sábado, 20 de febrero de 2016

Donde puedas dar dos pasos, da tres

Isla Livingston, Antártida, 20 de febrero de 2016

Última visita al Monte Reina Sofía. Hoy, ante la amenaza de que se complicara el tiempo, hemos subido pronto por la mañana a Sofía con dos objetivos claros: 1) recoger la plataforma del cubesat SERPENS de la Universidad de Vigo y 2) hacer un recorrido final con la mirada y despedirnos hasta la siguiente campaña del Sofía. En la base tenemos un predictor del AEMET, llamado Paco, que clava todas las predicciones. Así que tras las consultas oportunas previas, tiramos para arriba. Para ir más rápido y que nos nos pillara el mal tiempo, hemos subido caminando hasta los refugios y de ahí, nos han subido en moto de nieve a  la cima. En cosa de 20 minutos habíamos recogido todo y ya estábamos de regreso al refugio, extremando el cuidado en cada paso, ya que había mucha niebla y el viento ya soplaba fuerte. Además íbamos los dos cargados. La nieve de los días anteriores había desaparecido y por el aumento de la temperatura y la lluvia, la nieve que quedaba estaba en muy mal estado y es muy traicionera. Como dicen los montañeros: "Donde puedas dar dos pasos, da tres". Una de las cosas que he aprendido en esta campaña como novato antártico. A la subida porque te cansas menos, sudas menos y luego tienes menos frío; y a la bajada por precaución.

Manuel cargando con la antena directiva y la plataforma de SERPENS

En la bajada, nos pasamos por una de las estaciones donde Miguel Ángel tiene instalado uno de sus prototipos de registrador de datos o "datalogger". De esos con los que nos va a quitar el trabajo a los ingenieros :-). Le daba un error en uno de los sensores así que decidió bajarlo a base para revisarlo antes de cerrarlo hasta la siguiente campaña.

Esa misma mañana apareció de nuevo en la costa el Sarmiento de Gamboa. Esta vez ha traido como pasajeros a algunas autoridades de la UTM, del CSIC, y otros. El Sarmiento será el buque que finalmente me lleve a mí y a otros científicos a la isla Rey Jorge para coger el avión de regreso a Punta Arenas el próximo martes.

Ya con la antena y la plataforma de Vigo en la base, hemos dejado ya casi liquidadas todas las cajas. Yo también he aprovechado para empezar a preparar el macuto. Al haber desaparecido gran parte de la nieve que cubría la base, hemos hecho también una batida a ver si veíamos la parte de la antena HF que desapareció durante la tormenta, pero sin éxito.

Tarde de sábado ya se sabe...con la tranquilidad que da el saber que tenemos los objetivos cumplidos y que es sábado pues os podéis imaginar lo que pasó poco después de comer. Además, Paco nos dío una charla tras la comida explicando con imágenes por satélite y gráficos como se desarrolló el temporal del martes. Tras la pequeña pausa, Miguel Ángel retocó el programa de sus sistema de adquisición de datos y se subió de nuevo al cerro donde tiene la estación de medida. Yo, por mi parte, me he quedado en la base haciendo trabajo de "oficina" principalmente, haciendo copias de seguridad de los datos, pasando notas y organizando y archivando documentos.

Y poco más. Miguel Ángel bajó al poco rato con el trabajo hecho. Una máquina el Miguel Ángel.  Y luego cena, peli y a dormir.

M. Prieto


viernes, 19 de febrero de 2016

много ви благодаря ; muito obrigado

Isla Livingston, Antártida, 19 de febrero de 2016

Como quedamos ayer, hoy estaba previsto nuestra visita a la base búlgara, donde se encuentran los investigadores portugueses a los que echamos una mano en el glaciar rocoso: Ana y Lorenzo. El problema es que se pronosticaba mucho viento para medio día, con lo que debíamso darnos prisa en llegar a la base y no demorarnos mucho en nuestro regreso. Por todo ello, antes de las 9 de la mañana Miguel Ángel y yo estábamos ya preparados con nuestros "Viking" para subirnos a la zodiac. Nuestros vecinos búlgaros no se encuentran muy lejos de la BAE, pero solo se puede llegar en zodiac o moto de nieve y lo más rápìdo es siempre la zodiac.

