jueves, 25 de febrero de 2016

Rumbo Norte

Punta Arenas, Chile, 25 de febrero de 2016

Escribo estas líneas ya desde Punta Arenas. Llegué ayer por la tarde después de un largo viaje, desde que zarpara de la isla Livingston allá el pasado lunes. Como bien contó Miguel Ángel, el lunes fue la despedida de la base Juan Carlos I. Cuando llegamos al Sarmiento de Gamboa, nos quitamos los teletubbies y justo en ese instante se oyó un revuelo en cubierta. La tripulación estaba mirando justo a la zodiac. Nos acercamos a ver qué pasaba y es que había un pingüino que había saltado dentro de la zodiac y estaba mirando perplejo al patrón y al proel, que eran los únicos que ya quedaban en la zodiac. Después de pensárselo un poco, el pingüino pegó un brinco y se fue alejando de la zodiac como un torpedo.

No me voy a entretener contando de nuevo las maravillas del BIO Sarmiento de Gamboa. La única pega que le puedo poner al barco, y esta es personal, es que se mueve bastante. Menos mal que Tetyana, la médico de la BAE, me dio unas gotitas mágicas para el mareo antes de marchar. El rumbo era ir primero a Decepción, recoger a varios investigadores, y de ahí ya salir para Rey Jorge. Estaba previsto que al día siguiente cogiéramos el avión a Punta Arenas. 

Miguel Ángel tenía razón, "el que brinda a la salida de los Fuelles de Neptuno vuelve a Decepción". Y así fue, y antes de lo que pensaba. Estuve las dos/tres horas que dura el trayecto a Decepción en cubierta admirando por última vez los icebergs y el mar de Bransfield.

Entrada por los Fuelles de Neptuno

Allí estaba de nuevo la BAE Gabriel de Castilla. Parecía igual, pero me fijé que ya habían puesto un aerogenerador para el proyecto de invernada. No desembarcamos. Estuvimos unas horas en Decepción mientras observábamos el trasiego de zodiacs entre la base y el Sarmiento. En uno de estos barqueos subió a bordo el comandante Salas. Fue una sorpresa volver a verle. Emprendimos el camino a la isla Rey Jorge pasadas las 7 de la tarde. Esta vez no pude brindar con Sidra, pero brindé con lo que tenía a mano. El barco no dejaba de moverse y moverse y por el camino se podría ver la línea del continente claramente.

Pasamos esa noche en el barco y a la mañana siguiente estábamos todos pendientes del vuelo a Punta Arenas. Finalmente, no pudo ser. Pude ver dos barcos de turistas al lazo del Samiento, además del Hespérides que también estaba por allí. Nos explicaros que éramos los terceros en la cola. Ya empezó a empeorar el tiempo y el vuelo se canceló. Eso sí, los turistas sí que salieron. A nosotros nos tocó pasar otra noche en el barco. Pero nada, aprovechamos para charlar entre nosotros y contarnos las batallitas de la campaña.

Ya el miércoles (ayer), nos levantamos temprano y nos informaron que volaríamos ese día. Deprisa y corriendo nos fuimos todos a preparar el equipaje y estar preparados para ponernos los trajes. Éramos tantos (23) y había tanto equipaje, que se tuvieron que hacer tres barqueos. En el últimos hasta se estropeó la zodiac y hubo un momento de pánico. Vimos aterrizar nuestro avión y un Hércules de la Fuerza Áera de Uruguay, que levantaron un montón de barro al aterrizar. Una vez en pista, nos pesaron el equipaje y estuvimos esperando un buen rato hasta que nos autorizaron a subir al avión. Tenía los pies helados de la espera. Estaba tan mal la pista, que tenían que controlar muy bien la carga. De hecho, a los japoneses no les dejaron cargar sus cajas. Las cajas volarían al día siguiente.

A pie de pista


Salimos a las 13:40. Desde la ventanilla me despedí con tristeza de la Antártida. El vuelo duró unas dos horas y chán. De repende, en la civilización, como si todo lo pasado en este mes y medio hubiera sido tan solo un sueño, una ilusión, un espejismo. Me quedan ya unas pocas horas antes de tome el vuelo a Santiago de Chile y de ahí, otro a Madrid. Habrá sido un sueño, pero un sueño de esos que se recuerdan toda la vida.

