañado de Tetyana (la médico de la base) y nuestra antigua colega Cayetana, nos hemos ido a ddar un paseo hasta el que llamamos "Pico radio", una loma cercana a la base y desde donde se divisa la entrada de la bahía. Hemos podido observar grandes icebergs, algunos pingüinos que habían escalado también la loma, y un atardecer entre la niebla. Y a lo lejos a aparecido el buque que ya nos venía a buscar.

Y como ocurre muchas veces en la Antártida, se ha tenido que cambiar los planes. Se ha acordado retrasar el embarque hasta las 5 de la madrugada, por si el viento bajaba un poco durante la noche y no era tan arriesgado el embarque. ¡Menos mal que no había deshecho la cama! Aprovecho para despedirme de la mayor parte de los que estaban en la base, ya que de madrugada soólo veré a unos pocos. Así que agotado por un día poco fructífero y de espera me voy a dormir, que en unas pocas horas tengo que madrugar.

¡Buenas noches!

M.A. de Pablo

martes, 23 de febrero de 2016

Preparando la siguiente fase

Isla Livingston, Antártida, 23 de Febrero de 2016

Hoy es el día dedicado a preparar la siguiente fase, el trabajo de 3 días en el campamento Byers. Es la parte más dura, pero también la más "divertida" de la campaña. Acampañar y "buscarse la vida" en un rincón recóndito de esta isla (aunque sólo está a 3-4 horas de navegación desde la base Juan Carlos I), tiene su encanto. Además es un lugar fantástico, lleno de vida (elefantes marinos, lobos de mar, pingüinos, petreles gigantes, skúas,...) y con unos paisajes completamente extraterrestres. Y si el cielo está despejado, se puede ver las montañas Friesland, la isla Decepción y hasta el continente antártico!

Así que hoy es el día dedicado a preparar esa fase. Lo primero de todo dejar el material listo. una vez programados anoche los sensores, era hora de hacer el macuto de trabajo, metiendo todo lo necesario para poder hacer la instalación de todos los sensores en un sólo día, y dejar otro tipo de actividades para los siguientes. Después ha tocado deshacer (por primera vez) el macuto y organizar la ropa limpia, la sucia, la que usaré en Byers, la que usaré luego en el tránsito en barco hasta Argentina, y la que usaré en el avión de vuelta a casa. Es un poco locura, pero los siguientes dos semanas serán un maratón. Así que hacer el macuto de nuevo ha sido un poco obra de ingeniería para que todo estuviera accesible por fases y teniendo que deshacer lo menos posible el macuto buscando ropa.

Y por la tarde he estado ayudando a los dos guías de montaña que nos acompañarán (aunque sólo uno se quedará allí con nosotros todos los días), a preparar algo del material para el campamento: comida, menaje, material de aseo personal,... Un poco de todo, pero muy poco, porque el campamento sólo se abrirá 3 días y no hay tiempo de abrirlo con todas sus funcionalidades, sino sólo con los básico, sin nada de lujos. Este año ni correo electrónico, ni conexión satélite, ni variedad de mermeladas para el desayuno,... será un campamento fugaz.

Por la noche, ya cansados de estas tareas y con todo listo y empaquetado me voy a dormir, sabiendo que mañana empieza el maratón final de la campaña. Por cierto, las noticias que nos han llegado es que el vuelo en el que Manuel debía salir de la Antártida ha sido suspendido hasta mañana, porque hoy había algo de viento en la isla Rey Jorge (en Livingston ha nevado parte del día). Esperemos que mañana sea el día señalado.

M.A. de Pablo

lunes, 22 de febrero de 2016

La partida

Isla livingston, Antártida, 22 de Febrero de 2016

Hoy ha sido el día en el que Manuel comienza el fin de su campaña. Estaba programado que a mediodía embarcaran todos los científicos (menos Miguel Ángel, y nuestra antigua compañera Cayetana), incluyendo a Manuel. Así, la mañana ha sido de esos días tontos en los que no se hace nada particular. Simplemente dando vueltas por la base o mirando el paisaje y charlando con los compañeros que aún estaban ajetreados apurando para organizar y recoger su material. No hay nada como ser precavido para no tener que estar estresados en el último momento.

Aprovechamos la mañana para realizar la fotografía oficial de los componentes de la base. Muy numerosa esta vez y que, por casualidad, se ha hecho junto a una de nuestras estaciones de monitorización del permafrost. Hacía mucho que no se hacía una foto con tanta gente. Y es que además de la dotación y los científicos, han salido en ella los operarios y responsables de las obras de remodelación de la base.

Foto oficial de la segunda fase de la Campaña 2015-16 en la BAE Juan Carlos I

Tras hacernos la foto, los responsables de la obra nos han dado una vuelta por las nuevas instalaciones. ¡Qué diferencia!. Aún está en el esqueleto interior, pero ya tiene la estructura de las habitaciones, la cocina, el comedor, los laboratorios... ¡si hasta nos hemos peleado ya por elegir las habitaciones y los puesto de los laboratorios con mejores vistas! En fín, soñar es gratis. Ya veremos cuando se hace realidad que, tras ocho años de penurias, podamos contar con unas instalaciones adecuadas para trabajar y vivir por estas latitudes, y no en contenedores de obra desperdigados por la zona.

Y tras esta visita, llamada general a la playa. El barco reclamaba ya a sus pasajeros para iniciar el viaje hasta la isla de Rey Jorge, donde pisáramos territorio antártico por primera vez este año. Así que hemos bajado todos a la playa. unos para irse y otros para despedirles. A algunos no los volveremos a ver en mucho tiempo, y otros, tal vez, en las próximas campañas. En todo caso, son colegas antárticos que dejan el territorio. Tras enfundarse en sus teletubies, se han ido subiendo a la embarcación que les llevaría hasta el buque Sarmiento de Gamboa. La despedida ha sido larga, y hasta las 13:30 h no embarcaban los últimos científicos, entre ellos mi colega de aventuras antárticas Manuel. Él nos irá contando su viaje de vuelta a casa.