Nos montamos en la zodiac y hale, rumbo a la base búlgara. La travesía duró unos 10/15 minutos y por el camino pudimos incluso ver tres focas descansando sobre un bloque de hielo.


Focas descansando a la bartola (¡Qué envidia!)

El "problemilla" que tiene la base búlgara es su playa, que casi no tiene. El desembarco fue un poco aparatoso, pero vinieron a echarnos una mano de la base búlgara con sus motos de nieve. En un periquete ya estábamos en la puerta de la base. Nos recibieron con mucha hospitalidad, y con café y crepes (o "palanchinka" como dicen en búlgaro).

Me encanta esta base. Tiene un estilo muy antártico, con revestimiento de madera y un aire antiguo, de esos que hacen pensar en expediciones y aventura. Una base con personalidad. En un primer momento pude distinguir tres edificaciones. El edificio principal y luego dos casitas super cucas, una de la cuales la llaman Casa España. Aunque se habían caido dos letras y se leía como "Casa Espá".


Casa España

Me dijeron que había más edificios, pero que estaban  cubiertos totalmente por la nieve que lo cubrió todo durante la tempestad del martes. Aun así, un poco más alejada del edificio principal, había una iglesia. La verdad es que el temporal les azotó bien fuerte y tienen problemas serios para el suministro de agua, además del trabajo de desenterrar gran parte de la base.

Iglesia en la base búlgara

Después de tomarnos algo calentito acompañamos a Ana a revisar sus estaciones de medida, muy similares a las nuestras. Visitamos primero la estación meteorológica y luego subimos al monte Papagal, donde tienen varios sondeos y un CALM. Discutimos muchas cosas interesantes e incluso ayudamos a encontrar una placa de suelo, Desde el papagal se podían ver claramente el glaciar Johnson y la propia BAE Juan Carlos I, pese a la niebla reinante.

Vistas desde el monte Papagal

Al regreso, comprobamos que el sistema de disparo que arreglamos el día anterior funcionaba correctamente. Desde aquí dar quiero dar las gracias a nuestro colegas búlgaros y portugueses por su acogida y trato. Desde luego, son el claro ejemplo del llamado "Espíritu Antártico". Para las 13:30 vino la zodiac a buscarnos. No hacía mucho viento, pero debido a los desprendimieto de los glaciares que se produjeron durante la mañana, estaba todo el frente de mar de la base lleno de hielo o "brass". Subimos sin problemas a la zodiac, pero el "brass" no cerró y las pasamos canutas para salir de ahi. Se tuvo que hacer a base de remo y controlando muy bien el motor, ya que el hielo que se acumulaba debajo de la zodiac podía romper la hélice. Menos mal que Camilo, nuestro patrón, junto con Hilo y Álvaro, nos sacaron de esa cubitera en la que se había convertido el mar.

En la base búlgara (con "brass" formándose al fondo, en el mar)


Ya por la tarde, y aprovechando que había vuelto "Interneeeeee", como diría Enjuto Mojamuto, actualizamos estos blogs y revisamos el correo urgente. Resulta que desde la Base Gabriel de Castilla suministran un radioenlace IP que permite un incremento de hasta 1 Mbps en la red. El problema es que por temporal se había caido la antena del lazo de Decepción  y tardaron un tiempo en reactivarlo de nuevo.

 Lo que tienen colgado en la pared de la sala de internet y teléfono

También dedicamos la tarde a seguir preparando las cajas. La semana que viene, yo marcho ya para España y Miguel Ángel sale hacia la Península de Byers. El plan es ir mañana a buscar la plataforma de Vigo, despedirnos del Sofia y terminar prácticamente de recoger.

M.Prieto










jueves, 18 de febrero de 2016

De todo un poco

Isla Livingston, Ántártida, 18 de Febrero de 2016

Hoy hemos hecho de todo un poco. Por la mañana hemos estado probando un nuevo prototipo de Miguel Ángel, un sondeador de nieve: un dispositivo de portátil diseño y construcción propia para medir espesor de nieve,  temperatura de la superficie y de la base de la capa de nieve y dotado de un sensor GPS para establecer la ubicación de los datos tomados.

