sábado, 13 de febrero de 2016

Un día grande

Isla Livingston, Antártida, 13 de Febrero de 2016

Hoy es un día importante. Tenemos mucha tarea que hacer en el monte Reina Sofía, incluyendo intentar abrir el sondeo de 15m para reponer los sensores. Esperamos que no se haya inundado.

Lo primero que hacemos es reemplazar el sensor de temperatura y humedad que estaba dando valores erroneos en la estación de la cumbre. Eso nos llevó un buen rato, especialmente porque hacía mucho viento y cualquier tarea sencilla que en condiciones normales es cuestión de un par de minutos, aquí te puede llevar media hora larga. El viento y el frío son los peores enemigos. Aquí quitarse un guante para conectar un cable puede suponer que se te congelen los dedos. Un día soleado no, pero los días de viento... De hecho, una vez reemplazado el sensor, comprobamos los valores que estaba dando... -9ºC... y con el viento tan fuerte, podríamos tener una sensación térmica de al menos -20ºC... en estas condiciones es normal que las manos nos dolieran y tuviéramos que estar continuamente parando para meterlas en los bolsillos a calentar. incluso con dos pares de guantes sobrepuestos. Pero estas son las aventura de la Antártida.

Tras acabar de instalar el nuevo sensor y asegurarnos de que funcionaba correctamente y de que la estación quedaba bien cerrada, aislada y asegurada, nos movimos al "agujero del infierno helado" a ver en que condiciones estaba el sondeo. Efectivamente, tal y como nos anunciaron ayer, el bidón que protege el sondeo estaba a la vista (con alguna que otra dentellada de la motosierra), y dentro una capa de agua y otra de hielo nos impedía ver la boca del sondeo. Como hombres precabidos, nos habíamos subido un trozo de tubo para ir absorviendo el agua y sacarla del sondeo.... pero era una tarea penosa, así que Miguel Ángel se quitó los guantes para sacar el agua del bidón a mano. Al cabo de unos pocos minutos el dolor era insufrible, pero no se había sacado todo el agua del bidón. Así que Manuel tubo una brillante idea... mientras Miguel Ángel intentaba volver a calentar las manos, Manuel sacó un par de cervezas... la excusa era descansar de la dura mañana que llevábamos, pero sacar el agua del bidón con la lata fue una idea brillante de Manuel. Así que para cuando nos acabamos la cerveza protegidos del viento dentro del "agujero del infierno helado", Miguel Ángel ya se había calentado un poco las manos y pudo reiniciar el drenaje del agua, esta vez con los guantes puestos y la ayuda de la lata de cerveza. Y vaya si funcionó. En unos poco minutos ya solo quedaba un poco de agua que sacamos metiendo nieve dentro del bidón para que la absorviera. ¡Y ya se veía la caja del sondeo!

Manuel tomó entonces las riendas para picar el hielo que aún nos impedía abrir la caja. Con la ayuda de un piolet, fue picando con paciencia el hielo hasta dejarlo listo. Luego Miguel Ángel, armado con un destornillador, se enfrentó a la tarea crítica de abrir el sondeo.... cuatro eternos tornillos... y voila! Un poco de hielo en el interior pero aparentemente sin afectar a la boca del sondeo. Y tras un redoble de tambór..... ¡tachán! el sondeo se abrió y los sensores salieron rápido y completamente secos!!!! ¡El sondeo estaba a salvo! ¡Menos mal!  La cara de satisfacción de Miguel Ángel era el resultado de la descompresión por tanta tensión acumulada pensando en el desastre que podría haber sido esto en el caso de que hubiera entrado una gota de agua.

Miguel ángel mostrando la cuerda con los sensores salvados del sondeo de 15 m

Sin parar un momento a felicitarnos rápidamente sacamos los sensores y metimos los sensores nuevos, y luego a sellar el sondeo de nuevo. Tapa roscada, sellado, tapa con sus tornillos y listo. Sondeo recuperado y listo para un nuevo invierno. Uff! qué alivio y qué peso nos hemos quitado de encima.