  Manuel listo en la playa con su teletubbie para embarcar en el B/O Sarmiento de Gamboa

 
Sale la embarcación con los últimos científicos. Hasta pronto Manuel. ¡Buen viaje de regreso a casa!

Tras la despedida, y con un descenso drástico de la población de la base, nos hemos ido a comer y luego a recuperar horas de trabajo. Por la tarde se ha estado programando todos los sensores que hay que instalar en la siguiente fase de campaña: el campamento Byers en la península del mismo nombre en esta misma isla de Livingston. Esto ha llevado varias horas, y hasta bien entrada la madrugada no se ha terminado de hacer el trabajo, ya que la previsión es que el día 24 nos recoja el Sarmiento de Gamboa para llevarnos a Byers.

 
 Batallón de sensores de temperatura listos para ser programados

En fín, un día de despedida y trabajo. Buenas noches.

M.A. de Pablo

domingo, 21 de febrero de 2016

Las pruebas antárticas

Isla Livingston, 21 de Febrero de 2016

Hace mucho que la Antártida perdió ese halo de misterio de la "terra incógnita australis", y que las grandes epopeyas de exploración quedaron atrás. Y aunque hoy viajamos a la Antártica con fechas de entrada y salida, y la certidumbre ya no es un lujo, el trabajar en estas latitudes sigue sin ser nada fácil. Ya de por sí, sólo unos pocos tenemos el privilegio de poder estar en estas latitudes desarrollando nuestra labor científica y técnica. Y es que hay que tener aguante para trabajar aquí. Cada día es una sorpresa, las dificultades pueden presentarse en cualquier momento y hay que saber hacerlas frente, siempre con la máxima seguridad y con los pocos elementos que tenemos a mano.

Y esto es a lo que tenemos que enfrentarnos cada año en nuestras campañas en la Antártida. Este año Manuel, un inexperto en el trabajo de campo, un desconocedor de la Antártida, y un ajeno a la montaña, se ha aventurado a formar parte de esta aventura con el fin de buscar nuevas soluciones a nuestros problemas con las estaciones que mantenemos para el estudio del permafrost. Pero no le ha salido barato. No ha sido un viaje de placer, ni un crucero por los mares del sur... ha tenido que aprender a adaptarse al trabajo en la nieve y el piroclasto, a subir y bajar de los barcos, a ponerse el traje de seguridad de aguas frías,... y eso lleva su tiempo y su coste en energía, esfuerzo, concentración,... Pero hay que decir que se ha ganado los galones. Hace cosa de un mes Miguel Ángel no dejaba de decirle que era un flojo cada vez que se quedaba atrás en el camino, o se quejaba de la carga en su macuto. Hoy, algo más de un mes después, y muchos kilómetros en sus piernas y muchos kilos transportados a sus espaldas, ya puede llamarse antártico. Y no sólo por haber estado aquí, sino por haber soportado y superado las pruebas que este trabajo de campo requiere.

Y es que esto a veces parece una dura competición con muchas pruebas. Las más importantes son:
  • Llegada a la Antártida sin olvidarse lo imprescindible
  • Inserción y extracción de teletubie en playa nevada y con prisas
  • Ascenso y descenso de escala de gato con teletubie
  • Transporte de mercancias pesada a lomos y en pendiente
  • Búsqueda del tesoro en terreno congelado
  • Paleo de hielo y nieve con ventisca y pies helados
  • Programación de sensores en condiciones extremas y a contrarreloj
  • Travesía por glaciar hundiéndose hasta las rodilas y encima reirse
  • Aguantar rachas de 120 km/h sin despeinarse 
  • Navegación por aguas bravas con hielos y mar picada
  • Ir de paquete en moto de nieve sin clavarle las uñas al piloto en el cuello
  • Limpieza de baños y duchas comunales sin acordarse de las madres
  • Soportar alojamiento en camarote de los hermanos Marx
  • Limpieza de cubertería en aguas heladas y a contrarreloj
  • Encintado de sondeos con guantes y ventisca
  • Bajada de ladera nevada de culo y sin trineo
  • Subsistencia sin ducha diaria
  • Puesta y retirada de bridas de tamaños y colores variados
  • Búsqueda de piquetas con GPS y a loco
  • 48 de navegación continuada sin regurcitado de la primera papilla
  • Continencia continuada de desconexión de redes sociales sin pérdida de uñas
Pero aún superándose todas estas pruebas (y otras que no contamos para no alargarnos demasiado), es obligatorio superar la más importante:
  • Aguante de sonrisa y buén ánimo continuado a pesar de los inconvenientes y problemas
Parecen fáciles y divertidas, pero la realidad es que la repetición continuada de todas estas pruebas acaban haciendo mella. Por lo que la aventura entretenida que parece el trabajar en estas latitudes no es para todo el mundo. Algunos vienen una vez y no repiten y otros lo encuentran horrible, a pesar de la belleza de los paisajes.

En menos de 12 horas, Manuel inicia el camino de vuelta a España, tras haber superado estas pruebas. Le falta entrenamiento, pero se ha ganado sus galones y el derecho a llamarse antártico. Solo cabe darle las gracias por las horas de esfuerzo y trabajo dedicado este largo mes a esto de la investigación de los suelos congelados. Gracias Manuel y buen viaje de vuelta a casa.

M.A. de Pablo


sábado, 20 de febrero de 2016

Donde puedas dar dos pasos, da tres

Isla Livingston, Antártida, 20 de febrero de 2016

Última visita al Monte Reina Sofía. Hoy, ante la amenaza de que se complicara el tiempo, hemos subido pronto por la mañana a Sofía con dos objetivos claros: 1) recoger la plataforma del cubesat SERPENS de la Universidad de Vigo y 2) hacer un recorrido final con la mirada y despedirnos hasta la siguiente campaña del Sofía. En la base tenemos un predictor del AEMET, llamado Paco, que clava todas las predicciones. Así que tras las consultas oportunas previas, tiramos para arriba. Para ir más rápido y que nos nos pillara el mal tiempo, hemos subido caminando hasta los refugios y de ahí, nos han subido en moto de nieve a  la cima. En cosa de 20 minutos habíamos recogido todo y ya estábamos de regreso al refugio, extremando el cuidado en cada paso, ya que había mucha niebla y el viento ya soplaba fuerte. Además íbamos los dos cargados. La nieve de los días anteriores había desaparecido y por el aumento de la temperatura y la lluvia, la nieve que quedaba estaba en muy mal estado y es muy traicionera. Como dicen los montañeros: "Donde puedas dar dos pasos, da tres". Una de las cosas que he aprendido en esta campaña como novato antártico. A la subida porque te cansas menos, sudas menos y luego tienes menos frío; y a la bajada por precaución.

