jueves, 18 de febrero de 2016

De todo un poco

Isla Livingston, Ántártida, 18 de Febrero de 2016

Hoy hemos hecho de todo un poco. Por la mañana hemos estado probando un nuevo prototipo de Miguel Ángel, un sondeador de nieve: un dispositivo de portátil diseño y construcción propia para medir espesor de nieve,  temperatura de la superficie y de la base de la capa de nieve y dotado de un sensor GPS para establecer la ubicación de los datos tomados.

Miguel Ángel tomando medidas con su nivómetro SPPS (Snow Pack Portable Sounder)
Aunque el funcionamiento no ha sido perfecto, hemos pasado un buen ratito midiendo el espesor de nieve y su temperatura en una zona próxima a la base antártica. Esta tarea ha sido interrumpida por el vuelo de un helicóptero. Y es que hoy hemos recibido la visita de una inspección. Como sabéis, la Antártida está protegida por el Tratado Antártico, y los países firmantes tienen el derecho de inspeccionar a cuantos trabajan en este continente. Y como ya ocurriera la campaña pasada en ambas bases españolas, hoy ha tocado una nueva inspección, que ha llegado a la base en un helicóptero de la fuerza aérea de Chile. Un espectáculo poco frecuente el ver aterrizar un helicóptero por estas tierras. Pero se han ido pronto, y apenas habíamos acabado de hacer nuestras medidas de prueba con el prototipo, se han ido.

 ¡Que vienen los inspectores!

Vídeo: helicóptero FACH despegando

Justo antes de comer nos ha sorprendido la visita de nuestros colegas portugueses Ana y Lorenzo, que venían a visitarnos y a ver la cámara de fotos que Manuel les arregló ayer noche. Les hemos ayudado a programarla. Tras la comida ellos se han ido, pero hemos quedado en hablar por radio para coordinar que mañana les hagamos una visita para ayudarles con la instalación de la cámara y para conocer sus zonas de trabajo. La idea es hacer de evaluadores externos y criticar sus instrumentos y estaciones con el fin de mejorarlos y hacerlos más adecuados para los objetivos de nuestros proyectos. Así que mañana, si el tiempo lo permite, iremos a trabajar a sus zonas de estudio.

Y el resto de la tarde lo hemos dedicado a empezar a empaquetar el material y a organizar lo que hará falta en la fase de Byers, que se inicia la semana que viene. así que trabajo aburrido de base, pero hay que hacerlo. También estuvimos dándole vueltas a ver cómo podíamos enfocar la cámara Campbell con un capturador de imagen para PC. Ya lo probamos en Decepción sin éxito. Después de darle muchas vueltas, llegamos a la conclusión de que el capturador estaba roto. David Vila nos dejó una pequeña pantalla LCD que se usa para drones, y con ella pudimos enfocar la imagen sin problemas y en un minuto. Nos ha dicho que nos la presta para Byers. ¡Mil gracias!

Pocas aventuras para el día de hoy, pero se agradece un día de relativa calma.

M.A. de Pablo

miércoles, 17 de febrero de 2016

Evaluación de daños

Isla Livingston, Antártida, 17 de Febrero de 2016

Tras la gran ventisca de ayer, el día de hoy ha sido el de la evaluación de daños. En la base el trabajo ha sido frenético por intentar evaluar los desperfectos causados por la nieve. Alojamientos, corriente eléctrica, agua, comunicaciones... 

Por nuestra parte, también queríamos ver el estado de las estaciones, así que, una vez más, hemos subido al Monte Reina Sofía a ver el estado de nuestros instrumentos. Y la verdad es que la cosa no ha ido mal del todo. Por un lado, nuestras estaciones fijas no han sufrido daños, más allà de la rotura de algun viento viejo que hemos repuesto inmediatamente. Pero los mayores desperfectos los ha sufrido a pequeña estación meteorológica de la Universidad de Vigo. El anemómetro (instrumento para medir la velocidad del viento) ha, literalmente, volado. Ha desaparecido del todo. Damos una batida por la zona pero no aparece, así que habrá ido a parar bien lejos. Además la antena de comunicaciones ha pedido uno de sus segmentos, aunque seguirá operativa, y además ha perdido la orientación. Pero lo hemos arreglado en un momento. La caja de electrónica, a pesar de contener una pesada batería y tener una gran piedra encima, se ha volcado. Si que ha debido de soplar fuerte, si.