Miguel Ángel tomando medidas con su nivómetro SPPS (Snow Pack Portable Sounder)
Aunque el funcionamiento no ha sido perfecto, hemos pasado un buen ratito midiendo el espesor de nieve y su temperatura en una zona próxima a la base antártica. Esta tarea ha sido interrumpida por el vuelo de un helicóptero. Y es que hoy hemos recibido la visita de una inspección. Como sabéis, la Antártida está protegida por el Tratado Antártico, y los países firmantes tienen el derecho de inspeccionar a cuantos trabajan en este continente. Y como ya ocurriera la campaña pasada en ambas bases españolas, hoy ha tocado una nueva inspección, que ha llegado a la base en un helicóptero de la fuerza aérea de Chile. Un espectáculo poco frecuente el ver aterrizar un helicóptero por estas tierras. Pero se han ido pronto, y apenas habíamos acabado de hacer nuestras medidas de prueba con el prototipo, se han ido.

 ¡Que vienen los inspectores!

Vídeo: helicóptero FACH despegando

Justo antes de comer nos ha sorprendido la visita de nuestros colegas portugueses Ana y Lorenzo, que venían a visitarnos y a ver la cámara de fotos que Manuel les arregló ayer noche. Les hemos ayudado a programarla. Tras la comida ellos se han ido, pero hemos quedado en hablar por radio para coordinar que mañana les hagamos una visita para ayudarles con la instalación de la cámara y para conocer sus zonas de trabajo. La idea es hacer de evaluadores externos y criticar sus instrumentos y estaciones con el fin de mejorarlos y hacerlos más adecuados para los objetivos de nuestros proyectos. Así que mañana, si el tiempo lo permite, iremos a trabajar a sus zonas de estudio.

Y el resto de la tarde lo hemos dedicado a empezar a empaquetar el material y a organizar lo que hará falta en la fase de Byers, que se inicia la semana que viene. así que trabajo aburrido de base, pero hay que hacerlo. También estuvimos dándole vueltas a ver cómo podíamos enfocar la cámara Campbell con un capturador de imagen para PC. Ya lo probamos en Decepción sin éxito. Después de darle muchas vueltas, llegamos a la conclusión de que el capturador estaba roto. David Vila nos dejó una pequeña pantalla LCD que se usa para drones, y con ella pudimos enfocar la imagen sin problemas y en un minuto. Nos ha dicho que nos la presta para Byers. ¡Mil gracias!

Pocas aventuras para el día de hoy, pero se agradece un día de relativa calma.

M.A. de Pablo

miércoles, 17 de febrero de 2016

Evaluación de daños

Isla Livingston, Antártida, 17 de Febrero de 2016

Tras la gran ventisca de ayer, el día de hoy ha sido el de la evaluación de daños. En la base el trabajo ha sido frenético por intentar evaluar los desperfectos causados por la nieve. Alojamientos, corriente eléctrica, agua, comunicaciones... 

Por nuestra parte, también queríamos ver el estado de las estaciones, así que, una vez más, hemos subido al Monte Reina Sofía a ver el estado de nuestros instrumentos. Y la verdad es que la cosa no ha ido mal del todo. Por un lado, nuestras estaciones fijas no han sufrido daños, más allà de la rotura de algun viento viejo que hemos repuesto inmediatamente. Pero los mayores desperfectos los ha sufrido a pequeña estación meteorológica de la Universidad de Vigo. El anemómetro (instrumento para medir la velocidad del viento) ha, literalmente, volado. Ha desaparecido del todo. Damos una batida por la zona pero no aparece, así que habrá ido a parar bien lejos. Además la antena de comunicaciones ha pedido uno de sus segmentos, aunque seguirá operativa, y además ha perdido la orientación. Pero lo hemos arreglado en un momento. La caja de electrónica, a pesar de contener una pesada batería y tener una gran piedra encima, se ha volcado. Si que ha debido de soplar fuerte, si.