Manuel cargando con la antena directiva y la plataforma de SERPENS

En la bajada, nos pasamos por una de las estaciones donde Miguel Ángel tiene instalado uno de sus prototipos de registrador de datos o "datalogger". De esos con los que nos va a quitar el trabajo a los ingenieros :-). Le daba un error en uno de los sensores así que decidió bajarlo a base para revisarlo antes de cerrarlo hasta la siguiente campaña.

Esa misma mañana apareció de nuevo en la costa el Sarmiento de Gamboa. Esta vez ha traido como pasajeros a algunas autoridades de la UTM, del CSIC, y otros. El Sarmiento será el buque que finalmente me lleve a mí y a otros científicos a la isla Rey Jorge para coger el avión de regreso a Punta Arenas el próximo martes.

Ya con la antena y la plataforma de Vigo en la base, hemos dejado ya casi liquidadas todas las cajas. Yo también he aprovechado para empezar a preparar el macuto. Al haber desaparecido gran parte de la nieve que cubría la base, hemos hecho también una batida a ver si veíamos la parte de la antena HF que desapareció durante la tormenta, pero sin éxito.

Tarde de sábado ya se sabe...con la tranquilidad que da el saber que tenemos los objetivos cumplidos y que es sábado pues os podéis imaginar lo que pasó poco después de comer. Además, Paco nos dío una charla tras la comida explicando con imágenes por satélite y gráficos como se desarrolló el temporal del martes. Tras la pequeña pausa, Miguel Ángel retocó el programa de sus sistema de adquisición de datos y se subió de nuevo al cerro donde tiene la estación de medida. Yo, por mi parte, me he quedado en la base haciendo trabajo de "oficina" principalmente, haciendo copias de seguridad de los datos, pasando notas y organizando y archivando documentos.

Y poco más. Miguel Ángel bajó al poco rato con el trabajo hecho. Una máquina el Miguel Ángel.  Y luego cena, peli y a dormir.

M. Prieto


viernes, 19 de febrero de 2016

много ви благодаря ; muito obrigado

Isla Livingston, Antártida, 19 de febrero de 2016

Como quedamos ayer, hoy estaba previsto nuestra visita a la base búlgara, donde se encuentran los investigadores portugueses a los que echamos una mano en el glaciar rocoso: Ana y Lorenzo. El problema es que se pronosticaba mucho viento para medio día, con lo que debíamso darnos prisa en llegar a la base y no demorarnos mucho en nuestro regreso. Por todo ello, antes de las 9 de la mañana Miguel Ángel y yo estábamos ya preparados con nuestros "Viking" para subirnos a la zodiac. Nuestros vecinos búlgaros no se encuentran muy lejos de la BAE, pero solo se puede llegar en zodiac o moto de nieve y lo más rápìdo es siempre la zodiac.

Nos montamos en la zodiac y hale, rumbo a la base búlgara. La travesía duró unos 10/15 minutos y por el camino pudimos incluso ver tres focas descansando sobre un bloque de hielo.


Focas descansando a la bartola (¡Qué envidia!)

El "problemilla" que tiene la base búlgara es su playa, que casi no tiene. El desembarco fue un poco aparatoso, pero vinieron a echarnos una mano de la base búlgara con sus motos de nieve. En un periquete ya estábamos en la puerta de la base. Nos recibieron con mucha hospitalidad, y con café y crepes (o "palanchinka" como dicen en búlgaro).

Me encanta esta base. Tiene un estilo muy antártico, con revestimiento de madera y un aire antiguo, de esos que hacen pensar en expediciones y aventura. Una base con personalidad. En un primer momento pude distinguir tres edificaciones. El edificio principal y luego dos casitas super cucas, una de la cuales la llaman Casa España. Aunque se habían caido dos letras y se leía como "Casa Espá".


Casa España

Me dijeron que había más edificios, pero que estaban  cubiertos totalmente por la nieve que lo cubrió todo durante la tempestad del martes. Aun así, un poco más alejada del edificio principal, había una iglesia. La verdad es que el temporal les azotó bien fuerte y tienen problemas serios para el suministro de agua, además del trabajo de desenterrar gran parte de la base.

Iglesia en la base búlgara

Después de tomarnos algo calentito acompañamos a Ana a revisar sus estaciones de medida, muy similares a las nuestras. Visitamos primero la estación meteorológica y luego subimos al monte Papagal, donde tienen varios sondeos y un CALM. Discutimos muchas cosas interesantes e incluso ayudamos a encontrar una placa de suelo, Desde el papagal se podían ver claramente el glaciar Johnson y la propia BAE Juan Carlos I, pese a la niebla reinante.

Vistas desde el monte Papagal

Al regreso, comprobamos que el sistema de disparo que arreglamos el día anterior funcionaba correctamente. Desde aquí dar quiero dar las gracias a nuestro colegas búlgaros y portugueses por su acogida y trato. Desde luego, son el claro ejemplo del llamado "Espíritu Antártico". Para las 13:30 vino la zodiac a buscarnos. No hacía mucho viento, pero debido a los desprendimieto de los glaciares que se produjeron durante la mañana, estaba todo el frente de mar de la base lleno de hielo o "brass". Subimos sin problemas a la zodiac, pero el "brass" no cerró y las pasamos canutas para salir de ahi. Se tuvo que hacer a base de remo y controlando muy bien el motor, ya que el hielo que se acumulaba debajo de la zodiac podía romper la hélice. Menos mal que Camilo, nuestro patrón, junto con Hilo y Álvaro, nos sacaron de esa cubitera en la que se había convertido el mar.