Estado de la plataforma de la Universidad de Vigo tras la tormenta

Tras evaluar y reparar estos daños, hemos instalado los últimos sensores de temperatura en el Sofía. Los del sondeo que Inaki nos ayudó a recuperar hace un par de días. Lo hemos limpiado e introducido los nuevos sensores. Luego nos hemos acercado al "agujero del infierno helado", y hemos comprobado que ya se había rellenado solo gracias al viento de la tormenta de ayer. De hecho, las dos palas que habíamos dejado han desaparecido también, sin duda, arrastrada por el viento de la tormenta. Seguro que en un par de años vuelven a aparecer cerca de la base, porque muy lejos tampoco pueden haber ido a parar. Así que sin palas, no había nada que hacer, y hemos regresado a la base.

Justo antes de llegar, en el sitio que llamamos Nuevo Incinerador, hemos recuperado los últimos sensores para reponerlos esta misma tarde, terminando así el volcado de datos y la recuperación de sensores. De hecho, había bastante nieve aún (unos 60 cm), por lo que hemos tenido que palear un poco. El sensor que mide la temperatura del suelo estaba completamnte cubierto por hielo, así que hemos tenido que recurrir a un soplete para descongelar el suelo y permitirnos sacar el sensor del suelo.

También nos hemos pasado a ver el estado de la antena de HF. Bueno, pues había desaparecido de su sitio. Buscando, encontramos el mástil de la antena en el rio parcialmente partido. En el rio también acabó la rueda de madera de los bobinados de cable destrozada. La tormenta también arrancó el conector del cable de antena. En fin, se acabaron las pruebas de HF por esta campaña.

Restos de la antena de HF
Ya después de comer hemos programado e instalado los últimos sensores, y luego hemos estado intentando reparar un disparador de una cámara fotográfica automática que nuestros colegas portugueses que están en la base búlgara (a unos cientos de metros de la base Española, pero sin acceso directo). Manuel ha aplicado toda su magia de ingeniero de telecomunicaciones e ingeniero electrónico para, en unos minutos, hacerlo funcionar de nuevo. ¡¡Menudo fichaje hemos hecho!! Hemos quedado con nuestros colegas portugueses para devolvérselo lo antes posible. Ya veremos a ver cuando es posible.

Y con la satisfacción de haber comprobado que nuestras estaciones han sobrevivido en perfectas condiciones a la ventisca de ayer, y que hemos podido ayudar a nuestros colegas portugueses, nos vamos a dormir, que nos lo merecemos un poco.

¡Hasta mañana!

M.A. de Pablo

martes, 16 de febrero de 2016

La gran tormenta

Isla Livingston, Antártida, 16 de Febrero de 2016

Pues si ayer fue un día duro... hoy ha sido tremendo.

Os pondremos en antecedentes, porque contanto la aventura tán rápidamente como lo hacemos, nos hemos quedado sin daros muchos detalles.

Como sabéis por campañas anteriores, la BaseAntártica Española Juan Carlos I se encuentra en fase de remodelación. Se están contruyendo una nueva base que permita tener más capacidad de científicos, y mejores instalaciones, porque la base original ya estaba fuertemente deteriorada. Los edificios se acabaron de construir hace un par de años, y este año se están ya haciendo los interiores (poniendo tabiques prefabricados, cableado eléctrico, calefacción, etc.). Por eso, en la base hay casi una veintena más de personas trabajando en estas tareas. Esto hace que, dado lo precario de las instalaciones que hay en la actualidad, estemos repartidos por diversos contenedores para dormir, hacemos turnos de comida porque no cabemos todos en el comedor, etc. Además, la zona de la base está llena de palés con los paneles de material prefabricado con el que se están construyendo las paredes interiores. Bueno, pues estos son los antecedentes que ayudarán a entender lo que ha pasado el día de hoy.