Estado de la plataforma de la Universidad de Vigo tras la tormenta

Tras evaluar y reparar estos daños, hemos instalado los últimos sensores de temperatura en el Sofía. Los del sondeo que Inaki nos ayudó a recuperar hace un par de días. Lo hemos limpiado e introducido los nuevos sensores. Luego nos hemos acercado al "agujero del infierno helado", y hemos comprobado que ya se había rellenado solo gracias al viento de la tormenta de ayer. De hecho, las dos palas que habíamos dejado han desaparecido también, sin duda, arrastrada por el viento de la tormenta. Seguro que en un par de años vuelven a aparecer cerca de la base, porque muy lejos tampoco pueden haber ido a parar. Así que sin palas, no había nada que hacer, y hemos regresado a la base.

Justo antes de llegar, en el sitio que llamamos Nuevo Incinerador, hemos recuperado los últimos sensores para reponerlos esta misma tarde, terminando así el volcado de datos y la recuperación de sensores. De hecho, había bastante nieve aún (unos 60 cm), por lo que hemos tenido que palear un poco. El sensor que mide la temperatura del suelo estaba completamnte cubierto por hielo, así que hemos tenido que recurrir a un soplete para descongelar el suelo y permitirnos sacar el sensor del suelo.

También nos hemos pasado a ver el estado de la antena de HF. Bueno, pues había desaparecido de su sitio. Buscando, encontramos el mástil de la antena en el rio parcialmente partido. En el rio también acabó la rueda de madera de los bobinados de cable destrozada. La tormenta también arrancó el conector del cable de antena. En fin, se acabaron las pruebas de HF por esta campaña.

Restos de la antena de HF
Ya después de comer hemos programado e instalado los últimos sensores, y luego hemos estado intentando reparar un disparador de una cámara fotográfica automática que nuestros colegas portugueses que están en la base búlgara (a unos cientos de metros de la base Española, pero sin acceso directo). Manuel ha aplicado toda su magia de ingeniero de telecomunicaciones e ingeniero electrónico para, en unos minutos, hacerlo funcionar de nuevo. ¡¡Menudo fichaje hemos hecho!! Hemos quedado con nuestros colegas portugueses para devolvérselo lo antes posible. Ya veremos a ver cuando es posible.

Y con la satisfacción de haber comprobado que nuestras estaciones han sobrevivido en perfectas condiciones a la ventisca de ayer, y que hemos podido ayudar a nuestros colegas portugueses, nos vamos a dormir, que nos lo merecemos un poco.

¡Hasta mañana!

M.A. de Pablo

martes, 16 de febrero de 2016

La gran tormenta

Isla Livingston, Antártida, 16 de Febrero de 2016

Pues si ayer fue un día duro... hoy ha sido tremendo.

Os pondremos en antecedentes, porque contanto la aventura tán rápidamente como lo hacemos, nos hemos quedado sin daros muchos detalles.

Como sabéis por campañas anteriores, la BaseAntártica Española Juan Carlos I se encuentra en fase de remodelación. Se están contruyendo una nueva base que permita tener más capacidad de científicos, y mejores instalaciones, porque la base original ya estaba fuertemente deteriorada. Los edificios se acabaron de construir hace un par de años, y este año se están ya haciendo los interiores (poniendo tabiques prefabricados, cableado eléctrico, calefacción, etc.). Por eso, en la base hay casi una veintena más de personas trabajando en estas tareas. Esto hace que, dado lo precario de las instalaciones que hay en la actualidad, estemos repartidos por diversos contenedores para dormir, hacemos turnos de comida porque no cabemos todos en el comedor, etc. Además, la zona de la base está llena de palés con los paneles de material prefabricado con el que se están construyendo las paredes interiores. Bueno, pues estos son los antecedentes que ayudarán a entender lo que ha pasado el día de hoy.