También recogimos la cámara que dejamos hace dos días en la Morrena. Aquí tenéis lo que capturó la cámara. Lamentablemente la batería solo duró apenas hora y media.


Montes Papagal (derecha) y Charrua (izquierda)

Y con la satisfacción del trabajo bien hecho, y azuzados por el fuerte viento, bajamos a comer a la base, y darnos el homenaje de una buena siesta... que el logro lo merece.

Por la tarde estuvimos haciendo tareas varias, incluyendo acabar de preparar el mástil para instalarlo como nivómetro en Collado Ramos. Manuel lo pintó hace ya unos días, pero aún no ha secado del todo. Pero no es problema, porque el viento ya se encarga de eso.

En fín, hoy ha sido un día grande... nos vamos a descansar.

M.A. de Pablo

viernes, 12 de febrero de 2016

El glaciar rocoso y buenas noticias

Isla Livingston, Antártida, 12 de Febrero de 2016

Hoy toca expedición. Nuestros colegas portugueses, que están trabajando en el entorno de la cercana base búlgara, necesitan trabajar en la zona del Glaciar Rococo, justo al otro lado de la península Hurd. Este año, van a volver a medir, mediante un dispositivo GPS diferencial (que les dará errores de menos de 1 mm en la posición), la ubicación de una serie de estacas que instalamos en enero del 2009. La idea es medir cuánto se está moviendo este glaciar que, más que hielo, está formado por roca, pero que contiene una cantidad desconocida dehielo en su interior. El caso es que aunque esta formado de roca, se mueve ladera abajo como un glaciar.

La tarea que tienen que hacer no es dificil, pero con nuestra ayuda se podrá hacer en 4 horas una tarea que llevaría el doble de tiempo. Nosotros iremos buscando estacas con nuestro GPS normal, y ellos nos seguirán tomando las medidas necesaria con el sistema de GPS diferencial.

Por seguridad, la Base Juan Carlos I, nos llevará en una embarcación neumática que acompañará a la de los investigadores búlgaros que llevarán a nuestros colegas portugueses. Lo malo es que sabemos que ellos estarán pasando frío en la embarcación mientras nosotros trabajamos. Así que nos da un poco de pena, pero es algo que hay que hacer.

A las 10 de la mañana llegó a la playa la embarcación de los bulgaros con nuestros colegas portugueses, y un rato después ya estábamos ambas embarcaciones en marcha. La travesía no fue muy complicada, ya que solo soplaba un poco de viento y el mar apenas se rizaba. Por el camino pudimos ir disfrutando de increíbles icebergs que salpicaban la bahía. Algunos realmente grandes. A Manolo no le sentó muy bien el viaje y llegó a la playa del Glaciar Rocoso levemente revuelto... esperemos que a la vuelta no lo pase tan mal.
Icebergs en Bahía Sur en nuestro camino hacia el Glaciar Rocoso

El glaciar rocoso a nuestra llegada a la zona

Una vez en la zona, desembarcamos todo el material científico, con cuidado de no molestar ni a los pingüinos ni a los muchos lobos de mar que estaban en la playa. De hecho uno echó a correr detrás de nosotros. ¡Menudo susto! 
Lobos de mar en la playa del glaciar rocoso

Pasamos la mañana y hasta las 16h en la zona, recorriéndola de arriba a abajo y de abajo a arriba buscando y tomando la posición de las estacas de control. Pero estuvo bien, porque el día acompañó. De hecho es la primera vez en varios años que no nos nieva, ni hay viento ni niebla... Así que aunque hacía frío, el trabajo lo hicimos bastante rápido. Ana y Lorenzo, nuestros colegas portugueses, pudieron hacer todo el trabajo, asi que la expedición fue de lo más fructífera.