En la base búlgara (con "brass" formándose al fondo, en el mar)


Ya por la tarde, y aprovechando que había vuelto "Interneeeeee", como diría Enjuto Mojamuto, actualizamos estos blogs y revisamos el correo urgente. Resulta que desde la Base Gabriel de Castilla suministran un radioenlace IP que permite un incremento de hasta 1 Mbps en la red. El problema es que por temporal se había caido la antena del lazo de Decepción  y tardaron un tiempo en reactivarlo de nuevo.

 Lo que tienen colgado en la pared de la sala de internet y teléfono

También dedicamos la tarde a seguir preparando las cajas. La semana que viene, yo marcho ya para España y Miguel Ángel sale hacia la Península de Byers. El plan es ir mañana a buscar la plataforma de Vigo, despedirnos del Sofia y terminar prácticamente de recoger.

M.Prieto










jueves, 18 de febrero de 2016

De todo un poco

Isla Livingston, Ántártida, 18 de Febrero de 2016

Hoy hemos hecho de todo un poco. Por la mañana hemos estado probando un nuevo prototipo de Miguel Ángel, un sondeador de nieve: un dispositivo de portátil diseño y construcción propia para medir espesor de nieve,  temperatura de la superficie y de la base de la capa de nieve y dotado de un sensor GPS para establecer la ubicación de los datos tomados.

Miguel Ángel tomando medidas con su nivómetro SPPS (Snow Pack Portable Sounder)
Aunque el funcionamiento no ha sido perfecto, hemos pasado un buen ratito midiendo el espesor de nieve y su temperatura en una zona próxima a la base antártica. Esta tarea ha sido interrumpida por el vuelo de un helicóptero. Y es que hoy hemos recibido la visita de una inspección. Como sabéis, la Antártida está protegida por el Tratado Antártico, y los países firmantes tienen el derecho de inspeccionar a cuantos trabajan en este continente. Y como ya ocurriera la campaña pasada en ambas bases españolas, hoy ha tocado una nueva inspección, que ha llegado a la base en un helicóptero de la fuerza aérea de Chile. Un espectáculo poco frecuente el ver aterrizar un helicóptero por estas tierras. Pero se han ido pronto, y apenas habíamos acabado de hacer nuestras medidas de prueba con el prototipo, se han ido.

 ¡Que vienen los inspectores!

Vídeo: helicóptero FACH despegando

Justo antes de comer nos ha sorprendido la visita de nuestros colegas portugueses Ana y Lorenzo, que venían a visitarnos y a ver la cámara de fotos que Manuel les arregló ayer noche. Les hemos ayudado a programarla. Tras la comida ellos se han ido, pero hemos quedado en hablar por radio para coordinar que mañana les hagamos una visita para ayudarles con la instalación de la cámara y para conocer sus zonas de trabajo. La idea es hacer de evaluadores externos y criticar sus instrumentos y estaciones con el fin de mejorarlos y hacerlos más adecuados para los objetivos de nuestros proyectos. Así que mañana, si el tiempo lo permite, iremos a trabajar a sus zonas de estudio.

Y el resto de la tarde lo hemos dedicado a empezar a empaquetar el material y a organizar lo que hará falta en la fase de Byers, que se inicia la semana que viene. así que trabajo aburrido de base, pero hay que hacerlo. También estuvimos dándole vueltas a ver cómo podíamos enfocar la cámara Campbell con un capturador de imagen para PC. Ya lo probamos en Decepción sin éxito. Después de darle muchas vueltas, llegamos a la conclusión de que el capturador estaba roto. David Vila nos dejó una pequeña pantalla LCD que se usa para drones, y con ella pudimos enfocar la imagen sin problemas y en un minuto. Nos ha dicho que nos la presta para Byers. ¡Mil gracias!

Pocas aventuras para el día de hoy, pero se agradece un día de relativa calma.

M.A. de Pablo

miércoles, 17 de febrero de 2016

Evaluación de daños

Isla Livingston, Antártida, 17 de Febrero de 2016

Tras la gran ventisca de ayer, el día de hoy ha sido el de la evaluación de daños. En la base el trabajo ha sido frenético por intentar evaluar los desperfectos causados por la nieve. Alojamientos, corriente eléctrica, agua, comunicaciones... 

Por nuestra parte, también queríamos ver el estado de las estaciones, así que, una vez más, hemos subido al Monte Reina Sofía a ver el estado de nuestros instrumentos. Y la verdad es que la cosa no ha ido mal del todo. Por un lado, nuestras estaciones fijas no han sufrido daños, más allà de la rotura de algun viento viejo que hemos repuesto inmediatamente. Pero los mayores desperfectos los ha sufrido a pequeña estación meteorológica de la Universidad de Vigo. El anemómetro (instrumento para medir la velocidad del viento) ha, literalmente, volado. Ha desaparecido del todo. Damos una batida por la zona pero no aparece, así que habrá ido a parar bien lejos. Además la antena de comunicaciones ha pedido uno de sus segmentos, aunque seguirá operativa, y además ha perdido la orientación. Pero lo hemos arreglado en un momento. La caja de electrónica, a pesar de contener una pesada batería y tener una gran piedra encima, se ha volcado. Si que ha debido de soplar fuerte, si.

Estado de la plataforma de la Universidad de Vigo tras la tormenta

Tras evaluar y reparar estos daños, hemos instalado los últimos sensores de temperatura en el Sofía. Los del sondeo que Inaki nos ayudó a recuperar hace un par de días. Lo hemos limpiado e introducido los nuevos sensores. Luego nos hemos acercado al "agujero del infierno helado", y hemos comprobado que ya se había rellenado solo gracias al viento de la tormenta de ayer. De hecho, las dos palas que habíamos dejado han desaparecido también, sin duda, arrastrada por el viento de la tormenta. Seguro que en un par de años vuelven a aparecer cerca de la base, porque muy lejos tampoco pueden haber ido a parar. Así que sin palas, no había nada que hacer, y hemos regresado a la base.