Por la mañana Manuel y Miguel Ángel nos hemos levantado pronto, porque nos tocaba el turno de servicio. Es decir, es un día que tenemos que dedicar a poner y quitar la mesa, preparar el desayuno, lavar cacharros, apoyar a los cocineros si hace falta, limpiar los baños y las duchas,... en fín, ejercer de amos de casa. Cuando nos hemos levantado ya soplaba el viento. Nos habían advertido ayer que la previsión era de día ventoso para hoy

La primera sorpresa del día ha sido que no había corriente eléctrica.. así que hoy no hemos podido preparar tostadas para el desayuno. Así que hemos preparado varias cafeteras para el desayuno y calentado varios litros de leche. Mientras hemos tenido que lavar con agua fría algunos platos, vasos y cubiertos para que hubiera para todos. Hemos puesto la mesa y listo para desayunar el primer turno... Después como hemos podido hemos hemos lavado de nuevo platos, tazas, vasos y cubiertos para el segundo turno, además de hacer unas cuantas cafeteras más y más leche. Listos para el segundo turno en el que ya hemos desayunado nosotros. Mientras, poco a poco ha ido subiendo el viento y se ha levantado ventisca. Tanto que cuando hemos acabado de fregar los cacharros del desayuno, al ir a limpiar los baños y duchas, no podíamos abrir la puerta por el fuerte viento, o cuando la abríamos, el viento nos la arrancaba de las manos... menos mal que entre los dos podíamos sujetarla bien. Pero la ventisca ya era importante. Joan, el especialista de medio ambiente de la base, ejerciendo estos días de jefe de base, prohibió ayer los trabajos científicos fuera de la base, ya que trabajar en el glaciar o el monte Reina Sofía con esta ventisca es muy peligroso.

Como ya habíamos acabado esta fase del servicio de limpieza, nos hemos subido a un contenedor que llamamos "el saloncito", que es donde tenemos la mesa de trabajo nosotros, pero que en realidad es donde se descansa en tres pequeños sillones, donde se ve alguna película o se lee y charla en los huecos libres. El problema es que como no se había solucionado el problema de la corriente eléctrica, todos los científicos que no tenía luz en sus laboratorios se había subido a este lugar que era de los pocos de la base donde aún había electricidad. Pero subir hasta allí ya fue complicado, porque la ventisca era ya muy fuerte. Miguel Ángel llegó completamente blanco de nieve, hasta las barbas y el pelo con hielo pegado. Como trabajar tanta gente en este pequeño rincón era complicado, mientras Manuel se quedaba en este sitio, Miguel Ángel se bajó a la cocina a ayudar a los cocineros para pasar el rato hasta la hora de comer.
Mientras pelaba cebollas, ajos, y ayudaba a los cocineros, la ventisca empezó a ponerse muy seria. Tanto que empezaron a salir lanzados distintos elementos que había por la base, pero que estaban bien atados. Así que empezamos a oir golpes, y ver pasar paneles completamente desgajados por delante de las ventanas. Esto se ponía peligroso, así que el jefe de base decretó estado de emergencia por condición climática. Es decir, las condiciones ambientales son tan malas que quedaba terminantemente prohibido salir al exterior del módulo en el que cada uno estuviera. A unos les pilló en "el saloncito", a otros en la cocina y el comedor, a otros en los talleres, a otros en los módulos que se están contruyendo. Y solo eran las 11 de la mañana.

A partir de aquí, el tiempo se volvió una locura, el viento, cada vez más fuerte, con rachas de 120 km/h, golpeaba los módulos y los hacía temblar y crujir. Los paléts con paneles atados en el exterior comenzaron a romperse bajo la fuerza del viento y a salir volando por la base, golpeando otros módulos. En la cocina, varios de ellos golpearon con tanta fuerza que tiraton abajo todo lo que había en las estanterías. Fue necesario colocar las placas del horno delante del cristal para protegernos un poco en caso de que un panel rompiera la ventana mientras estábamos preparando la cocina.

El viento no hacía más que soplar, y por radio se iba escuchando el recordatorio de prohibición de salida al exterior. Además se oían informes de unos y otros a medida que se iban viendo desperfectos en los módulos. Por ejemplo, uno de los contenedores que hace de dormitorio, se fue desplazando de su sitio por la fuerza del viento... tanto como 6 metros!, y a punto estuvo de volcar. Por suerte no había nadie dentro de ese módulo. También se escuchó el aviso de que uno de los molinos de viento, usados para generar electricidad se había roto y salido volando. O cómo uno de los iglús de fibra de vidrio se había roto y la nieve comenzaba a entrar en el interior, o cómo otro se levantaba y desplazaba. una locura.

Mientras tanto, todo el mundo, más o menos preocupado, en el interior del módulo donde le había pillado la el aviso de prohibición, iba haciendo cosas para distraerse: leer, escribir, charlar, jugar a las cartas,... Llegada la hora de la comida, sólo la docena de personas a quienes la alerta les pilló en el comedor y la cocina pudieron comer, pero el resto tuvieron que aguantar el hambre. Lo mismo que las ganas de ir al servicio, ya que lo único que se pudo hacer es improvisar servicios en cubos para las aguas menores.