Por la mañana Manuel y Miguel Ángel nos hemos levantado pronto, porque nos tocaba el turno de servicio. Es decir, es un día que tenemos que dedicar a poner y quitar la mesa, preparar el desayuno, lavar cacharros, apoyar a los cocineros si hace falta, limpiar los baños y las duchas,... en fín, ejercer de amos de casa. Cuando nos hemos levantado ya soplaba el viento. Nos habían advertido ayer que la previsión era de día ventoso para hoy

La primera sorpresa del día ha sido que no había corriente eléctrica.. así que hoy no hemos podido preparar tostadas para el desayuno. Así que hemos preparado varias cafeteras para el desayuno y calentado varios litros de leche. Mientras hemos tenido que lavar con agua fría algunos platos, vasos y cubiertos para que hubiera para todos. Hemos puesto la mesa y listo para desayunar el primer turno... Después como hemos podido hemos hemos lavado de nuevo platos, tazas, vasos y cubiertos para el segundo turno, además de hacer unas cuantas cafeteras más y más leche. Listos para el segundo turno en el que ya hemos desayunado nosotros. Mientras, poco a poco ha ido subiendo el viento y se ha levantado ventisca. Tanto que cuando hemos acabado de fregar los cacharros del desayuno, al ir a limpiar los baños y duchas, no podíamos abrir la puerta por el fuerte viento, o cuando la abríamos, el viento nos la arrancaba de las manos... menos mal que entre los dos podíamos sujetarla bien. Pero la ventisca ya era importante. Joan, el especialista de medio ambiente de la base, ejerciendo estos días de jefe de base, prohibió ayer los trabajos científicos fuera de la base, ya que trabajar en el glaciar o el monte Reina Sofía con esta ventisca es muy peligroso.

Como ya habíamos acabado esta fase del servicio de limpieza, nos hemos subido a un contenedor que llamamos "el saloncito", que es donde tenemos la mesa de trabajo nosotros, pero que en realidad es donde se descansa en tres pequeños sillones, donde se ve alguna película o se lee y charla en los huecos libres. El problema es que como no se había solucionado el problema de la corriente eléctrica, todos los científicos que no tenía luz en sus laboratorios se había subido a este lugar que era de los pocos de la base donde aún había electricidad. Pero subir hasta allí ya fue complicado, porque la ventisca era ya muy fuerte. Miguel Ángel llegó completamente blanco de nieve, hasta las barbas y el pelo con hielo pegado. Como trabajar tanta gente en este pequeño rincón era complicado, mientras Manuel se quedaba en este sitio, Miguel Ángel se bajó a la cocina a ayudar a los cocineros para pasar el rato hasta la hora de comer.
Mientras pelaba cebollas, ajos, y ayudaba a los cocineros, la ventisca empezó a ponerse muy seria. Tanto que empezaron a salir lanzados distintos elementos que había por la base, pero que estaban bien atados. Así que empezamos a oir golpes, y ver pasar paneles completamente desgajados por delante de las ventanas. Esto se ponía peligroso, así que el jefe de base decretó estado de emergencia por condición climática. Es decir, las condiciones ambientales son tan malas que quedaba terminantemente prohibido salir al exterior del módulo en el que cada uno estuviera. A unos les pilló en "el saloncito", a otros en la cocina y el comedor, a otros en los talleres, a otros en los módulos que se están contruyendo. Y solo eran las 11 de la mañana.

A partir de aquí, el tiempo se volvió una locura, el viento, cada vez más fuerte, con rachas de 120 km/h, golpeaba los módulos y los hacía temblar y crujir. Los paléts con paneles atados en el exterior comenzaron a romperse bajo la fuerza del viento y a salir volando por la base, golpeando otros módulos. En la cocina, varios de ellos golpearon con tanta fuerza que tiraton abajo todo lo que había en las estanterías. Fue necesario colocar las placas del horno delante del cristal para protegernos un poco en caso de que un panel rompiera la ventana mientras estábamos preparando la cocina.

El viento no hacía más que soplar, y por radio se iba escuchando el recordatorio de prohibición de salida al exterior. Además se oían informes de unos y otros a medida que se iban viendo desperfectos en los módulos. Por ejemplo, uno de los contenedores que hace de dormitorio, se fue desplazando de su sitio por la fuerza del viento... tanto como 6 metros!, y a punto estuvo de volcar. Por suerte no había nadie dentro de ese módulo. También se escuchó el aviso de que uno de los molinos de viento, usados para generar electricidad se había roto y salido volando. O cómo uno de los iglús de fibra de vidrio se había roto y la nieve comenzaba a entrar en el interior, o cómo otro se levantaba y desplazaba. una locura.