Justo antes de llegar, en el sitio que llamamos Nuevo Incinerador, hemos recuperado los últimos sensores para reponerlos esta misma tarde, terminando así el volcado de datos y la recuperación de sensores. De hecho, había bastante nieve aún (unos 60 cm), por lo que hemos tenido que palear un poco. El sensor que mide la temperatura del suelo estaba completamnte cubierto por hielo, así que hemos tenido que recurrir a un soplete para descongelar el suelo y permitirnos sacar el sensor del suelo.

También nos hemos pasado a ver el estado de la antena de HF. Bueno, pues había desaparecido de su sitio. Buscando, encontramos el mástil de la antena en el rio parcialmente partido. En el rio también acabó la rueda de madera de los bobinados de cable destrozada. La tormenta también arrancó el conector del cable de antena. En fin, se acabaron las pruebas de HF por esta campaña.

Restos de la antena de HF
Ya después de comer hemos programado e instalado los últimos sensores, y luego hemos estado intentando reparar un disparador de una cámara fotográfica automática que nuestros colegas portugueses que están en la base búlgara (a unos cientos de metros de la base Española, pero sin acceso directo). Manuel ha aplicado toda su magia de ingeniero de telecomunicaciones e ingeniero electrónico para, en unos minutos, hacerlo funcionar de nuevo. ¡¡Menudo fichaje hemos hecho!! Hemos quedado con nuestros colegas portugueses para devolvérselo lo antes posible. Ya veremos a ver cuando es posible.

Y con la satisfacción de haber comprobado que nuestras estaciones han sobrevivido en perfectas condiciones a la ventisca de ayer, y que hemos podido ayudar a nuestros colegas portugueses, nos vamos a dormir, que nos lo merecemos un poco.

¡Hasta mañana!

M.A. de Pablo

martes, 16 de febrero de 2016

La gran tormenta

Isla Livingston, Antártida, 16 de Febrero de 2016

Pues si ayer fue un día duro... hoy ha sido tremendo.

Os pondremos en antecedentes, porque contanto la aventura tán rápidamente como lo hacemos, nos hemos quedado sin daros muchos detalles.

Como sabéis por campañas anteriores, la BaseAntártica Española Juan Carlos I se encuentra en fase de remodelación. Se están contruyendo una nueva base que permita tener más capacidad de científicos, y mejores instalaciones, porque la base original ya estaba fuertemente deteriorada. Los edificios se acabaron de construir hace un par de años, y este año se están ya haciendo los interiores (poniendo tabiques prefabricados, cableado eléctrico, calefacción, etc.). Por eso, en la base hay casi una veintena más de personas trabajando en estas tareas. Esto hace que, dado lo precario de las instalaciones que hay en la actualidad, estemos repartidos por diversos contenedores para dormir, hacemos turnos de comida porque no cabemos todos en el comedor, etc. Además, la zona de la base está llena de palés con los paneles de material prefabricado con el que se están construyendo las paredes interiores. Bueno, pues estos son los antecedentes que ayudarán a entender lo que ha pasado el día de hoy.

Por la mañana Manuel y Miguel Ángel nos hemos levantado pronto, porque nos tocaba el turno de servicio. Es decir, es un día que tenemos que dedicar a poner y quitar la mesa, preparar el desayuno, lavar cacharros, apoyar a los cocineros si hace falta, limpiar los baños y las duchas,... en fín, ejercer de amos de casa. Cuando nos hemos levantado ya soplaba el viento. Nos habían advertido ayer que la previsión era de día ventoso para hoy

La primera sorpresa del día ha sido que no había corriente eléctrica.. así que hoy no hemos podido preparar tostadas para el desayuno. Así que hemos preparado varias cafeteras para el desayuno y calentado varios litros de leche. Mientras hemos tenido que lavar con agua fría algunos platos, vasos y cubiertos para que hubiera para todos. Hemos puesto la mesa y listo para desayunar el primer turno... Después como hemos podido hemos hemos lavado de nuevo platos, tazas, vasos y cubiertos para el segundo turno, además de hacer unas cuantas cafeteras más y más leche. Listos para el segundo turno en el que ya hemos desayunado nosotros. Mientras, poco a poco ha ido subiendo el viento y se ha levantado ventisca. Tanto que cuando hemos acabado de fregar los cacharros del desayuno, al ir a limpiar los baños y duchas, no podíamos abrir la puerta por el fuerte viento, o cuando la abríamos, el viento nos la arrancaba de las manos... menos mal que entre los dos podíamos sujetarla bien. Pero la ventisca ya era importante. Joan, el especialista de medio ambiente de la base, ejerciendo estos días de jefe de base, prohibió ayer los trabajos científicos fuera de la base, ya que trabajar en el glaciar o el monte Reina Sofía con esta ventisca es muy peligroso.

Como ya habíamos acabado esta fase del servicio de limpieza, nos hemos subido a un contenedor que llamamos "el saloncito", que es donde tenemos la mesa de trabajo nosotros, pero que en realidad es donde se descansa en tres pequeños sillones, donde se ve alguna película o se lee y charla en los huecos libres. El problema es que como no se había solucionado el problema de la corriente eléctrica, todos los científicos que no tenía luz en sus laboratorios se había subido a este lugar que era de los pocos de la base donde aún había electricidad. Pero subir hasta allí ya fue complicado, porque la ventisca era ya muy fuerte. Miguel Ángel llegó completamente blanco de nieve, hasta las barbas y el pelo con hielo pegado. Como trabajar tanta gente en este pequeño rincón era complicado, mientras Manuel se quedaba en este sitio, Miguel Ángel se bajó a la cocina a ayudar a los cocineros para pasar el rato hasta la hora de comer.
Mientras pelaba cebollas, ajos, y ayudaba a los cocineros, la ventisca empezó a ponerse muy seria. Tanto que empezaron a salir lanzados distintos elementos que había por la base, pero que estaban bien atados. Así que empezamos a oir golpes, y ver pasar paneles completamente desgajados por delante de las ventanas. Esto se ponía peligroso, así que el jefe de base decretó estado de emergencia por condición climática. Es decir, las condiciones ambientales son tan malas que quedaba terminantemente prohibido salir al exterior del módulo en el que cada uno estuviera. A unos les pilló en "el saloncito", a otros en la cocina y el comedor, a otros en los talleres, a otros en los módulos que se están contruyendo. Y solo eran las 11 de la mañana.