A eso de las 15h, el viento, aunque aún muy fuerte, ya iba remitiendo lentamente, permitiendo a los especialistas de montaña de la base salir a ver las condiciones de seguridad y si era posible mover a la gente en pequeños grupos hasta el comedor. Y así fue. Con precaución, y en pequeños grupos se fue llevando a la gente de los distintos módulos hasta el comedor y el servicio. Un comedor muy pequeño, pero que cobró una gran vida, pues en algún momento estuvimos todo el personal de la base en el interior. Unos comiendo, otros tomando café y calentándose después de toda la mañana en algún módulo sin calefacción, y otros contando lo que podían ver desde las ventanas de la terrible ventisca. Una locura de servicio para Miguel Ángel, que le toco poner y quitar la mesa muchas veces, fregar con agua fría, preparar café para los que iban llegando al comedor,...  A Manuel le pilló en el saloncito, así que se libró de estas tareas. Pero ya tendría tiempo de recuperarlo en la cena. Tras la comida, y aprovechando que todo el mundo estaba en el comedor, se informó de que las condiciones meteorológicas irían mejorando por la tarde, pero que el personal científico seguía con la prohibición de salir al exterior. Mientras, los técnicos intentaban conectar la corriente de nuevo, descongerlar las tuberías para tener agua corriente, y mover los contenedores que el viento había movido de sitio.

Contenedor de dormitorios 2 desplazado por el viento


Al final de la tarde, con la tormenta ya calmada, se levantó la prohibición, y pudimos recorrer la base viendo los enormes desperfectos causados por la terrible tormenta de nieve. Sin duda la más fuerte que muchos han visto por estas latitudes. El resto de la tarde se dedicó a ir recogiendo todo el material que el viento había desperdigado por la zona de la base. Las caras de preocupación se fueron relajando poco a poco, y aunque aún no había agua corriente por la congelación de las tuberías, la luz parecía que ya llegaba a todos los módulos.

La cena fue un poco ligera, con una sopa caliente y embutido para todos los que habían estado trabajando en el exteior recogiendo materiales y reparando los desperfectos. Tras la cena, un brindis con cava para celebrar que habíamos sobrevivido sin más que desperfectos en la base. Sin duda algo que celebrar, porque de haberse producido un accidente, este habría sido realmente grave y sin posibilidades de evacuación en la terrible tormenta.

Tras fregar y recoger, para acabar el día de servicio de limpieza, nos tomamos un Baylis con Daniel y Ángel, el cocinero y la pinche, con quienes Miguel Ángel había pasado todo el día preparando comidas y cafés, y atendiendo a los que tras muchas horas de aislamiento, fueron llegando al comedor. Un día agotador, pero al que hemos sobrevivido. Sin duda un día que recordaremos muchos años.

M.A. de Pablo

lunes, 15 de febrero de 2016

Un día duro

Isla Livingston, Antártida, 15 de Febrero de 2016

Hoy ha sido otro de esos días duros. El día ha levantado ventoso, y eso ya sabemos lo que significa: que en el monte Reina Sofía habrá una buena ventolera y que la temperatura será muy baja allá arriba. Es decir, que será un día complicado de trabajo en el campo. Pero tenemos el objetivo de intentar sacar los sensores de un sondeo corto que hay en la cima y que el primer día comprobamos que había entrado agua y el hielo impedía sacar los sensores.

Hemos subido con Iñaki, que iba cargado con la sonda de vapor: un invento infernal, similar a una cafetera grande cuya finalidad es la que calentar agua para conseguir vapor que se inyecta en una manguera hasta la punta metálica y microperforada por donde sale el vapor. Normalmente se usa para hacer perforaciones en el hielo del glaciar, pero en muchas ocasiones la hemos empleado para fundir el hielo dentro de nuestros sondeos y poder sacar los sensores. Y esta es otra de esas ocasiones.