Mientras tanto, todo el mundo, más o menos preocupado, en el interior del módulo donde le había pillado la el aviso de prohibición, iba haciendo cosas para distraerse: leer, escribir, charlar, jugar a las cartas,... Llegada la hora de la comida, sólo la docena de personas a quienes la alerta les pilló en el comedor y la cocina pudieron comer, pero el resto tuvieron que aguantar el hambre. Lo mismo que las ganas de ir al servicio, ya que lo único que se pudo hacer es improvisar servicios en cubos para las aguas menores.

A eso de las 15h, el viento, aunque aún muy fuerte, ya iba remitiendo lentamente, permitiendo a los especialistas de montaña de la base salir a ver las condiciones de seguridad y si era posible mover a la gente en pequeños grupos hasta el comedor. Y así fue. Con precaución, y en pequeños grupos se fue llevando a la gente de los distintos módulos hasta el comedor y el servicio. Un comedor muy pequeño, pero que cobró una gran vida, pues en algún momento estuvimos todo el personal de la base en el interior. Unos comiendo, otros tomando café y calentándose después de toda la mañana en algún módulo sin calefacción, y otros contando lo que podían ver desde las ventanas de la terrible ventisca. Una locura de servicio para Miguel Ángel, que le toco poner y quitar la mesa muchas veces, fregar con agua fría, preparar café para los que iban llegando al comedor,...  A Manuel le pilló en el saloncito, así que se libró de estas tareas. Pero ya tendría tiempo de recuperarlo en la cena. Tras la comida, y aprovechando que todo el mundo estaba en el comedor, se informó de que las condiciones meteorológicas irían mejorando por la tarde, pero que el personal científico seguía con la prohibición de salir al exterior. Mientras, los técnicos intentaban conectar la corriente de nuevo, descongerlar las tuberías para tener agua corriente, y mover los contenedores que el viento había movido de sitio.

Contenedor de dormitorios 2 desplazado por el viento


Al final de la tarde, con la tormenta ya calmada, se levantó la prohibición, y pudimos recorrer la base viendo los enormes desperfectos causados por la terrible tormenta de nieve. Sin duda la más fuerte que muchos han visto por estas latitudes. El resto de la tarde se dedicó a ir recogiendo todo el material que el viento había desperdigado por la zona de la base. Las caras de preocupación se fueron relajando poco a poco, y aunque aún no había agua corriente por la congelación de las tuberías, la luz parecía que ya llegaba a todos los módulos.

La cena fue un poco ligera, con una sopa caliente y embutido para todos los que habían estado trabajando en el exteior recogiendo materiales y reparando los desperfectos. Tras la cena, un brindis con cava para celebrar que habíamos sobrevivido sin más que desperfectos en la base. Sin duda algo que celebrar, porque de haberse producido un accidente, este habría sido realmente grave y sin posibilidades de evacuación en la terrible tormenta.

Tras fregar y recoger, para acabar el día de servicio de limpieza, nos tomamos un Baylis con Daniel y Ángel, el cocinero y la pinche, con quienes Miguel Ángel había pasado todo el día preparando comidas y cafés, y atendiendo a los que tras muchas horas de aislamiento, fueron llegando al comedor. Un día agotador, pero al que hemos sobrevivido. Sin duda un día que recordaremos muchos años.

M.A. de Pablo

lunes, 15 de febrero de 2016

Un día duro

Isla Livingston, Antártida, 15 de Febrero de 2016

Hoy ha sido otro de esos días duros. El día ha levantado ventoso, y eso ya sabemos lo que significa: que en el monte Reina Sofía habrá una buena ventolera y que la temperatura será muy baja allá arriba. Es decir, que será un día complicado de trabajo en el campo. Pero tenemos el objetivo de intentar sacar los sensores de un sondeo corto que hay en la cima y que el primer día comprobamos que había entrado agua y el hielo impedía sacar los sensores.