M.Prieto
 

miércoles, 24 de febrero de 2016

Preparando Byers

Isla Livngston, Antártida, 24 de Febrero de 2016

Las noticias han sido buenas para Manuel. Hoy volaba desde la Isla Rey Jorge hasta Punta Arenas. Con este salto ya está en el buen camino de regreso a casa.

Mientras tanto, yo hoy he estado preparando todo el material para Byers. No el material científico, que ayer ya estaba completamente listo, sino hechando una mano en lo que se podía a Iñaki e Hilo, los guías de montaña que nos darán el apoyo este año. Comida, menaje, sacos de dormir y esterillas, comunicaciones... de todo para abrir un "campamento ligero" como lo han denominado este año. Tan ligero que no vamos a tener ni "cuarto de baño". Parece mentira, pero a pesar de lo ligero y corto del campamento, entre material científico, personal y del campamento, al final nos llevamos 4 sacos de rafia llenos hasta los topes. Pero nada que ver al enorme volumen que se movía en otras campañas.
Bueno, a veces más que ayudar estaba molestando, pero es que estos días de espera, cuando ya tienes todo preparado son un poco agotadores. Charlando con unos y otros, asegurándose de que todo está colocado y organizado... y es que un pequeño olvido puede ser crucial en este lugar al que vamos, y donde no hay manera de conseguir nada que no se lleve. El año pasado nos olvidamos de la cafetera, y los que necesitaban de esta sustancia para sobrevivir se las tuvieron que ingeniar para fabricar algo con lo que "destilar" un café calemtito aceptable para las mañanas.

Lo malo del día de hoy ha sido el viento. Se ha ido levantando viento a lo largo del día, y aunque no es molesto en tierra, en la playa está produciendo olas que complican los embarques. El plan inicial era embarcar en el Sarmiento de Gamboa a primera hora de la noche tras su llegada a Bahía Falsa. Ya aburrido por la espera, acompañado de Tetyana (la médico de la base) y nuestra antigua colega Cayetana, nos hemos ido a ddar un paseo hasta el que llamamos "Pico radio", una loma cercana a la base y desde donde se divisa la entrada de la bahía. Hemos podido observar grandes icebergs, algunos pingüinos que habían escalado también la loma, y un atardecer entre la niebla. Y a lo lejos a aparecido el buque que ya nos venía a buscar.

Y como ocurre muchas veces en la Antártida, se ha tenido que cambiar los planes. Se ha acordado retrasar el embarque hasta las 5 de la madrugada, por si el viento bajaba un poco durante la noche y no era tan arriesgado el embarque. ¡Menos mal que no había deshecho la cama! Aprovecho para despedirme de la mayor parte de los que estaban en la base, ya que de madrugada soólo veré a unos pocos. Así que agotado por un día poco fructífero y de espera me voy a dormir, que en unas pocas horas tengo que madrugar.

¡Buenas noches!

M.A. de Pablo

martes, 23 de febrero de 2016

Preparando la siguiente fase

Isla Livingston, Antártida, 23 de Febrero de 2016

Hoy es el día dedicado a preparar la siguiente fase, el trabajo de 3 días en el campamento Byers. Es la parte más dura, pero también la más "divertida" de la campaña. Acampañar y "buscarse la vida" en un rincón recóndito de esta isla (aunque sólo está a 3-4 horas de navegación desde la base Juan Carlos I), tiene su encanto. Además es un lugar fantástico, lleno de vida (elefantes marinos, lobos de mar, pingüinos, petreles gigantes, skúas,...) y con unos paisajes completamente extraterrestres. Y si el cielo está despejado, se puede ver las montañas Friesland, la isla Decepción y hasta el continente antártico!

Así que hoy es el día dedicado a preparar esa fase. Lo primero de todo dejar el material listo. una vez programados anoche los sensores, era hora de hacer el macuto de trabajo, metiendo todo lo necesario para poder hacer la instalación de todos los sensores en un sólo día, y dejar otro tipo de actividades para los siguientes. Después ha tocado deshacer (por primera vez) el macuto y organizar la ropa limpia, la sucia, la que usaré en Byers, la que usaré luego en el tránsito en barco hasta Argentina, y la que usaré en el avión de vuelta a casa. Es un poco locura, pero los siguientes dos semanas serán un maratón. Así que hacer el macuto de nuevo ha sido un poco obra de ingeniería para que todo estuviera accesible por fases y teniendo que deshacer lo menos posible el macuto buscando ropa.