Mientras ascendíamos, el viento iba arreciando. Un presagio de lo que nos esperaba hoy en la cima. De hecho, nuestros colegas del equipo de investigación de glaciares de la Universidad Politécnica de Madrid, han tenido que abortar las actividades de hoy, porque trabajar en el glaciar era realmente complicado con este viento. Nosotros hemos decidido probar suerte y subir hasta la cima. la verdad es que el viento y el frío eran tremendos, pero queríamos ir cerrando tareas. No nos quedan muchos días de trabajo en esta parte de la isla, y no queremos desperdiciar ningún día. Así que mientras Manuel y Miguel Ángel se han dedicado a comprobar el funcionamiento del sensor de temperatura y humedad que reinstalaron hace unos días, a sellar la caja de electrónica de forma definitiva por este año, y a reprogramar el envio de datos de la mini estación meteorológica que envía datos por satélite, Iñaki ha empezado a preparar la sonda de vapor.

Y es que el viento hacía muy dificil que la máquina infernal calentara el agua. Y eso que ya la habíamos subido caliente en un termo... pero no habia manera. Tras casi una hora, por fin el agua cogió temperatura suficiente y comenzamos las tareas de fundir el hielo dentro del sondeo. Por suerte es de solo un metro de profundidad. Pero se resistía. Y encima no teníamos mucha agua. Y cuando ya nos habíamos quedado sin agua, Iñaki no pudo por menos que intentar tirar de los sensores... y voila! Ahí van los sensores para fuera.

La pena es que durante las tareas de fundir el hielo con la sonda de vapor, se habían soltado dos de los sensores, que son casi tan grandes como la anchura del sondeo... y al sacar la cuerda de la que colgaban... estos dos sensores se han ido para el fondo!. Menuda contrariedad. Pero por lo menos el sondeo se había salvado y era reutilizable. Pero ya sabéis que no podemos dar las cosas por terminadas a la primera. Así que con lo que teníamos a mano hemos estado improvisando formas de sacar los sensores del fondo del sondeo. Con una barra metálica, con una barra de caña, con las dos a modo de palillos chinos...hasta con la cinta métrica y ¡Oh sorpresa!. Es así como hemos conseguido sacar uno de ellos!! El otro en cambio se resistía, así que ha habido que ingeniarse una especie de anzuelo rústico diseñado por Manuel para conseguir sacar el otro! Pero prueba superada!!  Y eso que el viento no hacía más que azotarnos... tanto que todo esto que os hemos contado lo hemos hecho tumbados encima de la nieve, porque de rodillas o agachados nos habría tirado el fuerte viento.

¡Qué gustazo el poder volver a poner la tapa del sondeo tras haber sacado el agua del fondo y todos los sensores...! Es el gustazo que da el resolver un problema ingeniándoselas con pocas cosas y en condiciones extremas. Todo un placer para la mente... que no para el cuerpo, porque las manos las teníamos ya que no las sentíamos, y eso que habíamos estado trabajando con guantes toda la mañana.

Satisfechos decidimos pasar por el sondel de 15 metros para tapar el "agujero del infierno helado" que nos prepararan el otro día David y Tetyana, Pero el viento nos tiraba. Y al coger las palas, éstas hacían efecto vela y el viento nos derribaba. Dado de lo peligroso de la operación, Iñaki decidió abortar esta actividad y regresar a la base. Algo que aceptamos de muy buen grado, pues teníamos las manos y los pies ya ateridos de frío. Pero por el camino no pudimos resistirnos a instalar unos poco sondeos más en la estación que llamamos Morrena, situada a medio camino entre la cima del monte y la base española.

De toda esta actividad matutina no hay registro fotográfico, porque cualquier sacaba las manos de los guantes para hacer fotos... y además ponerse de pie era todo un deporte de riesgos... así que como para hacer fotos...

Tras esta larga mañana, llegamos a la base a tiempo de comer y de darnos un merecido descando. Por la tarde hemos estado paleando nieve en las inmediaciones de la base para sacar los últimos sensores que nos quedaban por recuperar. Y con esto tenemos ya recuperados todos los sensores de la zona. Solo nos queda instalar unos pocos en varias estaciones y ya habremos cumplido los objetivos prioritarios de esta fase de la campaña.

Y con esta satisfacción nos vamos dormir, que además mañana nos espera un día largo pues tenemos turno de servicio a la base. Ya sabéis: poner y quitar la mesa, ayudar al cocinero, lavar cacharros, limpiar los baños y las duchas, tirar la basura a sus contenedores respectivos.

¡Buenas noches!


 M.A. de Pablo

domingo, 14 de febrero de 2016

Un día relajado

Isla Livingston, Antártida, 14 de Febrero de 2016

Hoy es domingo. En la base, los domingos, si las labores de los científicos lo permite, es día de descanso para la dotación. No quiere decir que no se trabaje, sino que se hacen sólo tareas de base, y los horarios son más laxos.