Anna y Lorenzo midiendo la posición de las estacas de control

Video: Desplome Iceberg

Ya acabado el trabajo, a las 16:30h, nos dimos cuenta de que no habíamos parado ni para beber agua. La presión por hacer el trabajo y acabar lo antes posible para que los que nos esperaban en la embarcación no sufrieran demasiado, nos hizo realizar todo el trabajo sin ninguna pausa. Sólo de vez en cuando nos permitíamos levantar la vista para disfrutar de los gigantescos glaciares que hay al otro lado de la bahía, y de los icebergs cercanos a la playa, alguno de los cuales no hacía más que resquebrajarse y derrumbarse haciéndonos mirar cada ve que se desprendían de él enormes bloques de hielo.

Glaciares en Bahía Falsa

Icebergs en Bahía Falsa

Así que cuando llegamos a la playa, mientras que se recogía el material y nos poníamos los trajes de supervivencia, aprovechamos para beber algo y tomarnos unas onzas de chocolate... (¡qué vicio más bien recibido por estas latitudes!). Y de nuevo a embarcar, esta vez con unas pocas olas azotando la playa, pero nada insalvable. Iniciamos el camino de regreso en el que, ya cansados, apenas hicimos demasiado caso a los icebergs.

Llegamos a la base a media tarde y aprovechamos para tomarnos el bocadillo que con tanto cariño nos había preparado el cocinero. Manuel había realizado mejor viaje, y llegó también con buen apetito. Mientras hacíamos tiempo para cenar, David nos sorprendió con la noticia de que había estado cortando más hielo y había conseguido dejar al descubierto parte del bidón que protege nuestro sondeo casi en la cima del monte Reina Sofía. ¡Qué buena noticia! Así que con unas cuantas horas de motosierra se han ahorrado una semana de penoso trabajo de picar hielo a mano... Y encima nos han dejado un agujero amplio en el que poder trabajar con comoididad. ¡Así da gusto!  En todo caso, la mala noticia (siempre tiene que haberla), es que el bidón que protege el sondeo tiene hielo y agua. Y en el fondo está la boca del sondeo. Así que hemos empezado a temblar de miedo al pensar que haya entrado agua en la perforación...sería un desastre total. Mañana lo descubriremos.

Otra de las buenas noticias que recibimos hoy es que se escuchó la señal que mandamos a través de la ISS en el día de ayer.

Y cansados y excitados por las buenas noticias, nos vamos a dormir. Mañana será un día importante.

M.A. de Pablo

jueves, 11 de febrero de 2016

De todo un poco

Isla Livingston, Antártida, 11 de Febrero de 2016

Hoy es un día en el que hemos hecho de todo.

Hemos desayunado en el primer turno (ya os contaremos que es esto de los turnos), y luego corriendo nos hemos ido a intentar realizar un envío de datos con a través de la Estación Espacial Internacional. El tener un doctor en telecomunicaciones en el equipo es lo que conlleva: poder hacer cosas exóticas y de lo más interesantes de cara a la futura autoimatización de las estaciones y el envío de datos a España. Así que en esta primera campaña de Manuel, estas pruebas de comunicaciones tienen una gran importancia.

El caso es que a primera hora de la mañana hemos conseguido escuchar a la Estación Espacial Internacional, y le hemos mandado una señal de radio con un mensaje sencillo. Así, apuntando con la antena al horizonte y dándole al botón del ordenador hemos estado un rato. Luego nos hemos ido a mirar en internet si se había recibido el mensaje en algún sitio de la Tierra... pero para nuestra desilusión, no ha sido así. No sabemos que ha podido fallar, pero no nos han escuchado en Tierra. La verdad es que sólo había una estación de recepción activa en Argentina, y no parece haber captado la señal, que que debería haber "rebotado" en la Estación Espacial. En todo caso, no desistimos, y Manuel se queda en la base para volver a intentarlo una hora después en el siguiente pase de la estación.
Manuel armado con sus "cacharros" para intentar contactar con la Estación Espacial Internacional

Mientras, Miguel Ángel, acompañado de nuevo por Tetyana, que le ha cogido gusto a esto de picar hielo, sube de nuevo al monte Reina Sofía para realizar tareas varias de mantenimiento de las estaciones y recuperar los sensores instalados allí. Una skúa nos estuvo ayudando a desenredar las cintas que sujetan una de nuestras estaciones...  cuanta amabilidad antártica. Cuando se aburrió de no conseguir llevarse la cinta, la skúa se alejó llevada por el fuerte viento que se comenzaba a soplar.
Una skúa intentando llevarse una cinta de sujección de la estación

Más tarde subieron Manuel con David, armados con la motosierra y gasolina de sobra para ir sacando más hielo e intentar alzancar la boca del sondeo enterrado en el hielo. La verdad es que es toda una ayuda.

