lunes, 7 de marzo de 2016

Fin de campaña

Alcalá de Henares, España. 7 de Marzo de 2016

Todo tiene un final, y este es ya el de la campaña antártica 2015-2016 del proyecto PERMATHERMAL. El sábado a primera hora de la tarde aterrizaba, tras un vuelo sin incidencias, en el aeropuerto Adolfo Suarez de Madrid-Barajas, dando así fin a la campaña.

Ahora ya quedan atrás las siete semanas y media de campaña en las que a Manuel y a mi nos ha pasado un poco de todo. Hemos tenido magnificos días de sol y terribles ventiscas. Hemos tenido días de duro y agotador trabajo de campo, y días relajados de espera y navegación. Pero sobretodo hemos sacado adelante los numerosos objetivos que nos habíamos planteado. Hemos realizado el mantenimiento de todas nuestras estaciones, colaborado con nuestros colegas portugueses (y con algunos otros proyecctos), realizado pruebas de nuevos instrumentos y métodos,.... En fín, podemos decir que la campaña ha sido todo un éxito.

Pero la campaña es también muchas más cosas que trabajo. Hemos tenido la suerte de compartir horas de navegación, trabajo y vida con viejos colegas antárticos, y hemos conocidos a otros muchos que se han unido a esta pequeña familia de los que dedicamos nuestro tiempo a trabajar algunas semanas en la Antártida. Científicos, técnicos y dotaciones de distintos rincones de España (y del mundo), con quienes hemos compartido el frío, las penurias, y el escaso espacio de barcos y bases, bajo ese influjo del llamado "espríritu antártico" de colaboración y camadarería, en el que todo lo malo no se ve y solo hay buenas palabras y sonrisas en el día a día.

Ahora queda mucho trabajo por delante: añadir nuestros datos a las bases de datos propias, nacionales e internacionales, redactar informes, cuadrar las cuentas,...y todo ello junto con las tareas docentes que nos ocupan: clases, tutorías, más clases, reuniones...  Es el precio del privilegio de trabajar en la Antártida. Y es que, no podemos olvidar que hemos tenido el privilegio de trabajar en un rincón único del planeta, con naturaleza inalteraza y extrema. Cuando la paciencia se nos agota con la burocracia y la rutina, no podemos sino dejar de pensar en lo que hemos visto: icebergs, pingüinos, ventiscas, focas, glaciares, ballenas, petreles, hielo y más hielo.

No podemos acabar la campaña sin agradecer a cuantos organismos han estado implicados en su desarrollo: Ministerio de Economía y Competitividad, Ministerio de Defensa, Ministerio de Educación y Cultura, Ejército de Tierra, Armada, Unidad de Tecnología Marina, Programa de investigación Polar de Plan Nacional de I+D+I, Instituto Geológico y Minero de España, y la Universidad de Alcalá. A todas estas instituciones y el personal que pertenece a ellas que ha dado, de una manera u otra, desde España o en el terreno, su apoyo y trabajo: muchas gracias por hacerlo posible. Y también a mi compañero Manuel, quien ha sufrido en sus carnes la rudeza de las tierras antárticas y del trabajo de campo en el estudio del permafrost, pero que ha superado con creces haciendo fácil lo complicado y siempre con una sonrisa, a pesar de todo. Gracias Manuel. Finalmente nuestro agradecimiento también a quienes nos habéis seguido en estas semanas leyendo nuestras aventuras por tierras antárticas. Esperamos que hayais podido disfrutar de nuestras aventuras y desventuras y "visto" de cerca cómo es el trabajo científico de campo en este rincón helado del planeta.

Muchas gracias y hasta pronto, pues esperamos continuar este blog de forma esporádica mostrandoos los resultados científicos de la campaña. ¡No dejéis de seguirnos!