Y por la tarde he estado ayudando a los dos guías de montaña que nos acompañarán (aunque sólo uno se quedará allí con nosotros todos los días), a preparar algo del material para el campamento: comida, menaje, material de aseo personal,... Un poco de todo, pero muy poco, porque el campamento sólo se abrirá 3 días y no hay tiempo de abrirlo con todas sus funcionalidades, sino sólo con los básico, sin nada de lujos. Este año ni correo electrónico, ni conexión satélite, ni variedad de mermeladas para el desayuno,... será un campamento fugaz.

Por la noche, ya cansados de estas tareas y con todo listo y empaquetado me voy a dormir, sabiendo que mañana empieza el maratón final de la campaña. Por cierto, las noticias que nos han llegado es que el vuelo en el que Manuel debía salir de la Antártida ha sido suspendido hasta mañana, porque hoy había algo de viento en la isla Rey Jorge (en Livingston ha nevado parte del día). Esperemos que mañana sea el día señalado.

M.A. de Pablo

lunes, 22 de febrero de 2016

La partida

Isla livingston, Antártida, 22 de Febrero de 2016

Hoy ha sido el día en el que Manuel comienza el fin de su campaña. Estaba programado que a mediodía embarcaran todos los científicos (menos Miguel Ángel, y nuestra antigua compañera Cayetana), incluyendo a Manuel. Así, la mañana ha sido de esos días tontos en los que no se hace nada particular. Simplemente dando vueltas por la base o mirando el paisaje y charlando con los compañeros que aún estaban ajetreados apurando para organizar y recoger su material. No hay nada como ser precavido para no tener que estar estresados en el último momento.

Aprovechamos la mañana para realizar la fotografía oficial de los componentes de la base. Muy numerosa esta vez y que, por casualidad, se ha hecho junto a una de nuestras estaciones de monitorización del permafrost. Hacía mucho que no se hacía una foto con tanta gente. Y es que además de la dotación y los científicos, han salido en ella los operarios y responsables de las obras de remodelación de la base.

Foto oficial de la segunda fase de la Campaña 2015-16 en la BAE Juan Carlos I

Tras hacernos la foto, los responsables de la obra nos han dado una vuelta por las nuevas instalaciones. ¡Qué diferencia!. Aún está en el esqueleto interior, pero ya tiene la estructura de las habitaciones, la cocina, el comedor, los laboratorios... ¡si hasta nos hemos peleado ya por elegir las habitaciones y los puesto de los laboratorios con mejores vistas! En fín, soñar es gratis. Ya veremos cuando se hace realidad que, tras ocho años de penurias, podamos contar con unas instalaciones adecuadas para trabajar y vivir por estas latitudes, y no en contenedores de obra desperdigados por la zona.

Y tras esta visita, llamada general a la playa. El barco reclamaba ya a sus pasajeros para iniciar el viaje hasta la isla de Rey Jorge, donde pisáramos territorio antártico por primera vez este año. Así que hemos bajado todos a la playa. unos para irse y otros para despedirles. A algunos no los volveremos a ver en mucho tiempo, y otros, tal vez, en las próximas campañas. En todo caso, son colegas antárticos que dejan el territorio. Tras enfundarse en sus teletubies, se han ido subiendo a la embarcación que les llevaría hasta el buque Sarmiento de Gamboa. La despedida ha sido larga, y hasta las 13:30 h no embarcaban los últimos científicos, entre ellos mi colega de aventuras antárticas Manuel. Él nos irá contando su viaje de vuelta a casa.

  Manuel listo en la playa con su teletubbie para embarcar en el B/O Sarmiento de Gamboa

 
Sale la embarcación con los últimos científicos. Hasta pronto Manuel. ¡Buen viaje de regreso a casa!