David con la ayuda inestimable de la motosierra
Buscando el tesoro

Los siguientes intentos de comunicación con la Estación Espacial Internacional parece no haber sido exitosa en la segunda ocasión, así que como necesitamos la antena, la ha subido y la hemos instalado en un mástil que tenemos en la cima del monte para conectar, ya si, la pequeña estación meteorológica y que envíe los datos a España.

El resto de la mañana le echamos una mano a David y a Tetyana a ir sacando más bloques de hielo... este agujero empieza a asustar. Parece el pozo al fondo del infierno helado. Pero cada vez estamos más cerca de nuestro objetivo. Pero ya cansados de sacar tanto hielo, y agotados de soportar el fuerte viento que se ha levantado a media mañana, decidimos dar por terminada la tarea por hoy.

Sacando bloques de hielo para alcanzar nuestro sondeo

A la bajada del monte Reina Sofía, hemos aprovechado para recuperar sensores de otras estaciones y para colocar una cámara en modo captura de intervalo temporal (timelapse) que recogeremos el próximo día que subamos por ahí. Por la tarde hemos estado volcando datos y preparando el material para apoyar mañana a nuestros colegas portugueses en la zona del glaciar rocoso, al otro lado de la península Hurd. En fín, mañana os contamos la aventura.

M.A. de Pablo

miércoles, 10 de febrero de 2016

Tareas varias

Isla Livington, Antartida, 10 de Febrero de 2016

Ayer por la tarde, Manuel se torció levemente el tobillo con las piedras que hay en la zona de la base. Nada de importancia, pero era mejor que descansara porque queda aun mucha campaña por delante.

Así que Miguel Ángel, acompañado de Tetyana, la médico de la base, se han embarcado esta mañana de nuevo en la ruta de ascenso al monte Reina Sofía (me temo que serán muchas más) para ir paleando nieve y haciendo el agujero en la nieve más grande antes de que los David, uno de los técnicos de montaña de la base, suba la motosierra para ir cortando el hielo.

La verdad es que la tarea es lastimosa, pero entre Tetyana y Miguel Ángel, a turnos, van profundizando poco a poco en la nieve y picando las primeras capas de hielo. Un rato después, David, armado con la motosierra empieza la tarea de ir sacando bloques de hielo. ¡Qué diferencia! Así si que se puede trabajar. En unos pocos minutos ha agrandado el agujero bastante y profundizado más de un metro en el hielo.

Pero por desgracia, la gasolina no dura lo suficiente y nos quedamos sin combustible más rápido de lo que habríamos deseado. Pero visto lo rápido que se avanza con este sistema, ni intentamos continuar picando hielo a mano. Ya ha aparecido la estaca que marca la posición del sondeo, así que mañana volvermos a intentarlo de nuevo, esta vez con más combustible de reserva.

Mientras tanto, Manuel, comienza a realizar pruebas de comunicaciones entre el monte Reina Sofía y la base Juan Carlos I, para ver el alcance del walky talky de 2W que ha traído a la campaña. y la verdad es que es un éxito. También preparar la emisora y todos los dispositivos para mañana intentar, desde esta isla, mandar datos a través de la Estación Espacial Internacional.

Por la tarde, entre Manuel y Miguel Ángel montan una antela dipolo en la parte trasera de la base con el fin de, en los próximos días, hacer pruebas de comunicaciones por radio con España.

En fín, un día más de duro trabajo en el paraíso de hielo. ¡Buenas noches!

M.A. de Pablo

martes, 9 de febrero de 2016

¡A trabajar!