Un cordial saludo

M.A. de Pablo

viernes, 4 de marzo de 2016

La vuelta a casa

Buenos Aires, Argentina, 4 de Marzo de 2016

Esta mañana he desayunado con Vanesa y Alfonso, dos científicos del grupo de sismología con quienes he compartido (un año más) campaña en la base Gabriel de Castilla. Ellos se quedan algunos días más, y hoy se iban de excursión, así que tras desayunar me he despedido de ellos y luego he hecho la maleta. Después, para matar las últimas horas en la ciudad he ido a pasear de nuevo por la calle San Martín y luego he iniciado mi viaje de vuelta a casa. Ushuaia-Buenos Aires ha sido el primer vuelo, y ahora seis horas de espera en el aeropuerto de Buenos Aires, en las que he aprovechado para escribir algunas de las entradas de blog atrasadas (llevo sin conectarme a internet desde el día 24). Y como poco hay que contar de la vida en espera en un aeropuerto no os entretengo más. En unos minutos tomo el vuelo Buenos Aires-Madrid que dará fin definitivo a la campaña.

¡Buenas noches!


M.A. de Pablo

jueves, 3 de marzo de 2016

En puerto

Ushuaia, Argentina, 3 de Marzo de 2016

Ya de madrugada hemos entrado en el canal del Beagle. No lo hemos visto porque ya estábamos acostados, pero a las 4 de la madrugada hemos recogido al práctico del puerto que es quien dirige el barco en este transito por el canal. Cuando nos hemos levantado, hoy a las 6:30, ya hemos podido ver montaña, nieve, y ¡ÁRBOLES! por la ventana de nuestro camarote. Aunque aún no había amanecido del todo, hemos desayunado rápido para poder subir al puente a disfrutar del canal y de la llegada a Ushuaia. La sorpresa es que estabamos mucho más cerca de lo que pensábamos y ya se vislumbra a lo lejos nuestro puerto. Aún hemos tardado un par de horas en llegar allí, algo que hemos aprovechado para disfrutar del vuelo de los albatros, os petreles y los cormoranes que jugaban con el barco, recortando su trayectoria, siguiéndole la estela o sobrevolándolo. El amanecer ha hecho aún más bonita nuestra entrada en puerto (marca atrás!) que ha sido lenta, pero eficiente y suave, sin el típico "clonk" que ttodos esperábamos. Luego hemos esperado que la autoridad del puerto nos sellara los pasaportes para poder entrar en argentina. Luego nos hemos ido despidiendo y poco a poco abandonando el buque. El comandante ya se despidió anoche entregándonos un certificado de haber pasado el Drake, así que ya solo quedaba despedirse.... o más bien emplazarse en los bares de la zona para tomarnos unas buenas cervezas para verlebrar el final de la campaña. Tanto el buque como los científicos como la doctación de Gabriel de Castilla, estamos ya de regreso a España, así que nada mejor que celebrarlo.

Cada cual se ha ido dispersando por los hoteles. Yo he vuelto al Rosa de los Vientos, en el que tan bien nos han tratado años atrás cuando solíamos entrar y salir por Ushuaia. Aunque iba a ducharme, no he podido resistirme a darme un baño. Es poco ecológico por el consumo de agua, pero el cuerpo entumecido, volver a tonificar los músculos, y quitarse definitivamente la capa de suciedad y mugre acumulada en estas largas semanas justifican el baño.

Por la tarde, y en compañía de otros científicos, hemos estado paseando "San Martín arriba, San Martín Abajo". Es la calle principal de la ciudad y donde se reunen todas las tiendas para los turistas que embarcan aquí en los cruceros antárticos, así que poco hay mejor que hacer para pasar un par de horas en la ciudad, por todo lo demás, un poblado de colonos con un antiguo penal como parte de su historia. Después hemos coincicido casi todos los que íbamos en le barco. Ya limpios, peinados, vestidos de calle nos hemos encontrado la práctica totalidad de los que hemos subido en el barco, incluída su dotación. Ha sido divertido y distendido charlar con unos y otros y brindar por el trabajo bien hecho y haber conseguido llegar a buen puerto después de largas semanas de duro trabajo en la Antártida. Mañana vuelvo a casa, así que la cerveza de hoy también era en honor de Manuel que volvió hace unos días, y por cuantos habéis seguido estos apuntes de nuestras aventuras por el sur. Gracias a todos.

M.A. de Pablo

miércoles, 2 de marzo de 2016

A la gente de mar

Mar de Hoces, 2 de Marzo de 2016

Hoy hemos salido de la Antártida. Hemos cruzado el paralelo de 60ºS que marca el territorio antártico (no el océano antártico) protegido por el Tratado Antártico. Ayer y toda la noche de hoy el mar ha convertido el buque en una batidora. No ha sido el peor Drake que hemos hecho, pero se ha movido bastante. Esta mañana aún daba coletazos, pero el Mar de Hoces ya estaba mucho más calmado. Tanto como par que todos los que estábamos "desaparecidos" por el buque volviéramos a la vida.