A partir de aquí, el tiempo se volvió una locura, el viento, cada vez más fuerte, con rachas de 120 km/h, golpeaba los módulos y los hacía temblar y crujir. Los paléts con paneles atados en el exterior comenzaron a romperse bajo la fuerza del viento y a salir volando por la base, golpeando otros módulos. En la cocina, varios de ellos golpearon con tanta fuerza que tiraton abajo todo lo que había en las estanterías. Fue necesario colocar las placas del horno delante del cristal para protegernos un poco en caso de que un panel rompiera la ventana mientras estábamos preparando la cocina.

El viento no hacía más que soplar, y por radio se iba escuchando el recordatorio de prohibición de salida al exterior. Además se oían informes de unos y otros a medida que se iban viendo desperfectos en los módulos. Por ejemplo, uno de los contenedores que hace de dormitorio, se fue desplazando de su sitio por la fuerza del viento... tanto como 6 metros!, y a punto estuvo de volcar. Por suerte no había nadie dentro de ese módulo. También se escuchó el aviso de que uno de los molinos de viento, usados para generar electricidad se había roto y salido volando. O cómo uno de los iglús de fibra de vidrio se había roto y la nieve comenzaba a entrar en el interior, o cómo otro se levantaba y desplazaba. una locura.

Mientras tanto, todo el mundo, más o menos preocupado, en el interior del módulo donde le había pillado la el aviso de prohibición, iba haciendo cosas para distraerse: leer, escribir, charlar, jugar a las cartas,... Llegada la hora de la comida, sólo la docena de personas a quienes la alerta les pilló en el comedor y la cocina pudieron comer, pero el resto tuvieron que aguantar el hambre. Lo mismo que las ganas de ir al servicio, ya que lo único que se pudo hacer es improvisar servicios en cubos para las aguas menores.

A eso de las 15h, el viento, aunque aún muy fuerte, ya iba remitiendo lentamente, permitiendo a los especialistas de montaña de la base salir a ver las condiciones de seguridad y si era posible mover a la gente en pequeños grupos hasta el comedor. Y así fue. Con precaución, y en pequeños grupos se fue llevando a la gente de los distintos módulos hasta el comedor y el servicio. Un comedor muy pequeño, pero que cobró una gran vida, pues en algún momento estuvimos todo el personal de la base en el interior. Unos comiendo, otros tomando café y calentándose después de toda la mañana en algún módulo sin calefacción, y otros contando lo que podían ver desde las ventanas de la terrible ventisca. Una locura de servicio para Miguel Ángel, que le toco poner y quitar la mesa muchas veces, fregar con agua fría, preparar café para los que iban llegando al comedor,...  A Manuel le pilló en el saloncito, así que se libró de estas tareas. Pero ya tendría tiempo de recuperarlo en la cena. Tras la comida, y aprovechando que todo el mundo estaba en el comedor, se informó de que las condiciones meteorológicas irían mejorando por la tarde, pero que el personal científico seguía con la prohibición de salir al exterior. Mientras, los técnicos intentaban conectar la corriente de nuevo, descongerlar las tuberías para tener agua corriente, y mover los contenedores que el viento había movido de sitio.

Contenedor de dormitorios 2 desplazado por el viento


Al final de la tarde, con la tormenta ya calmada, se levantó la prohibición, y pudimos recorrer la base viendo los enormes desperfectos causados por la terrible tormenta de nieve. Sin duda la más fuerte que muchos han visto por estas latitudes. El resto de la tarde se dedicó a ir recogiendo todo el material que el viento había desperdigado por la zona de la base. Las caras de preocupación se fueron relajando poco a poco, y aunque aún no había agua corriente por la congelación de las tuberías, la luz parecía que ya llegaba a todos los módulos.

La cena fue un poco ligera, con una sopa caliente y embutido para todos los que habían estado trabajando en el exteior recogiendo materiales y reparando los desperfectos. Tras la cena, un brindis con cava para celebrar que habíamos sobrevivido sin más que desperfectos en la base. Sin duda algo que celebrar, porque de haberse producido un accidente, este habría sido realmente grave y sin posibilidades de evacuación en la terrible tormenta.

Tras fregar y recoger, para acabar el día de servicio de limpieza, nos tomamos un Baylis con Daniel y Ángel, el cocinero y la pinche, con quienes Miguel Ángel había pasado todo el día preparando comidas y cafés, y atendiendo a los que tras muchas horas de aislamiento, fueron llegando al comedor. Un día agotador, pero al que hemos sobrevivido. Sin duda un día que recordaremos muchos años.

M.A. de Pablo

lunes, 15 de febrero de 2016

Un día duro

Isla Livingston, Antártida, 15 de Febrero de 2016

Hoy ha sido otro de esos días duros. El día ha levantado ventoso, y eso ya sabemos lo que significa: que en el monte Reina Sofía habrá una buena ventolera y que la temperatura será muy baja allá arriba. Es decir, que será un día complicado de trabajo en el campo. Pero tenemos el objetivo de intentar sacar los sensores de un sondeo corto que hay en la cima y que el primer día comprobamos que había entrado agua y el hielo impedía sacar los sensores.

Hemos subido con Iñaki, que iba cargado con la sonda de vapor: un invento infernal, similar a una cafetera grande cuya finalidad es la que calentar agua para conseguir vapor que se inyecta en una manguera hasta la punta metálica y microperforada por donde sale el vapor. Normalmente se usa para hacer perforaciones en el hielo del glaciar, pero en muchas ocasiones la hemos empleado para fundir el hielo dentro de nuestros sondeos y poder sacar los sensores. Y esta es otra de esas ocasiones.