Isla Livingston, Antártida, 9 de Febrero de 2016

Hoy comenzamos el trabajo en serio en esta isla. Lo primero de todo es, como cada vez que llegamos a un sitio nuevo, recorrer todas las estaciones para ver su estado y si hay deterioros visibles y reparaciones que hacer. Además así Manuel podrá conocer nuestras estaciones, su ubicación e instrumentos. Armados de ganas y curiosidad nos levantamos pronto y desayunamos en el turno correspondiente. Luego nos ponemos las mochilas y comenzamos, poco a poco, el ascenso al monte Reina Sofía. Allí tenemos la estación más importante, con un sondeo de 25 m de profundidad. Si recordáis los blogs de las campañas anteriores, la sonda de sensores de temperatura que está en esta perforacion estuvo unos años estropeada sin tomar datos válidos, pero por fin la arreglamos y reinstalamos el año pasado. Y este año toca comprobar que las reparaciones fueron bien y la cadena estuvo trabajando todo el año de forma correcta.

El primer ascenso siempre es duro, porque la cuesta es especialmente elevada en el primer tramo del ascenso. Así que hay que empezar con tranquilidad, que si no luego las fuerzas flojean, y tendremos que subir muchos días. Además subimos el material necersario para volver a instalar aquí la mini estación meteorológica que se comunica vía satélite con la Universidad de Vigo. La idea es repetir el experimento que hicimos hace unas semanas en Decepción en esta otra isla. Así que cargados con batería e instrumentación, vamos avanzando rápidamente. Pero, como decía, la curiosidad hace que no nos rindamos fácilmente, y rápidamente llegamos a la cima. Allí podemos comprobar que aparentemente todo está en su sitio salvo un sensor, que parece deteriorado.

Lo primero de todo es descargar datos de la estación.... y ha funcionado!! Sólo el sensor de temperatura y humedad del aire está dando datos un poco raros. Así que tendremos que reemplazarlo. Pero, por lo demás, todo ha sido un éxito y es una tremenda tranquilidad el saber que volvemos a tener esta estación a pleno rendimiento. Aprovechamos para revisar el resto de instrumentos y parecen estar bien, excepto uno de los sondeos, de hecho el más antiguo que tenemos, realizado allá por el año 2000, que tiene el tapón roto y ha entrado agua del deshielo haciendo imposible sacar los sensores. Tendremos que pedir ayuda para resolverlo, pero esperemos que en unos días esté solventado el asunto.

Manuel volcando datos de la estación en la cima del Monte Reina Sofía


Tras esta revisión, realizamos la instalación de la pequeña estación meteorológica de la Universidad de Vigo y la dejamos lista a falta de instalar la antena, algo que haremos los días siguientes. A continuación nos dirigimos a un emplazamiento situado a pocos metros de la cima del monte, donde tenemos un sondeo de 15 m de profundidad, el segundo más importante de esta región. Si recordais también nuestras aventuras de campañas anteriores, resulta que aunque hace 8 años no había nada de nieve aquí, el año pasado había 3 metros de hielo y nieve. Y la cosa no ha mejorado, porque no se ve la estaca que dejamos clavada marcando su ubicación. Menos mal que tenemos un detector de recco, que nos permite localizarlo con la máxima precisión. Y así es. En pocos minutos localizamos su señal y nos ponemos a cabar la nieve. A esto nos hecha una mano Jordi Felipe, jefe de base, pero que mañana mismo sale de la isla, y hoy ya tiene sustituto. Así que tras un rato de palear, ya empezamos a tener un buen agujero con escalones y todo de acceso. Pero la cosa pinta que va a llevar tiempo, así que Inaki, uno de los técnicos de montaña que ya nos ayudara en muchas ocasiones en campañas anteriores, nos recomienda no palear más nieve y probar a usar una motosierra para ir cortando el hielo para avanzar más rápido. Así que dejamos esta tarea.
El nivómetro de Collado Ramos se ha roto durante el invierno

Lo siguiente es recorrer el resto de estaciones, así que ya con más calma, vamos bajando el monte pasando por las distintas estaciones y comprobando su estado. Algunas están perfectas, pero otras necesitan nuevos vientos para sujetar los mástiles, ya que algunos están francamente deteriorados. El peor parado es el nivómetro de la estación que llamamos Collado Ramos. Allí el mástil está completamente partido y tirado en el suelo... 8 años en pie en este sitio con tanto viento no ha sido precisamente una vida corta. Así que apuntamos esto a la lista de tareas a realizar en estas dos semanas que estaremos en la isla.