Tras la despedida, y con un descenso drástico de la población de la base, nos hemos ido a comer y luego a recuperar horas de trabajo. Por la tarde se ha estado programando todos los sensores que hay que instalar en la siguiente fase de campaña: el campamento Byers en la península del mismo nombre en esta misma isla de Livingston. Esto ha llevado varias horas, y hasta bien entrada la madrugada no se ha terminado de hacer el trabajo, ya que la previsión es que el día 24 nos recoja el Sarmiento de Gamboa para llevarnos a Byers.

 
 Batallón de sensores de temperatura listos para ser programados

En fín, un día de despedida y trabajo. Buenas noches.

M.A. de Pablo

domingo, 21 de febrero de 2016

Las pruebas antárticas

Isla Livingston, 21 de Febrero de 2016

Hace mucho que la Antártida perdió ese halo de misterio de la "terra incógnita australis", y que las grandes epopeyas de exploración quedaron atrás. Y aunque hoy viajamos a la Antártica con fechas de entrada y salida, y la certidumbre ya no es un lujo, el trabajar en estas latitudes sigue sin ser nada fácil. Ya de por sí, sólo unos pocos tenemos el privilegio de poder estar en estas latitudes desarrollando nuestra labor científica y técnica. Y es que hay que tener aguante para trabajar aquí. Cada día es una sorpresa, las dificultades pueden presentarse en cualquier momento y hay que saber hacerlas frente, siempre con la máxima seguridad y con los pocos elementos que tenemos a mano.

Y esto es a lo que tenemos que enfrentarnos cada año en nuestras campañas en la Antártida. Este año Manuel, un inexperto en el trabajo de campo, un desconocedor de la Antártida, y un ajeno a la montaña, se ha aventurado a formar parte de esta aventura con el fin de buscar nuevas soluciones a nuestros problemas con las estaciones que mantenemos para el estudio del permafrost. Pero no le ha salido barato. No ha sido un viaje de placer, ni un crucero por los mares del sur... ha tenido que aprender a adaptarse al trabajo en la nieve y el piroclasto, a subir y bajar de los barcos, a ponerse el traje de seguridad de aguas frías,... y eso lleva su tiempo y su coste en energía, esfuerzo, concentración,... Pero hay que decir que se ha ganado los galones. Hace cosa de un mes Miguel Ángel no dejaba de decirle que era un flojo cada vez que se quedaba atrás en el camino, o se quejaba de la carga en su macuto. Hoy, algo más de un mes después, y muchos kilómetros en sus piernas y muchos kilos transportados a sus espaldas, ya puede llamarse antártico. Y no sólo por haber estado aquí, sino por haber soportado y superado las pruebas que este trabajo de campo requiere.

Y es que esto a veces parece una dura competición con muchas pruebas. Las más importantes son:
  • Llegada a la Antártida sin olvidarse lo imprescindible
  • Inserción y extracción de teletubie en playa nevada y con prisas
  • Ascenso y descenso de escala de gato con teletubie
  • Transporte de mercancias pesada a lomos y en pendiente
  • Búsqueda del tesoro en terreno congelado
  • Paleo de hielo y nieve con ventisca y pies helados
  • Programación de sensores en condiciones extremas y a contrarreloj
  • Travesía por glaciar hundiéndose hasta las rodilas y encima reirse
  • Aguantar rachas de 120 km/h sin despeinarse 
  • Navegación por aguas bravas con hielos y mar picada
  • Ir de paquete en moto de nieve sin clavarle las uñas al piloto en el cuello
  • Limpieza de baños y duchas comunales sin acordarse de las madres
  • Soportar alojamiento en camarote de los hermanos Marx
  • Limpieza de cubertería en aguas heladas y a contrarreloj
  • Encintado de sondeos con guantes y ventisca
  • Bajada de ladera nevada de culo y sin trineo
  • Subsistencia sin ducha diaria
  • Puesta y retirada de bridas de tamaños y colores variados
  • Búsqueda de piquetas con GPS y a loco
  • 48 de navegación continuada sin regurcitado de la primera papilla
  • Continencia continuada de desconexión de redes sociales sin pérdida de uñas
Pero aún superándose todas estas pruebas (y otras que no contamos para no alargarnos demasiado), es obligatorio superar la más importante:
  • Aguante de sonrisa y buén ánimo continuado a pesar de los inconvenientes y problemas
Parecen fáciles y divertidas, pero la realidad es que la repetición continuada de todas estas pruebas acaban haciendo mella. Por lo que la aventura entretenida que parece el trabajar en estas latitudes no es para todo el mundo. Algunos vienen una vez y no repiten y otros lo encuentran horrible, a pesar de la belleza de los paisajes.