Nosotros no podemos permitirnos un día de descanso. Al menos no por el momento hasta que los objetivos estén cumplidos. Pero la verdad es que llevamos una semana muy intensa, así que hemos decidido relajar un poco el ritmo, pero sin dejar de trabajar. Por eso, hoy nos hemos levantado igual que el resto de los días, y después de desayunar hemos cogido el mástil para el nivómetro y los sensores que programamos ayer por la tarde para ir instalándolos ya en algunas de las estaciones, completando así las tareas de mantenimiento. Así que hemos recorrido varias estaciones instalando sensores, poniendo vientos nuevos para sujetar los mástiles y finalmente hemos instalado el nivómetro en Collado Ramos. 

Nuevo nivómetro instalado en Collado Ramos

Como aún era temprano, hemos decidio bajar por el lado contrario del cerro y bajar a Caleta Argentina, a visitar una pequeña pingüinera que hay allí. La verdad es que mientras bajabamos, no hemos visto pingüinos y nos hemos sorprendido, pero luego nos hemos dado cuenta de que los pingüinos se habían protegido entre las rocas. Había bastantes pollitos reunidos en una guardería protegida por unos pocos adultos. Y es que las skúas no hacían más que rondar a los jovenes pingüinos en busca de poder comerse alguno. De lejos, siguiendo las indicaciones del Tratado Antártico que prohíbe acercarse a los animales ni molestarles, hemos pasado unos minutos observándoles antes de continuar por la playa a lo largo de la caleta. En nuetro camino, mientras charlábamos y paseábamos, hemos podido ver algunos lobos de mar, una pequeña foca de weddel y algunos pingüinos más. Y luego hemos regresado sobre nuestros pasos para volver a la base a comer.

Pingüinos en Caleta Argentina

Lobo de mar descansando sobre musgos cerca de unos huesos de ballena

Por la tarde, Manuel ha estado realizando pruebas de comunicaciones con España. Hace un par de tardes habíamos instalado una antena extensible en la parte trasera de la base, y hoy Manuel ha estado haciendo varios intentos por contactar con otros radioaficionados en España. Y aunque ha oído a algunos de sus amigos, éstos no le escuchaban en España. Pero si ha podido hablar con gente de Italia y suramérica. Habrá que seguir intentándolo la próxima semana.

Manuel realizando pruebas de comunicación por voz y digital en la BAE Juan Carlos I

Y tras la cena, estuvimos un rato viendo una película en uno de los contenedores que hace las veces de sala de estar. Aunque es muy pequeña y es la que usamos nosotros como puesto de trabajo, es suficiente para varias personas. al fin y al cabo mucha gente en poco espacio se está calentito, que por aquí no sobra el calor. y además, de lo que se trata es de desconectar un rato y estar junto a otros científicos y técnicos sin hablar de trabajo.

En fín, un día relajado. Mañana volvemos a la carga.

M.A. de Pablo

sábado, 13 de febrero de 2016

Un día grande

Isla Livingston, Antártida, 13 de Febrero de 2016

Hoy es un día importante. Tenemos mucha tarea que hacer en el monte Reina Sofía, incluyendo intentar abrir el sondeo de 15m para reponer los sensores. Esperamos que no se haya inundado.

Lo primero que hacemos es reemplazar el sensor de temperatura y humedad que estaba dando valores erroneos en la estación de la cumbre. Eso nos llevó un buen rato, especialmente porque hacía mucho viento y cualquier tarea sencilla que en condiciones normales es cuestión de un par de minutos, aquí te puede llevar media hora larga. El viento y el frío son los peores enemigos. Aquí quitarse un guante para conectar un cable puede suponer que se te congelen los dedos. Un día soleado no, pero los días de viento... De hecho, una vez reemplazado el sensor, comprobamos los valores que estaba dando... -9ºC... y con el viento tan fuerte, podríamos tener una sensación térmica de al menos -20ºC... en estas condiciones es normal que las manos nos dolieran y tuviéramos que estar continuamente parando para meterlas en los bolsillos a calentar. incluso con dos pares de guantes sobrepuestos. Pero estas son las aventura de la Antártida.