Mientras ascendíamos, el viento iba arreciando. Un presagio de lo que nos esperaba hoy en la cima. De hecho, nuestros colegas del equipo de investigación de glaciares de la Universidad Politécnica de Madrid, han tenido que abortar las actividades de hoy, porque trabajar en el glaciar era realmente complicado con este viento. Nosotros hemos decidido probar suerte y subir hasta la cima. la verdad es que el viento y el frío eran tremendos, pero queríamos ir cerrando tareas. No nos quedan muchos días de trabajo en esta parte de la isla, y no queremos desperdiciar ningún día. Así que mientras Manuel y Miguel Ángel se han dedicado a comprobar el funcionamiento del sensor de temperatura y humedad que reinstalaron hace unos días, a sellar la caja de electrónica de forma definitiva por este año, y a reprogramar el envio de datos de la mini estación meteorológica que envía datos por satélite, Iñaki ha empezado a preparar la sonda de vapor.

Y es que el viento hacía muy dificil que la máquina infernal calentara el agua. Y eso que ya la habíamos subido caliente en un termo... pero no habia manera. Tras casi una hora, por fin el agua cogió temperatura suficiente y comenzamos las tareas de fundir el hielo dentro del sondeo. Por suerte es de solo un metro de profundidad. Pero se resistía. Y encima no teníamos mucha agua. Y cuando ya nos habíamos quedado sin agua, Iñaki no pudo por menos que intentar tirar de los sensores... y voila! Ahí van los sensores para fuera.

La pena es que durante las tareas de fundir el hielo con la sonda de vapor, se habían soltado dos de los sensores, que son casi tan grandes como la anchura del sondeo... y al sacar la cuerda de la que colgaban... estos dos sensores se han ido para el fondo!. Menuda contrariedad. Pero por lo menos el sondeo se había salvado y era reutilizable. Pero ya sabéis que no podemos dar las cosas por terminadas a la primera. Así que con lo que teníamos a mano hemos estado improvisando formas de sacar los sensores del fondo del sondeo. Con una barra metálica, con una barra de caña, con las dos a modo de palillos chinos...hasta con la cinta métrica y ¡Oh sorpresa!. Es así como hemos conseguido sacar uno de ellos!! El otro en cambio se resistía, así que ha habido que ingeniarse una especie de anzuelo rústico diseñado por Manuel para conseguir sacar el otro! Pero prueba superada!!  Y eso que el viento no hacía más que azotarnos... tanto que todo esto que os hemos contado lo hemos hecho tumbados encima de la nieve, porque de rodillas o agachados nos habría tirado el fuerte viento.

¡Qué gustazo el poder volver a poner la tapa del sondeo tras haber sacado el agua del fondo y todos los sensores...! Es el gustazo que da el resolver un problema ingeniándoselas con pocas cosas y en condiciones extremas. Todo un placer para la mente... que no para el cuerpo, porque las manos las teníamos ya que no las sentíamos, y eso que habíamos estado trabajando con guantes toda la mañana.

Satisfechos decidimos pasar por el sondel de 15 metros para tapar el "agujero del infierno helado" que nos prepararan el otro día David y Tetyana, Pero el viento nos tiraba. Y al coger las palas, éstas hacían efecto vela y el viento nos derribaba. Dado de lo peligroso de la operación, Iñaki decidió abortar esta actividad y regresar a la base. Algo que aceptamos de muy buen grado, pues teníamos las manos y los pies ya ateridos de frío. Pero por el camino no pudimos resistirnos a instalar unos poco sondeos más en la estación que llamamos Morrena, situada a medio camino entre la cima del monte y la base española.

De toda esta actividad matutina no hay registro fotográfico, porque cualquier sacaba las manos de los guantes para hacer fotos... y además ponerse de pie era todo un deporte de riesgos... así que como para hacer fotos...

Tras esta larga mañana, llegamos a la base a tiempo de comer y de darnos un merecido descando. Por la tarde hemos estado paleando nieve en las inmediaciones de la base para sacar los últimos sensores que nos quedaban por recuperar. Y con esto tenemos ya recuperados todos los sensores de la zona. Solo nos queda instalar unos pocos en varias estaciones y ya habremos cumplido los objetivos prioritarios de esta fase de la campaña.

Y con esta satisfacción nos vamos dormir, que además mañana nos espera un día largo pues tenemos turno de servicio a la base. Ya sabéis: poner y quitar la mesa, ayudar al cocinero, lavar cacharros, limpiar los baños y las duchas, tirar la basura a sus contenedores respectivos.

¡Buenas noches!


 M.A. de Pablo

domingo, 14 de febrero de 2016

Un día relajado

Isla Livingston, Antártida, 14 de Febrero de 2016

Hoy es domingo. En la base, los domingos, si las labores de los científicos lo permite, es día de descanso para la dotación. No quiere decir que no se trabaje, sino que se hacen sólo tareas de base, y los horarios son más laxos.

Nosotros no podemos permitirnos un día de descanso. Al menos no por el momento hasta que los objetivos estén cumplidos. Pero la verdad es que llevamos una semana muy intensa, así que hemos decidido relajar un poco el ritmo, pero sin dejar de trabajar. Por eso, hoy nos hemos levantado igual que el resto de los días, y después de desayunar hemos cogido el mástil para el nivómetro y los sensores que programamos ayer por la tarde para ir instalándolos ya en algunas de las estaciones, completando así las tareas de mantenimiento. Así que hemos recorrido varias estaciones instalando sensores, poniendo vientos nuevos para sujetar los mástiles y finalmente hemos instalado el nivómetro en Collado Ramos. 

Nuevo nivómetro instalado en Collado Ramos

Como aún era temprano, hemos decidio bajar por el lado contrario del cerro y bajar a Caleta Argentina, a visitar una pequeña pingüinera que hay allí. La verdad es que mientras bajabamos, no hemos visto pingüinos y nos hemos sorprendido, pero luego nos hemos dado cuenta de que los pingüinos se habían protegido entre las rocas. Había bastantes pollitos reunidos en una guardería protegida por unos pocos adultos. Y es que las skúas no hacían más que rondar a los jovenes pingüinos en busca de poder comerse alguno. De lejos, siguiendo las indicaciones del Tratado Antártico que prohíbe acercarse a los animales ni molestarles, hemos pasado unos minutos observándoles antes de continuar por la playa a lo largo de la caleta. En nuetro camino, mientras charlábamos y paseábamos, hemos podido ver algunos lobos de mar, una pequeña foca de weddel y algunos pingüinos más. Y luego hemos regresado sobre nuestros pasos para volver a la base a comer.