Ya por la tarde, no nos podemos resistir a recuperar los primeros sensores, los situados en las proximidades de la base. El resto de la tarde la dedicamos a planificar las tareas de lso próximos días y preparar el material que necesitamos, como un mástil de madera que hay que pintar y dejar listo para instalarlo.

En fín, un día lleno de sorpresas y el pistoletazo de salida de una intensa semana de trabajo. Os iremos contando como avanzan los trabajos.

M.A. de Pablo

lunes, 8 de febrero de 2016

¡Adiós Decepción!, ¡Hola Livingston!


Isla Decepción, Antártida, 6, 7 y 8 de febrero

Llegó el día. No sin pesar, el sábado 6 dijimos adiós (o un hasta luego) a la isla Decepción. El sábado por la mañana nos informaron que embarcaríamos por la noche ese día. Por la mañana, Miguel Ángel se quedó programando su aparatito nuevo de medir nieve. Se trata de un nivómetro basado en arduino compuesto por dos partes: el nivómetro en sí y una consola de mano. Debo decir que está muy bien pensado y muy bien enfocado a medir lo que realmente quiere Miguel Ángel. ¡Y se lo ha hecho él solito!. Ya le he dicho que nos va a quitar el trabajo a los ingenieros. Yo, mientras, acompañé a Alfonso, Vanesa, Belén y Amós a Fumarolas. Esta vez nos acompañó German. Tras recoger las medidas, me llevaron al Cerro de la Cruz. Y se llama así porque efectivamente hay una cruz enorme de madera en la cima. Es un cerro que está  muy cerca de la base argentina. Amós me contó la historia que hace unos años subieron la cruz en helicópero y que pasado un tiempo se cayó. Desde entonces, todos los intentos para volver a ponerla en pie han fracasado. ¡Qué cosas!.
Cerro de la Cruz

Hacía un día precioso. Parece mentira que el día anterior tuviéramos la ventisca de mi vida. Desde el Cerro de la Cruz, pudimos ver unas nubes lenticulares increíblemente bonitas.
Vistas espectaculares

Ya el sábado por la tarde, Miguel Ángel se quedó de nuevo en la base terminando de cerrar las cajas y revisando los gescos y refuerzo del terreno de la base. A mí, me llevaron de nuevo de excusión. Como era mi último día quisieron llevarme de turismo. ¡No podía irme sin ver las ruinas de la base chilena!. Me puse el "Viking" y me fui con Amós y con Gonzalo a Coratinas y a Caleta Péndulo. En Caleta Péndulo se encuentran las ruinas de la base chilena, la cual fue destruida en la última erupción registrada en la isla Decepción, en los años 1969 y 1970. El equipo de Amós tienen alli instalados unos receptores GPS en unos puntos muy concretos, que sirven para medir la deformación del terreno. De este modo, se usan los GPS para contribuir a predecir futuras erupciones, ya que en general una erupción viene precedida por una deformación del terreno que rodea el volcán.

A la vuelta, la parte más amarga de nuestra estancia en Decepción: la despedida. Nos emocionamos todos un poco. Buena gente. No pudimos ni cenar con nuestros compañeros de base, ya que desde el Sarmiento de Gamboa nos había pedido estar a bordo a las 21:00h. Salimos de la base Miguel Ángel y yo, y los tres chilenos: Javier, Mónica y Olga.

Ya en el barco nos informaron que emprenderíamos la marcha a las 4:00 am. La ruta era ir a la isla Rey Jorge a dejar a los chilenos en la base científica chilena Escudero y de ahí, bajar a Livingston.