Tras acabar de instalar el nuevo sensor y asegurarnos de que funcionaba correctamente y de que la estación quedaba bien cerrada, aislada y asegurada, nos movimos al "agujero del infierno helado" a ver en que condiciones estaba el sondeo. Efectivamente, tal y como nos anunciaron ayer, el bidón que protege el sondeo estaba a la vista (con alguna que otra dentellada de la motosierra), y dentro una capa de agua y otra de hielo nos impedía ver la boca del sondeo. Como hombres precabidos, nos habíamos subido un trozo de tubo para ir absorviendo el agua y sacarla del sondeo.... pero era una tarea penosa, así que Miguel Ángel se quitó los guantes para sacar el agua del bidón a mano. Al cabo de unos pocos minutos el dolor era insufrible, pero no se había sacado todo el agua del bidón. Así que Manuel tubo una brillante idea... mientras Miguel Ángel intentaba volver a calentar las manos, Manuel sacó un par de cervezas... la excusa era descansar de la dura mañana que llevábamos, pero sacar el agua del bidón con la lata fue una idea brillante de Manuel. Así que para cuando nos acabamos la cerveza protegidos del viento dentro del "agujero del infierno helado", Miguel Ángel ya se había calentado un poco las manos y pudo reiniciar el drenaje del agua, esta vez con los guantes puestos y la ayuda de la lata de cerveza. Y vaya si funcionó. En unos poco minutos ya solo quedaba un poco de agua que sacamos metiendo nieve dentro del bidón para que la absorviera. ¡Y ya se veía la caja del sondeo!

Manuel tomó entonces las riendas para picar el hielo que aún nos impedía abrir la caja. Con la ayuda de un piolet, fue picando con paciencia el hielo hasta dejarlo listo. Luego Miguel Ángel, armado con un destornillador, se enfrentó a la tarea crítica de abrir el sondeo.... cuatro eternos tornillos... y voila! Un poco de hielo en el interior pero aparentemente sin afectar a la boca del sondeo. Y tras un redoble de tambór..... ¡tachán! el sondeo se abrió y los sensores salieron rápido y completamente secos!!!! ¡El sondeo estaba a salvo! ¡Menos mal!  La cara de satisfacción de Miguel Ángel era el resultado de la descompresión por tanta tensión acumulada pensando en el desastre que podría haber sido esto en el caso de que hubiera entrado una gota de agua.

Miguel ángel mostrando la cuerda con los sensores salvados del sondeo de 15 m

Sin parar un momento a felicitarnos rápidamente sacamos los sensores y metimos los sensores nuevos, y luego a sellar el sondeo de nuevo. Tapa roscada, sellado, tapa con sus tornillos y listo. Sondeo recuperado y listo para un nuevo invierno. Uff! qué alivio y qué peso nos hemos quitado de encima.

También recogimos la cámara que dejamos hace dos días en la Morrena. Aquí tenéis lo que capturó la cámara. Lamentablemente la batería solo duró apenas hora y media.


Montes Papagal (derecha) y Charrua (izquierda)

Y con la satisfacción del trabajo bien hecho, y azuzados por el fuerte viento, bajamos a comer a la base, y darnos el homenaje de una buena siesta... que el logro lo merece.

Por la tarde estuvimos haciendo tareas varias, incluyendo acabar de preparar el mástil para instalarlo como nivómetro en Collado Ramos. Manuel lo pintó hace ya unos días, pero aún no ha secado del todo. Pero no es problema, porque el viento ya se encarga de eso.

En fín, hoy ha sido un día grande... nos vamos a descansar.

M.A. de Pablo

viernes, 12 de febrero de 2016

El glaciar rocoso y buenas noticias

Isla Livingston, Antártida, 12 de Febrero de 2016

Hoy toca expedición. Nuestros colegas portugueses, que están trabajando en el entorno de la cercana base búlgara, necesitan trabajar en la zona del Glaciar Rococo, justo al otro lado de la península Hurd. Este año, van a volver a medir, mediante un dispositivo GPS diferencial (que les dará errores de menos de 1 mm en la posición), la ubicación de una serie de estacas que instalamos en enero del 2009. La idea es medir cuánto se está moviendo este glaciar que, más que hielo, está formado por roca, pero que contiene una cantidad desconocida dehielo en su interior. El caso es que aunque esta formado de roca, se mueve ladera abajo como un glaciar.

La tarea que tienen que hacer no es dificil, pero con nuestra ayuda se podrá hacer en 4 horas una tarea que llevaría el doble de tiempo. Nosotros iremos buscando estacas con nuestro GPS normal, y ellos nos seguirán tomando las medidas necesaria con el sistema de GPS diferencial.