Pingüinos en Caleta Argentina

Lobo de mar descansando sobre musgos cerca de unos huesos de ballena

Por la tarde, Manuel ha estado realizando pruebas de comunicaciones con España. Hace un par de tardes habíamos instalado una antena extensible en la parte trasera de la base, y hoy Manuel ha estado haciendo varios intentos por contactar con otros radioaficionados en España. Y aunque ha oído a algunos de sus amigos, éstos no le escuchaban en España. Pero si ha podido hablar con gente de Italia y suramérica. Habrá que seguir intentándolo la próxima semana.

Manuel realizando pruebas de comunicación por voz y digital en la BAE Juan Carlos I

Y tras la cena, estuvimos un rato viendo una película en uno de los contenedores que hace las veces de sala de estar. Aunque es muy pequeña y es la que usamos nosotros como puesto de trabajo, es suficiente para varias personas. al fin y al cabo mucha gente en poco espacio se está calentito, que por aquí no sobra el calor. y además, de lo que se trata es de desconectar un rato y estar junto a otros científicos y técnicos sin hablar de trabajo.

En fín, un día relajado. Mañana volvemos a la carga.

M.A. de Pablo

sábado, 13 de febrero de 2016

Un día grande

Isla Livingston, Antártida, 13 de Febrero de 2016

Hoy es un día importante. Tenemos mucha tarea que hacer en el monte Reina Sofía, incluyendo intentar abrir el sondeo de 15m para reponer los sensores. Esperamos que no se haya inundado.

Lo primero que hacemos es reemplazar el sensor de temperatura y humedad que estaba dando valores erroneos en la estación de la cumbre. Eso nos llevó un buen rato, especialmente porque hacía mucho viento y cualquier tarea sencilla que en condiciones normales es cuestión de un par de minutos, aquí te puede llevar media hora larga. El viento y el frío son los peores enemigos. Aquí quitarse un guante para conectar un cable puede suponer que se te congelen los dedos. Un día soleado no, pero los días de viento... De hecho, una vez reemplazado el sensor, comprobamos los valores que estaba dando... -9ºC... y con el viento tan fuerte, podríamos tener una sensación térmica de al menos -20ºC... en estas condiciones es normal que las manos nos dolieran y tuviéramos que estar continuamente parando para meterlas en los bolsillos a calentar. incluso con dos pares de guantes sobrepuestos. Pero estas son las aventura de la Antártida.

Tras acabar de instalar el nuevo sensor y asegurarnos de que funcionaba correctamente y de que la estación quedaba bien cerrada, aislada y asegurada, nos movimos al "agujero del infierno helado" a ver en que condiciones estaba el sondeo. Efectivamente, tal y como nos anunciaron ayer, el bidón que protege el sondeo estaba a la vista (con alguna que otra dentellada de la motosierra), y dentro una capa de agua y otra de hielo nos impedía ver la boca del sondeo. Como hombres precabidos, nos habíamos subido un trozo de tubo para ir absorviendo el agua y sacarla del sondeo.... pero era una tarea penosa, así que Miguel Ángel se quitó los guantes para sacar el agua del bidón a mano. Al cabo de unos pocos minutos el dolor era insufrible, pero no se había sacado todo el agua del bidón. Así que Manuel tubo una brillante idea... mientras Miguel Ángel intentaba volver a calentar las manos, Manuel sacó un par de cervezas... la excusa era descansar de la dura mañana que llevábamos, pero sacar el agua del bidón con la lata fue una idea brillante de Manuel. Así que para cuando nos acabamos la cerveza protegidos del viento dentro del "agujero del infierno helado", Miguel Ángel ya se había calentado un poco las manos y pudo reiniciar el drenaje del agua, esta vez con los guantes puestos y la ayuda de la lata de cerveza. Y vaya si funcionó. En unos poco minutos ya solo quedaba un poco de agua que sacamos metiendo nieve dentro del bidón para que la absorviera. ¡Y ya se veía la caja del sondeo!

Manuel tomó entonces las riendas para picar el hielo que aún nos impedía abrir la caja. Con la ayuda de un piolet, fue picando con paciencia el hielo hasta dejarlo listo. Luego Miguel Ángel, armado con un destornillador, se enfrentó a la tarea crítica de abrir el sondeo.... cuatro eternos tornillos... y voila! Un poco de hielo en el interior pero aparentemente sin afectar a la boca del sondeo. Y tras un redoble de tambór..... ¡tachán! el sondeo se abrió y los sensores salieron rápido y completamente secos!!!! ¡El sondeo estaba a salvo! ¡Menos mal!  La cara de satisfacción de Miguel Ángel era el resultado de la descompresión por tanta tensión acumulada pensando en el desastre que podría haber sido esto en el caso de que hubiera entrado una gota de agua.

Miguel ángel mostrando la cuerda con los sensores salvados del sondeo de 15 m

Sin parar un momento a felicitarnos rápidamente sacamos los sensores y metimos los sensores nuevos, y luego a sellar el sondeo de nuevo. Tapa roscada, sellado, tapa con sus tornillos y listo. Sondeo recuperado y listo para un nuevo invierno. Uff! qué alivio y qué peso nos hemos quitado de encima.

También recogimos la cámara que dejamos hace dos días en la Morrena. Aquí tenéis lo que capturó la cámara. Lamentablemente la batería solo duró apenas hora y media.


Montes Papagal (derecha) y Charrua (izquierda)

Y con la satisfacción del trabajo bien hecho, y azuzados por el fuerte viento, bajamos a comer a la base, y darnos el homenaje de una buena siesta... que el logro lo merece.

Por la tarde estuvimos haciendo tareas varias, incluyendo acabar de preparar el mástil para instalarlo como nivómetro en Collado Ramos. Manuel lo pintó hace ya unos días, pero aún no ha secado del todo. Pero no es problema, porque el viento ya se encarga de eso.

En fín, hoy ha sido un día grande... nos vamos a descansar.

M.A. de Pablo