Así que nada, cenamos un bocata en el barco y nos fuimos a dormir, porque había que levantarse a las 4 am para brindar con sidra cuando saliéramos por los Fuelles de Neptuno. Miguel ángel me explicó que es tradición antártica, y así lo hicimos.

El domingo lo pasamos en el barco. Llegamos a Rey Jorge a eso de las 12:00 am. Nos despedimos de nuestros colegas chilenos y emprendimos la marcha de regreso hacia la isla Livingston. Durante el viaje, nos enseñaron todo el barco. Es una maravilla. Ese barco tiene de todo, y además comodísimo. La única pega, y solo por decir algo, es que noté que se movía un poco bastante. Bueno, que me mareé un poco. Aprovechamos también para echar un buen número de fotos según nos íbamos acercando a Livingston.
Algunas fotos de la travesía

Llegamos sobre las 21:00 a Livingston. Pero ya nos dijeron que nos quedaríamos a dormir y que desembarcaríamos al día siguiente, lunes.

El lunes nos despertamos, desayunamos y nos preparamos para el primer desembarque. La tripulación del Sarmiento de Gamboa montó la barcaza y nos subimos a ella. Previamente nos pusimos el Viking, claro. El mar estaba lleno de pequeños trozos de hielo procedentes de los desprendimientos de los glaciares y de los icebergs, llamado "brass". Ya en tierra nos llevaron a la base y nos enseñaron nuestros "aposentos". Dedicamos el día a acomodarnos en la base. Nos contaron un poco cómo funcionaba la base y dónde estaba cada cosa. A ver, la nueva base se encuentra en obras, y tenemos que vivir con ello. Respecto a la conexión, parece ser que lo de internet está muy limitado, por lo que iremos actualizando el blog poco a poco. Por la tarde nos dimos una vuelta por las inmediaciones de la base y subimos a una colina donde Miguel Ángel tenía uno de sus experimentos. Y poco más...

 Cargando la barcaza, el "brass" entre nosotros y la base

 
 Adivináis por qué lo llaman "Teletubbie"

Despidiendo al Sarmiento

 
De paseo por la playa

M. Prieto






 

viernes, 5 de febrero de 2016

Ventoso y hermoso

Isla Decepción, Antártida, Viernes 5 de febrero de 2016

Hoy ha sido el día más ventoso desde que llegamos aquí. Ha sido el peor día de temporal sin duda. Se han registrado rachas de hasta 90 km/h. Como muestra un botón: 21,2 m/s (76,32 km/h).

¡Que me vuelo!


No hemos podido hacer mucho fuera de la base, la verdad. Hemos estado prácticamente recluidos. El viento arrastraba piroclasto y temblaban los módulo. Se formaban nubes y remolinos de polvo y piedras. Muy impresionante, la verdad. Grabamos un vídeo para que os hagáis una idea. Y mientras, el Sarmiento haciendo el hipódromo, claro.

Vídeo: viento hipo-huracanado

La mañana la hemos aprovechado para empezar a procesar datos y dar los últimos retoques a la charla que hemos dado esta noche a toda la base. La semana pasada nos pidieron que diéramos una charla explicativa de lo que hacemos en Decepción y la hemos presentado esta tarde. Creemos que ha gustado bastante, por la afluencia de público y por las preguntas de después. Nosotros hemos salido muy contentos.

La clase muy atenta

Empezó Miguel Ángel explicando por qué es interesante estudiar el permafrost, por qué en la Antártida y cómo monitorizamos su evolución aquí en Decepción. Más concretamente ha explicado a todo el mundo qué tenemos en el collado de crater lake y qué hacemos con ello. Yo también he tenido mi modesta intervención, contando básicamente qué es lo que hace un ingeniero de teleco en la Antártida. Les he explicado cómo he venido principalmente a echar una mano a Miguel Ángel y a coger ideas para automatizar las estaciones de medida del permafrost.

Después de la charla, cena y peli. Esta vez, Amós ha puesto Stardust. Aunque no os lo creáis, se ha quedado a verla más gente que con Machete.

M.Prieto