Por seguridad, la Base Juan Carlos I, nos llevará en una embarcación neumática que acompañará a la de los investigadores búlgaros que llevarán a nuestros colegas portugueses. Lo malo es que sabemos que ellos estarán pasando frío en la embarcación mientras nosotros trabajamos. Así que nos da un poco de pena, pero es algo que hay que hacer.

A las 10 de la mañana llegó a la playa la embarcación de los bulgaros con nuestros colegas portugueses, y un rato después ya estábamos ambas embarcaciones en marcha. La travesía no fue muy complicada, ya que solo soplaba un poco de viento y el mar apenas se rizaba. Por el camino pudimos ir disfrutando de increíbles icebergs que salpicaban la bahía. Algunos realmente grandes. A Manolo no le sentó muy bien el viaje y llegó a la playa del Glaciar Rocoso levemente revuelto... esperemos que a la vuelta no lo pase tan mal.
Icebergs en Bahía Sur en nuestro camino hacia el Glaciar Rocoso

El glaciar rocoso a nuestra llegada a la zona

Una vez en la zona, desembarcamos todo el material científico, con cuidado de no molestar ni a los pingüinos ni a los muchos lobos de mar que estaban en la playa. De hecho uno echó a correr detrás de nosotros. ¡Menudo susto! 
Lobos de mar en la playa del glaciar rocoso

Pasamos la mañana y hasta las 16h en la zona, recorriéndola de arriba a abajo y de abajo a arriba buscando y tomando la posición de las estacas de control. Pero estuvo bien, porque el día acompañó. De hecho es la primera vez en varios años que no nos nieva, ni hay viento ni niebla... Así que aunque hacía frío, el trabajo lo hicimos bastante rápido. Ana y Lorenzo, nuestros colegas portugueses, pudieron hacer todo el trabajo, asi que la expedición fue de lo más fructífera.

Anna y Lorenzo midiendo la posición de las estacas de control

Video: Desplome Iceberg

Ya acabado el trabajo, a las 16:30h, nos dimos cuenta de que no habíamos parado ni para beber agua. La presión por hacer el trabajo y acabar lo antes posible para que los que nos esperaban en la embarcación no sufrieran demasiado, nos hizo realizar todo el trabajo sin ninguna pausa. Sólo de vez en cuando nos permitíamos levantar la vista para disfrutar de los gigantescos glaciares que hay al otro lado de la bahía, y de los icebergs cercanos a la playa, alguno de los cuales no hacía más que resquebrajarse y derrumbarse haciéndonos mirar cada ve que se desprendían de él enormes bloques de hielo.

Glaciares en Bahía Falsa

Icebergs en Bahía Falsa

Así que cuando llegamos a la playa, mientras que se recogía el material y nos poníamos los trajes de supervivencia, aprovechamos para beber algo y tomarnos unas onzas de chocolate... (¡qué vicio más bien recibido por estas latitudes!). Y de nuevo a embarcar, esta vez con unas pocas olas azotando la playa, pero nada insalvable. Iniciamos el camino de regreso en el que, ya cansados, apenas hicimos demasiado caso a los icebergs.

Llegamos a la base a media tarde y aprovechamos para tomarnos el bocadillo que con tanto cariño nos había preparado el cocinero. Manuel había realizado mejor viaje, y llegó también con buen apetito. Mientras hacíamos tiempo para cenar, David nos sorprendió con la noticia de que había estado cortando más hielo y había conseguido dejar al descubierto parte del bidón que protege nuestro sondeo casi en la cima del monte Reina Sofía. ¡Qué buena noticia! Así que con unas cuantas horas de motosierra se han ahorrado una semana de penoso trabajo de picar hielo a mano... Y encima nos han dejado un agujero amplio en el que poder trabajar con comoididad. ¡Así da gusto!  En todo caso, la mala noticia (siempre tiene que haberla), es que el bidón que protege el sondeo tiene hielo y agua. Y en el fondo está la boca del sondeo. Así que hemos empezado a temblar de miedo al pensar que haya entrado agua en la perforación...sería un desastre total. Mañana lo descubriremos.

Otra de las buenas noticias que recibimos hoy es que se escuchó la señal que mandamos a través de la ISS en el día de ayer.

Y cansados y excitados por las buenas noticias, nos vamos a dormir. Mañana será un día importante.

M.A. de Pablo