Y dias como el de ayer son en los que uno se da cuenta el valor y la dureza de la gente de mar. Al fin y al cabo nosotros éramos unos meros pasajeros, pero mientras el mar batía, muchos estaban en el puente de mando del buque, o manteniendo a punto los motores, o cocinando, o limpiando,... y todo ello a pesar de las olas y vaivenes del buque. Y como la dotación del BIO Hespérides, los de otros muchos buques, de todos los tamaños, y condiciones, desde los buques de la armadas hata el último de los pesqueros. Y ya se sabe de la dureza de la gente de mar, pero hoy, cuando uno ha sufrido en sus carnes la mala mar, uno piensa en todas esas personas que día a día hacen su trabajo, muchas veces jugándose la vida, recorriendo los mares del mundo. A todos ellos, vaya este merecido homenaje.

Pero el Mar de Hoces hoy nos ha brindado un día que uba mejorando por momentos, dejándonos incluso salir al castillo de proa a hacernos fotos con toda la dotación del buque. Aunque entre bancos de niebla, hasta hemos visto y disfrutado a ratitos del sol. sol que hemos aprovechado muchos para ponernos a "fotosintetizar", disfrutando del primer calorcito del sol en muchas semanas. Parece mentira como algo tan sencillo con calentarse un poco al sol es, por esas latitudes que hemos dejado atrás, todo un lujo.

Al atarceder, ya sin niebla, hemos disfrutado de una puesta de sol de lo más colorida mientras en el horizonte comenzábamos a vislumbrar las primeras siluetas de tierra firme. Al fin la Tierra de Fuego. Aunque esto marca el final de nuestro periplo antártico, los que no somos gentes de mar agradecemos poder gritar aquello de "¡¡TIERRA A LA VISTA!!".

M.A. de Pablo

martes, 1 de marzo de 2016

¿Pero esto no se acaba nunca?

Mar de Hoces, Antártida, 1 de Marzo de 2016

Vomitar no es algo que agrade a nadie, pero cuando el estómago se te pone del revés, no queda más remedio que correr hasta el baño más próximo. Y es que aunque nunca he tomado pastillas contra el mareo, a veces me pregunto porqué hago esta tontería. Pero la somnolencia que dan las pastillas no es tampoco agradable. Así que prefiero aguantar. Mientras no me muevo demasiado si hago movimientos bruscos ni cambio en exceso de cubierta, la cosa funciona, pero en caso contrario... y todo iba bien hasta que he bajado al comedor a una reunión con el comandante del barco... Un golpe de mar de la tempestad de la que nos avisara ayer el comandante ha hecho su primera víctima... Así que aunque no me sentía mareado, he pasado el resto del día en mi saco de dormir dormitando, bebiendo sorbitos de zumo, comiendo fruta y leyendo. Y es que cuando el barco se convierte en batidora, lo mejor es no tentar a la suerte y hecharse "a morir" en algún sitio. Tdo es cuestión de tiempo y al final siempre llega la calma. A unque a veces la maldita tarda días en llegar. En el buque Las Palmas la cosa era distintas. Ya estaba acostumbrado al movimiento del mar en el Mar de Hoces. Mucho más calado y menos altura del barco, hacía que pudiera soportar cualquier tormenta sin prácticamente inmutarme, pero en el Hespérides... más alto y con menos calado hace que cada cruce del Drake sea una verdadera aventura. Así que uno no deja de preguntarse "¿pero esto cuando se acaba?" "¿y si me tiro al mar y que acabe este sufrimiento en 3 minutos?" "que alquien me mate ya!". Menos mal que la batidora en la que se ha convertido el barco hace que nacie se plantee moverse de su catre (o del suelo en mi caso), ni siquiera para intentar tirarse por la borda... y el cansancio acaba haciendo que uno caiga de nuevo en el sueñoo en un duerme-vela lo suficientemente como para que el tiempo pase un poco más rápido. Porque si hay algo que ocurre en el Drake es que el tiempo no pasa... casa segundo se hace eterno, cada vaivén del barco es infinito... ¿pero es que esto no acaba nunca?
M.A. de Pablo