Hemos subido con Iñaki, que iba cargado con la sonda de vapor: un invento infernal, similar a una cafetera grande cuya finalidad es la que calentar agua para conseguir vapor que se inyecta en una manguera hasta la punta metálica y microperforada por donde sale el vapor. Normalmente se usa para hacer perforaciones en el hielo del glaciar, pero en muchas ocasiones la hemos empleado para fundir el hielo dentro de nuestros sondeos y poder sacar los sensores. Y esta es otra de esas ocasiones.

Mientras ascendíamos, el viento iba arreciando. Un presagio de lo que nos esperaba hoy en la cima. De hecho, nuestros colegas del equipo de investigación de glaciares de la Universidad Politécnica de Madrid, han tenido que abortar las actividades de hoy, porque trabajar en el glaciar era realmente complicado con este viento. Nosotros hemos decidido probar suerte y subir hasta la cima. la verdad es que el viento y el frío eran tremendos, pero queríamos ir cerrando tareas. No nos quedan muchos días de trabajo en esta parte de la isla, y no queremos desperdiciar ningún día. Así que mientras Manuel y Miguel Ángel se han dedicado a comprobar el funcionamiento del sensor de temperatura y humedad que reinstalaron hace unos días, a sellar la caja de electrónica de forma definitiva por este año, y a reprogramar el envio de datos de la mini estación meteorológica que envía datos por satélite, Iñaki ha empezado a preparar la sonda de vapor.

Y es que el viento hacía muy dificil que la máquina infernal calentara el agua. Y eso que ya la habíamos subido caliente en un termo... pero no habia manera. Tras casi una hora, por fin el agua cogió temperatura suficiente y comenzamos las tareas de fundir el hielo dentro del sondeo. Por suerte es de solo un metro de profundidad. Pero se resistía. Y encima no teníamos mucha agua. Y cuando ya nos habíamos quedado sin agua, Iñaki no pudo por menos que intentar tirar de los sensores... y voila! Ahí van los sensores para fuera.

La pena es que durante las tareas de fundir el hielo con la sonda de vapor, se habían soltado dos de los sensores, que son casi tan grandes como la anchura del sondeo... y al sacar la cuerda de la que colgaban... estos dos sensores se han ido para el fondo!. Menuda contrariedad. Pero por lo menos el sondeo se había salvado y era reutilizable. Pero ya sabéis que no podemos dar las cosas por terminadas a la primera. Así que con lo que teníamos a mano hemos estado improvisando formas de sacar los sensores del fondo del sondeo. Con una barra metálica, con una barra de caña, con las dos a modo de palillos chinos...hasta con la cinta métrica y ¡Oh sorpresa!. Es así como hemos conseguido sacar uno de ellos!! El otro en cambio se resistía, así que ha habido que ingeniarse una especie de anzuelo rústico diseñado por Manuel para conseguir sacar el otro! Pero prueba superada!!  Y eso que el viento no hacía más que azotarnos... tanto que todo esto que os hemos contado lo hemos hecho tumbados encima de la nieve, porque de rodillas o agachados nos habría tirado el fuerte viento.

¡Qué gustazo el poder volver a poner la tapa del sondeo tras haber sacado el agua del fondo y todos los sensores...! Es el gustazo que da el resolver un problema ingeniándoselas con pocas cosas y en condiciones extremas. Todo un placer para la mente... que no para el cuerpo, porque las manos las teníamos ya que no las sentíamos, y eso que habíamos estado trabajando con guantes toda la mañana.

Satisfechos decidimos pasar por el sondel de 15 metros para tapar el "agujero del infierno helado" que nos prepararan el otro día David y Tetyana, Pero el viento nos tiraba. Y al coger las palas, éstas hacían efecto vela y el viento nos derribaba. Dado de lo peligroso de la operación, Iñaki decidió abortar esta actividad y regresar a la base. Algo que aceptamos de muy buen grado, pues teníamos las manos y los pies ya ateridos de frío. Pero por el camino no pudimos resistirnos a instalar unos poco sondeos más en la estación que llamamos Morrena, situada a medio camino entre la cima del monte y la base española.