En menos de 12 horas, Manuel inicia el camino de vuelta a España, tras haber superado estas pruebas. Le falta entrenamiento, pero se ha ganado sus galones y el derecho a llamarse antártico. Solo cabe darle las gracias por las horas de esfuerzo y trabajo dedicado este largo mes a esto de la investigación de los suelos congelados. Gracias Manuel y buen viaje de vuelta a casa.

M.A. de Pablo


sábado, 20 de febrero de 2016

Donde puedas dar dos pasos, da tres

Isla Livingston, Antártida, 20 de febrero de 2016

Última visita al Monte Reina Sofía. Hoy, ante la amenaza de que se complicara el tiempo, hemos subido pronto por la mañana a Sofía con dos objetivos claros: 1) recoger la plataforma del cubesat SERPENS de la Universidad de Vigo y 2) hacer un recorrido final con la mirada y despedirnos hasta la siguiente campaña del Sofía. En la base tenemos un predictor del AEMET, llamado Paco, que clava todas las predicciones. Así que tras las consultas oportunas previas, tiramos para arriba. Para ir más rápido y que nos nos pillara el mal tiempo, hemos subido caminando hasta los refugios y de ahí, nos han subido en moto de nieve a  la cima. En cosa de 20 minutos habíamos recogido todo y ya estábamos de regreso al refugio, extremando el cuidado en cada paso, ya que había mucha niebla y el viento ya soplaba fuerte. Además íbamos los dos cargados. La nieve de los días anteriores había desaparecido y por el aumento de la temperatura y la lluvia, la nieve que quedaba estaba en muy mal estado y es muy traicionera. Como dicen los montañeros: "Donde puedas dar dos pasos, da tres". Una de las cosas que he aprendido en esta campaña como novato antártico. A la subida porque te cansas menos, sudas menos y luego tienes menos frío; y a la bajada por precaución.

Manuel cargando con la antena directiva y la plataforma de SERPENS

En la bajada, nos pasamos por una de las estaciones donde Miguel Ángel tiene instalado uno de sus prototipos de registrador de datos o "datalogger". De esos con los que nos va a quitar el trabajo a los ingenieros :-). Le daba un error en uno de los sensores así que decidió bajarlo a base para revisarlo antes de cerrarlo hasta la siguiente campaña.

Esa misma mañana apareció de nuevo en la costa el Sarmiento de Gamboa. Esta vez ha traido como pasajeros a algunas autoridades de la UTM, del CSIC, y otros. El Sarmiento será el buque que finalmente me lleve a mí y a otros científicos a la isla Rey Jorge para coger el avión de regreso a Punta Arenas el próximo martes.

Ya con la antena y la plataforma de Vigo en la base, hemos dejado ya casi liquidadas todas las cajas. Yo también he aprovechado para empezar a preparar el macuto. Al haber desaparecido gran parte de la nieve que cubría la base, hemos hecho también una batida a ver si veíamos la parte de la antena HF que desapareció durante la tormenta, pero sin éxito.

Tarde de sábado ya se sabe...con la tranquilidad que da el saber que tenemos los objetivos cumplidos y que es sábado pues os podéis imaginar lo que pasó poco después de comer. Además, Paco nos dío una charla tras la comida explicando con imágenes por satélite y gráficos como se desarrolló el temporal del martes. Tras la pequeña pausa, Miguel Ángel retocó el programa de sus sistema de adquisición de datos y se subió de nuevo al cerro donde tiene la estación de medida. Yo, por mi parte, me he quedado en la base haciendo trabajo de "oficina" principalmente, haciendo copias de seguridad de los datos, pasando notas y organizando y archivando documentos.

Y poco más. Miguel Ángel bajó al poco rato con el trabajo hecho. Una máquina el Miguel Ángel.  Y luego cena, peli y a dormir.