lunes, 29 de febrero de 2016

Arranca el Drake

Mar de Brandsfield, Antártida, 29 de Enero de 2016

Anoche, mientras nos duchábamos y charlábamos con los colegas antárticos, el barco fue navegando hasta Bahía Sur, para fondear frente a la base Juan Carlos I. A primera hora del día hemos desembarcado el material del campamento Byers y embarcado a los dos científicos que quedaban en la base (uno de ellos nuestra antogua colega Cayetana). Y a mediodía hemos iniciado el viaje de regreso a España. De momento, el día de hoy ha sido el de disfrutar del mar de Brandsfield. Los glaciares de las isla Livingston, Greenwich, Nelson y Rey Jorge nos han ido despidiendo. El día soleado nos ha permitido pasar horas en la cubierta del barco, escondidos en rincones protegidos del viento, donde hemos contemplado los paisajes, sacado cientos de fotografías, y charlado con la enorme población del barco. Aventuras, anécdotas y demás conversaciones nos han permitido pasar el rato, olvidar por unas horas la ciencia que nos ha traído a este lugar, y disfrutar un poco del privilegio de trabajar en la Antártida. Así que como unos turistas cualquiera nos hemos hecho más que disfrutar de los espectaculares paisajes de naturaleza en estado puro.

Al final del día el buque a cambiado su derrota para poner rumbo hacia Ushuaia, a unos 1000 kilómetros de distancia. El comandante del buque nos ha reunido a todos para darnos la bienvenida a bordo (una vez más), hablarnos de las condiciones de seguridad y para comunicarnos que iniciábamos el cruce del llamado paso del Drake en el Mar de Hoces (en honor del navegante español que lo descubrió), que sería movidito desde mediodía del día siguiente y durante todo su noche. Así que con esta previsión, nos vamos mentalizando (y algunos tomando todo tipo de pastillas y medicamentos contra el mareo) de lo que nos espera. Son sólo tres días, pero tendremos que pagar nuestro privilegio de trabajar en la Antártida.

M.A. de Pablo

Dia cero, después de la Antártida

Alcalá de Henares, España, 29 de febrero de 2016

Llegué al aeropuerto de Madrid el viernes por la tarde en un viaje largo en avión y a la vez un tanto accidentado. Avisaron por megafonía varias veces preguntanto si había un médico abordo. Uno de los pasajeros se puso fatal al poco de cruzar la Cordillera de los Andes y yo ya me veía anterrizando de emergencia en algún sitio de Brasil. Al final, efectivamente había un médico en el avión y llegamos en hora.  
 
Hoy ha sido mi primer día de vuelta al trabajo. ¡Qué contraste!. Pero estoy contento. La Antártida ha sido toda una experiencia que espero poder repetirla algún día, pero también agradezco estar de vuelta en casa, con mi familia; y por qué no, de vuelta al trabajo. Junto con todo lo que tengo que contar, tengo todo un cuatrimestre que preparar, un proyecto espacial que terminar y poner en práctica muchas ideas que se me han ocurrido durante el viaje.

Durante el viaje de vuelta y el fin de semana, Tetyana, la médico de la BAE Juan Carlos I, me ha estado poniendo al día de la estancia de Miguel Ángel en Byers. En Byers no hay base alguna. Es una península muy protegida en Livingston en la que se monta un campamento temporal, tipo iglú. El único método de comunicación es por medio de walkies. Parece que se han encontrado poca nieve y que eso ha facilitado su trabajo. Me han dicho que hoy embarcan en el Hespérides, que les llevará a Ushuaia, en Argentina y de allí ya volará a Buenos Aire y Madrid.

Así que estad atentos. Espero  que podamos tener una entrada de Miguel Ángel en breve contándonos su experiencia en Byers. Yo ya me despido aquí. Muchas gracias a todos los que nos habéis seguido y a todas las personas que he conocido en este viaje, por hacerlo más fácil y por ese buen "espíritu antártico". Y a Miguel Ángel, como no. Muchas gracias, simplemente por todo. ¡Ánimo!. Esperamos tus noticias. Que tengas un buen viaje de vuelta, que aquí te esperamos.

M. Prieto