De toda esta actividad matutina no hay registro fotográfico, porque cualquier sacaba las manos de los guantes para hacer fotos... y además ponerse de pie era todo un deporte de riesgos... así que como para hacer fotos...

Tras esta larga mañana, llegamos a la base a tiempo de comer y de darnos un merecido descando. Por la tarde hemos estado paleando nieve en las inmediaciones de la base para sacar los últimos sensores que nos quedaban por recuperar. Y con esto tenemos ya recuperados todos los sensores de la zona. Solo nos queda instalar unos pocos en varias estaciones y ya habremos cumplido los objetivos prioritarios de esta fase de la campaña.

Y con esta satisfacción nos vamos dormir, que además mañana nos espera un día largo pues tenemos turno de servicio a la base. Ya sabéis: poner y quitar la mesa, ayudar al cocinero, lavar cacharros, limpiar los baños y las duchas, tirar la basura a sus contenedores respectivos.

¡Buenas noches!


 M.A. de Pablo

domingo, 14 de febrero de 2016

Un día relajado

Isla Livingston, Antártida, 14 de Febrero de 2016

Hoy es domingo. En la base, los domingos, si las labores de los científicos lo permite, es día de descanso para la dotación. No quiere decir que no se trabaje, sino que se hacen sólo tareas de base, y los horarios son más laxos.

Nosotros no podemos permitirnos un día de descanso. Al menos no por el momento hasta que los objetivos estén cumplidos. Pero la verdad es que llevamos una semana muy intensa, así que hemos decidido relajar un poco el ritmo, pero sin dejar de trabajar. Por eso, hoy nos hemos levantado igual que el resto de los días, y después de desayunar hemos cogido el mástil para el nivómetro y los sensores que programamos ayer por la tarde para ir instalándolos ya en algunas de las estaciones, completando así las tareas de mantenimiento. Así que hemos recorrido varias estaciones instalando sensores, poniendo vientos nuevos para sujetar los mástiles y finalmente hemos instalado el nivómetro en Collado Ramos. 

Nuevo nivómetro instalado en Collado Ramos

Como aún era temprano, hemos decidio bajar por el lado contrario del cerro y bajar a Caleta Argentina, a visitar una pequeña pingüinera que hay allí. La verdad es que mientras bajabamos, no hemos visto pingüinos y nos hemos sorprendido, pero luego nos hemos dado cuenta de que los pingüinos se habían protegido entre las rocas. Había bastantes pollitos reunidos en una guardería protegida por unos pocos adultos. Y es que las skúas no hacían más que rondar a los jovenes pingüinos en busca de poder comerse alguno. De lejos, siguiendo las indicaciones del Tratado Antártico que prohíbe acercarse a los animales ni molestarles, hemos pasado unos minutos observándoles antes de continuar por la playa a lo largo de la caleta. En nuetro camino, mientras charlábamos y paseábamos, hemos podido ver algunos lobos de mar, una pequeña foca de weddel y algunos pingüinos más. Y luego hemos regresado sobre nuestros pasos para volver a la base a comer.

Pingüinos en Caleta Argentina

Lobo de mar descansando sobre musgos cerca de unos huesos de ballena

Por la tarde, Manuel ha estado realizando pruebas de comunicaciones con España. Hace un par de tardes habíamos instalado una antena extensible en la parte trasera de la base, y hoy Manuel ha estado haciendo varios intentos por contactar con otros radioaficionados en España. Y aunque ha oído a algunos de sus amigos, éstos no le escuchaban en España. Pero si ha podido hablar con gente de Italia y suramérica. Habrá que seguir intentándolo la próxima semana.

Manuel realizando pruebas de comunicación por voz y digital en la BAE Juan Carlos I

Y tras la cena, estuvimos un rato viendo una película en uno de los contenedores que hace las veces de sala de estar. Aunque es muy pequeña y es la que usamos nosotros como puesto de trabajo, es suficiente para varias personas. al fin y al cabo mucha gente en poco espacio se está calentito, que por aquí no sobra el calor. y además, de lo que se trata es de desconectar un rato y estar junto a otros científicos y técnicos sin hablar de trabajo.

En fín, un día relajado. Mañana volvemos a la carga.

M.A. de Pablo