M. Prieto


viernes, 19 de febrero de 2016

много ви благодаря ; muito obrigado

Isla Livingston, Antártida, 19 de febrero de 2016

Como quedamos ayer, hoy estaba previsto nuestra visita a la base búlgara, donde se encuentran los investigadores portugueses a los que echamos una mano en el glaciar rocoso: Ana y Lorenzo. El problema es que se pronosticaba mucho viento para medio día, con lo que debíamso darnos prisa en llegar a la base y no demorarnos mucho en nuestro regreso. Por todo ello, antes de las 9 de la mañana Miguel Ángel y yo estábamos ya preparados con nuestros "Viking" para subirnos a la zodiac. Nuestros vecinos búlgaros no se encuentran muy lejos de la BAE, pero solo se puede llegar en zodiac o moto de nieve y lo más rápìdo es siempre la zodiac.

Nos montamos en la zodiac y hale, rumbo a la base búlgara. La travesía duró unos 10/15 minutos y por el camino pudimos incluso ver tres focas descansando sobre un bloque de hielo.


Focas descansando a la bartola (¡Qué envidia!)

El "problemilla" que tiene la base búlgara es su playa, que casi no tiene. El desembarco fue un poco aparatoso, pero vinieron a echarnos una mano de la base búlgara con sus motos de nieve. En un periquete ya estábamos en la puerta de la base. Nos recibieron con mucha hospitalidad, y con café y crepes (o "palanchinka" como dicen en búlgaro).

Me encanta esta base. Tiene un estilo muy antártico, con revestimiento de madera y un aire antiguo, de esos que hacen pensar en expediciones y aventura. Una base con personalidad. En un primer momento pude distinguir tres edificaciones. El edificio principal y luego dos casitas super cucas, una de la cuales la llaman Casa España. Aunque se habían caido dos letras y se leía como "Casa Espá".


Casa España

Me dijeron que había más edificios, pero que estaban  cubiertos totalmente por la nieve que lo cubrió todo durante la tempestad del martes. Aun así, un poco más alejada del edificio principal, había una iglesia. La verdad es que el temporal les azotó bien fuerte y tienen problemas serios para el suministro de agua, además del trabajo de desenterrar gran parte de la base.

Iglesia en la base búlgara

Después de tomarnos algo calentito acompañamos a Ana a revisar sus estaciones de medida, muy similares a las nuestras. Visitamos primero la estación meteorológica y luego subimos al monte Papagal, donde tienen varios sondeos y un CALM. Discutimos muchas cosas interesantes e incluso ayudamos a encontrar una placa de suelo, Desde el papagal se podían ver claramente el glaciar Johnson y la propia BAE Juan Carlos I, pese a la niebla reinante.

Vistas desde el monte Papagal

Al regreso, comprobamos que el sistema de disparo que arreglamos el día anterior funcionaba correctamente. Desde aquí dar quiero dar las gracias a nuestro colegas búlgaros y portugueses por su acogida y trato. Desde luego, son el claro ejemplo del llamado "Espíritu Antártico". Para las 13:30 vino la zodiac a buscarnos. No hacía mucho viento, pero debido a los desprendimieto de los glaciares que se produjeron durante la mañana, estaba todo el frente de mar de la base lleno de hielo o "brass". Subimos sin problemas a la zodiac, pero el "brass" no cerró y las pasamos canutas para salir de ahi. Se tuvo que hacer a base de remo y controlando muy bien el motor, ya que el hielo que se acumulaba debajo de la zodiac podía romper la hélice. Menos mal que Camilo, nuestro patrón, junto con Hilo y Álvaro, nos sacaron de esa cubitera en la que se había convertido el mar.

En la base búlgara (con "brass" formándose al fondo, en el mar)


Ya por la tarde, y aprovechando que había vuelto "Interneeeeee", como diría Enjuto Mojamuto, actualizamos estos blogs y revisamos el correo urgente. Resulta que desde la Base Gabriel de Castilla suministran un radioenlace IP que permite un incremento de hasta 1 Mbps en la red. El problema es que por temporal se había caido la antena del lazo de Decepción  y tardaron un tiempo en reactivarlo de nuevo.

 Lo que tienen colgado en la pared de la sala de internet y teléfono

También dedicamos la tarde a seguir preparando las cajas. La semana que viene, yo marcho ya para España y Miguel Ángel sale hacia la Península de Byers. El plan es ir mañana a buscar la plataforma de Vigo, despedirnos del Sofia y terminar prácticamente de recoger.

M.Prieto